El cantante Leiva
El rincón de España donde Leiva pasó sus veranos más felices
Bustapena, en pleno valle de Los Oscos, marcó los veranos del cantante
Cuando uno piensa en Leiva, lo primero que viene a la cabeza es Madrid, el rock, las giras interminables y una carrera construida a base de canciones confesionales. Sin embargo, algunos de los recuerdos más determinantes de su infancia no están ligados a la ciudad, sino a un rincón casi secreto del occidente asturiano. Un lugar pequeño, silencioso y poco transitado que dejó una huella profunda en el músico: Bustapena, en pleno valle de Los Oscos.
Fue el propio artista quien lo contó recientemente en El Faro. Allí recordó que, cuando su familia podía permitirse unas vacaciones, cambiaban el asfalto madrileño por el verde intenso de Asturias. Bustapena se convirtió entonces en su refugio estival, un lugar donde el tiempo parecía avanzar de otra manera. «Veranos felices, infinitos», los define. Frente al ruido de la capital, encontraba allí pocas casas, animales, silencio y una sensación de libertad difícil de explicar.
Hoy sigue siendo una aldea diminuta, con apenas entre 19 y 23 habitantes censados, perteneciente al concejo de Villanueva de Oscos, situado a tan solo 3 kilómetros. Se asienta a unos 840 metros de altitud y cuenta con 18 viviendas, de las cuales 11 son viviendas principales (habitadas de forma permanente) y siete no principales, utilizadas como segundas residencias o que permanecen cerradas gran parte del año.
Casa de Bustapena
Se trata de un enclave rural que ha sabido conservar intacta su esencia y que, precisamente por ello, resulta especialmente atractivo para quienes buscan naturaleza sin artificios. Senderos, bosques, agua y tradición conforman un paisaje auténtico y sereno.
La aldea conserva buenos ejemplos de arquitectura tradicional de los Oscos, con construcciones de mampostería de pizarra, muros gruesos y cubiertas de losas, integradas plenamente en el entorno. Son casas sobrias y funcionales, ligadas históricamente a la vida agrícola y ganadera, que aún hoy definen la fisonomía del lugar. Completa el conjunto una capilla dedicada a San Antonio, discreta pero cargada de significado para la comunidad.
Muy cerca se encuentran la Cascada de La Seimeira, el Conjunto Etnográfico de Teixois o la Ruta de la Bobia, lugares que hoy atraen a senderistas y amantes del turismo rural, pero que en su día formaban parte del paisaje cotidiano del niño que fue Leiva.
Entre vacas, caminos de tierra y casas dispersas, el cantante vivió escenas que todavía recuerda con nitidez. Habla de una mujer que ordeñaba vacas cada mañana, de una pequeña casa donde se alojaban los cuatro hermanos con su familia y de algo que, visto con los ojos de un adolescente, tenía un punto casi mágico: la convivencia con objetores de conciencia. Jóvenes que rechazaban el servicio militar obligatorio y que en los años noventa solían llevar una vida alternativa, ligada al pacifismo y al espíritu hippie. Uno de ellos marcaría especialmente al músico. «Era guapísimo, llevaba un palestino, parecía un indio… para mí era como una rockstar», recuerda. Fue ese hombre quien le enseñó a tocar la guitarra y quien le mostró una canción que nunca olvidaría: Always on the Run, de Lenny Kravitz. Sin saberlo, estaba dando sus primeros pasos musicales.
Esta aldea también le descubrió otra forma de entender el mar. «Para mí el mar era bravo. Yo no conocí el Mediterráneo hasta que fui mayor», ha contado. Asturias representaba lo salvaje, lo auténtico, lo vacacional en estado puro. Un contraste que quedó grabado en su memoria.
Con el paso del tiempo, el pueblo también ha ido adaptándose sin perder su identidad. En 2011, los vecinos inauguraron un centro social gracias al Plan Asturias de Fomento del Empleo, una inversión modesta (unos 45.000 euros) pero significativa para una comunidad tan pequeña. Un símbolo de resistencia rural y de vida compartida.
Leiva, cuyo nombre artístico nació incluso antes de dedicarse a la música —un entrenador de fútbol le apodó «Leivinha» cuando tenía siete años, en honor al mítico jugador brasileño del Atlético de Madrid—, ha construido una carrera sólida y honesta. Hoy sigue girando, componiendo y enfrentándose a problemas serios de voz que le obligan a pasar por quirófano antes de cada gira. De todo ello habla sin filtros en el documental Hasta que me quede sin voz.