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Sergio Cervellin

Sergio Cervellin en el Castillo del Catajo

El creador de la fregona Vileda detrás de la recuperación de la residencia privada más grande de Italia

Sergio Cervellin es el nuevo propietario del Castillo del Catajo con 365 salas

Sergio Cervellin no se formó en el mundo del patrimonio histórico desde los despachos ni desde los salones académicos. Su historia comienza en lo que él mismo llama la «universidad de la calle», un aprendizaje a base de intuición, trabajo y observación que lo llevó, primero, a cambiar la forma en que se limpiaban millones de hogares y, décadas después, a rescatar del abandono uno de los complejos monumentales más imponentes de Italia: el Castillo del Catajo.

Nacido en Padua en 1956, empezó muy joven como agente comercial, convirtiéndose con apenas 18 años en el más joven inscrito en Italia. Aquella experiencia le dio una habilidad que marcaría toda su trayectoria: detectar problemas cotidianos y transformarlos en soluciones prácticas. De ahí surgirían dos inventos que revolucionaron la limpieza doméstica, la fregona Vileda y la escoba de tela Swiffer. En el primer caso simplificó el sistema eliminando tornillos y creando un mecanismo de encaje; la idea del segundo nació, según él mismo ha contado, durante un vuelo entre São Paulo y Milán, al observar la flexibilidad de las alas del avión y plasmar el concepto en una servilleta.

Durante aquellos años de viajes constantes, había una silueta que se repetía en su trayecto: la del castillo del Catajo, en Battaglia Terme, un pequeño municipio a las afueras de Padua, en la región italiana del Véneto, a los pies de los Colli Euganei. Aparentemente abandonado, aquel coloso de piedra empezó a obsesionarlo. Investigó, descubrió que estaba en subasta y decidió presentarse. «Parecía que no había nadie más», ha explicado. Lo adquirió por tres millones de euros, muy por debajo de su tasación inicial, debido a su avanzado estado de deterioro.

Castillo de Catajo

El Castillo de Catajo

Con la entrega de llaves, en 2016, Cervellin se convirtió en propietario de la mayor residencia privada de Italia: 365 salas, cientos de ventanas, jardines monumentales y amplios terrenos que rodean el conjunto. Nunca pensó en vivir allí. Desde el primer momento tuvo claro que su objetivo era salvar el edificio y abrirlo al público. Al día siguiente de la compra, un equipo de decenas de personas ya trabajaba en su recuperación.

El interior impresiona por su escala y por su carga simbólica. Salones de techos altos, muros cubiertos de frescos y una arquitectura concebida para asombrar revelan el poder de sus primeros propietarios. Destaca el gran ciclo pictórico de Giovanni Battista Zelotti, colaborador de Andrea Palladio, que narra episodios bélicos y dinásticos de los Obizzi, la familia que levantó el castillo como una declaración de ambición. Más tarde, la residencia pasó a manos de los Habsburgo-Este y posteriormente a la Casa de Austria. Entre sus muros estuvo el archiduque Francisco Fernando poco antes del atentado de Sarajevo, y en su gran terraza ofreció un concierto Franz Liszt en honor a los emperadores.

Una de las salas del Castillo de Catajo, en Padua

Una de las salas del Castillo de Catajo, en Padua

Hoy, recibe alrededor de 50.000 visitantes al año. Puede recorrerse de forma individual mediante audioguías accesibles por códigos QR o a través de visitas guiadas. Existen dos modalidades principales: la visita clásica de la planta principal con frescos, disponible con reserva los domingos por la mañana, y la visita completa El Catajo inédito, que incluye también los antiguos apartamentos privados y solo puede adquirirse online en fechas y horarios concretos. Además de su uso cultural, se ha convertido en un escenario singular para celebraciones sociales, especialmente bodas, que aprovechan tanto los salones históricos como los jardines exteriores. El recinto mantiene normas estrictas de conservación: no se permiten mascotas en los espacios interiores ni dentro de las murallas, salvo perros guía, mientras que los animales pequeños y medianos solo pueden acceder al parque histórico, siempre con correa.

Sergio, que continúa dirigiendo su empresa tecnológica TWT Tools, recorre hoy el castillo sin tratarlo como un trofeo personal. «No soy un hombre de cultura», ha dicho, «pero siempre quise hacer algo grande».

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