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Don Juan Carlos, el pasado miércoles en SangenjoEFE

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Qué se come y por cuánto en D'Berto, el restaurante de referencia del Rey Juan Carlos en Galicia

El monarca disfrutó de una mariscada en O Grove antes de llegar a la casa de su amigo Pedro Campos

La nueva visita del Rey Juan Carlos a Galicia ha dejado al descubierto una faceta más íntima y desconocida de su rutina fuera del foco mediático. En plena ebullición por la publicación en Francia de sus memorias, Reconciliación, el monarca decidió viajar hasta la región para participar, como acostumbra, en entrenamientos y regatas a bordo del Bribón.

Sin embargo, lo que podría haberse convertido en un recorrido previsible, marcado por la llegada a la casa de su amigo Pedro Campos, reveló una «cara B» que sorprendió a propios y extraños: esta vez, Campos no acudió a recibirlo al aeropuerto de Vigo, rompiendo la costumbre de ocasiones anteriores.

El vuelo privado procedente de Cascais aterrizó alrededor de las 12:30 del mediodía, pero la salida del avión se retrasó hasta la una de la tarde debido a la lentitud del tractor que lo remolcaba. Mientras tanto, los fotógrafos que seguían al Rey, habituados a cubrir sus movimientos en Sangenjo y O Grove, se sorprendieron al notar que no se dirigía inmediatamente a la residencia de Campos.

La distancia entre Vigo y Sangenjo apenas supera los 45 minutos, por lo que la ausencia de Campos en el recibimiento fue un detalle que no pasó desapercibido: fuentes periodísticas confirmaron que el empresario tenía compromisos personales y no pudo acompañar al Rey como había sido habitual en visitas anteriores.

Lejos del protocolo habitual, el Rey Juan Carlos decidió hacer una parada en D’Berto, la marisquería más emblemática de O Grove, conocida por su excelente materia prima y su ambiente familiar y acogedor. El Rey llegó al restaurante entre la 1 y las 2 de la tarde y permaneció allí hasta cerca de las cinco, disfrutando de una mariscada que no fue simplemente una comida, sino una verdadera experiencia gastronómica que puso en valor la riqueza de la ría de Arousa. Durante las horas que permaneció allí, el monarca se alejó de las miradas de la prensa y disfrutó de un espacio donde la discreción y la calidad se unían en perfecta armonía.

D’Berto se ha ganado la reputación de ser un verdadero templo del marisco y del pescado gracias al cuidado que Berto y Marisol Domingo imprimen a cada plato. Entre los platos más destacados de su carta se encuentran la empanada de atún y marisco, las almejas a la marinera, las nécoras a la sal y los percebes procedentes de la lonja de Cedeira.

Es una experiencia gastronómica que poner en valor la riqueza de la ría de Arousa

Entre los bivalvos, los «longueirón» servidos al natural destacan por su frescura y textura, mientras que las zamburiñas, los camarones y las cigalas XL, cocinadas a la sal o a la plancha, muestran la excelencia de la materia prima. Todo ello puede acompañarse de un albariño de las Rías Baixas, como el Pazo de Baión Vides de Fontán 2018, cuyos aromas a azahar, jazmín y cítricos aportan equilibrio y frescura a la experiencia gastronómica. La cuenta por persona suele ser de más de 100 € por persona.

Pero la visita a D’Berto no solo destacó por la calidad del marisco, sino por la manera en que el Rey Juan Carlos aprovechó este tiempo para disfrutar de la tranquilidad. Sin la presencia de Campos ni el despliegue habitual de escoltas frente al restaurante, el monarca pudo relajarse, conversar con el personal y sumergirse en una atmósfera que distaba mucho del escrutinio mediático habitual.

Fue un espacio de intimidad que contrastaba con la expectación generada por la publicación de sus memorias, un libro que ha reavivado debates sobre su relación con la familia, la Reina Sofía y la Reina Letizia, y sobre los años vividos en Abu Dabi lejos de España.

Se ha ganado la reputación de ser un verdadero templo del marisco y del pescado

En Reconciliación, el Rey Juan Carlos refleja una nostalgia palpable y un deseo profundo de retornar a su país, consciente de la polémica que ha rodeado sus últimos años. Habla de su aislamiento, de las visitas de sus hijas y sobrinos y de la importancia de mantener su vida privada sin incomodar a la Corona. Este viaje a Galicia, con su parada en D’Berto, se convierte así en una extensión de ese relato: un Rey que busca momentos de normalidad y disfrute personal, rodeado de amigos, buena gastronomía y el mar que tanto ama.

Tras abandonar la marisquería alrededor de las cinco de la tarde, el Rey Juan Carlos se dirigió finalmente a la casa de Pedro Campos, donde continuaría con los compromisos sociales previstos, aunque de manera más discreta y sin la habitual recepción en la puerta.