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Quién es Astrid Gil-Casares, la ex de Rafael del Pino que aparece en los papeles de Epstein

Economista de formación y novelista por vocación, la exmujer de Rafael del Pino aparece en una serie de mensajes que muestran una relación prolongada con el financiero estadounidense entre 2017 y 2019

La publicación de una nueva tanda de documentos del caso Jeffrey Epstein ha vuelto a colocar bajo los focos a nombres de distintos países y entornos sociales. Entre ellos aparece el de la escritora española Astrid Gil-Casares, conocida también por haber sido la esposa del empresario Rafael del Pino, presidente de Ferrovial. Los archivos, hechos públicos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, no contienen acusaciones, pero sí recogen una serie de correos y mensajes que muestran un contacto mantenido entre ambos entre 2017 y 2019.

Astrid Gil CasaresGTRES

Los primeros intercambios sitúan la relación en un terreno cercano. En uno de los mensajes, Astrid propone retomar la conversación por WhatsApp y le pide que le vuelva a enviar su número: «Borré tu número ayer… ¿Me mandas otra vez tu número? Prefiero WhatsApp». A partir de ahí, la correspondencia va ganando confianza con el paso del tiempo.

Una noche en Madrid

Ese mismo año, la escritora empieza a compartir con Jeffrey su faceta más literaria. Le envía borradores, le pide opinión y lo convierte en una especie de primer lector. En un correo de comienzos de 2018, le agradece sus comentarios y le explica que ha tratado de «hacer la historia menos cliché», dejando claro lo que busca: «Quiero una comedia comercial, no una película de Cannes». En otro mensaje reconoce que aún no tiene cerrado el final y le pide que vuelva a leer el texto. Incluso llega a hacer una referencia directa a un personaje inspirado en él: «Mi personaje romántico principal sigue estando basado en ti… una especie de Rhett Butler de los tiempos modernos».

Con el paso de los meses, le lanza una invitación directa: «¿Por qué no pasas una noche en Madrid? Por alguna razón extraña siento que te necesito». Es un tono más íntimo, más de conversación entre dos personas que ya se conocen.

En conjunto, estos intercambios ocupan unas 24 páginas y forman parte de la mayor liberación de documentos del caso hasta la fecha, con millones de archivos que siguen ampliando el mapa de relaciones del financiero neoyorquino, fallecido en una prisión federal en 2019. Como en otros nombres que aparecen en esta lista, los textos no establecen responsabilidades legales, pero sí dibujan una red de contactos que se mueve entre lo personal, lo profesional y lo social.

Más allá de los correos, la vida de Astrid Gil-Casares siempre ha tenido algo de novela. Nació en Madrid en 1973, hija del ingeniero naval Santiago Gil-Casares Armada y de la aristócrata francesa Catherine Marlier, fallecida en 2022. Creció entre entornos ligados a la élite económica y social madrileña, entre el Club de Campo y círculos académicos e institucionales.

Boda de Rafael del Pino y Astrid Gil Casares en 2006©KORPA

Su divorcio

Antes de dedicarse a la escritura, hizo carrera en la banca de inversión en Londres y París. En 2006 se casó con Rafael del Pino, entonces viudo y padre de tres hijos varones, con quienes formó una nueva familia, a la que después se sumaron sus tres hijas. Durante esos años, su vida transcurrió entre compromisos empresariales y una intensa actividad social ligada al mundo económico internacional, hasta que el divorcio, formalizado en 2016, marcó un punto de inflexión. De ese cambio nació su vocación literaria.

Primero publicó Nadie me contó, después Ese jueves al anochecer y, más tarde, No digas nada, una novela atravesada por el duelo tras la muerte de su madre y por una mirada más íntima sobre las relaciones y la pérdida. Desde entonces ha optado por un perfil más discreto en lo sentimental y ha centrado su día a día en la crianza de sus hijas, con residencia en La Moraleja. En sus apariciones públicas se define como una mujer intensa y reflexiva, y habla de la escritura como una forma de volver a levantarse. Su imagen, atlética y con tatuajes visibles, también forma parte de ese relato personal, que ella misma ha descrito como una manera de «protegerse» después de una etapa que vivió como una auténtica batalla emocional.