Yolanda Díaz, con su hija Carmela, y su amiga Amparo Merino
De México a Finlandia pasando por La Coruña para ir de compras, la vida 'padre' de Yolanda Díaz
En su recta final en la primera línea política, la vicepresidenta aprovecha viajes oficiales en fin de semana para llevarse a su hija
Yolanda Díaz, en el hotel más caro de La Coruña y de compras mientras se refunda su extrema izquierda
Yolanda Díaz desayunaba tranquilamente junto a uno de los ventanales del restaurante del hotel Finisterre de La Coruña, el pasado sábado 21, mientras sus compañeros de partido se dirigían al Círculo de Bellas Artes de Madrid para presentar la enésima refundación de la extrema izquierda. Que la vicepresidenta segunda hubiese decidido ausentarse de este acto de alianza de Izquierda Unida (IU), Comuns, Más Madrid y Movimiento Sumar podía tener varias lecturas. Ella habría plantado a sus compañeros («y compañeras») a sabiendas de que ya no iba a ser candidata. O más bien, hace tiempo le dieron la espalda y no le ha quedado más remedio que aceptar que estaba amortizada.
Ya en la casilla de salida (a no ser que dé la sorpresa y acabe en el PSOE abrazando a Pedro si lograse revalidar) se ha dispuesto a exprimir el tiempo que le queda hasta agotar la legislatura, convirtiéndose en una Willy Fog con su maleta llena de trapitos de Claudie Pierlot encadenando viaje de trabajo tras otro, muchos en fin de semana para llevarse a su hija Carmeliña, de 13 años, fruto de su matrimonio con Andrés Meizoso, del que se separó en 2024. Viajes vacíos de contenido, sin apenas agenda oficial, en destinos apetecibles y por motivos irrelevantes como participar en un foro de buenas políticas, pasear por una feria del libro o asistir a un congreso de los verdes europeos.
El pasado enero aprovechó un viaje de trabajo a Helsinki, en el que solo tenía un acto el sábado por la mañana, para hacer turismo con su niña y sacarse selfis con cara de frío frente a la catedral luterana en la Plaza del Senado. No se esconde porque la propia Yolanda Díaz compartió las fotos en su Instagram, ajena a las críticas que ya recibió por llevarse también a su hija un fin de semana de octubre a un viaje oficial a Estocolmo.
Yolanda Díaz, con su hija, en Helsinki
«Han sido tres días intensos y luminosos en Estocolmo. De esos viajes que te llenan la cabeza de ideas y el corazón de razones», escribió con su habitual estilo repipi. Después, de algún modo justificó la presencia de su hija: «Y, entre tanto trabajo y reuniones, quizás lo más bonito fue compartir este viaje con Carmela. En medio del frío y la agenda, ella fue mi calma entre tanto ruido. La razón más sencilla y profunda de mi felicidad».
Yolanda no para porque en diciembre, tras asistir el día 6 a un acto institucional de la Constitución, viajó a Lisboa con la excusa de asistir al 40.º Congreso de los Verdes Europeos (European Greens). Ya se quedó el resto del fin de semana, teniendo en cuenta que ese día 8 de diciembre también es festivo. En noviembre viajó a México para conocer las novedades de la Feria Internacional del Libro y ese mismo mes estuvo en Los Ángeles para explorar «las nuevas formas de empleo en el mundo, el uso de la inteligencia artificial, los algoritmos y la necesaria implicación del mundo del trabajo en esta transformación».
Y cuando no se une a uno de esos viajes de trabajo que suelen ser el fin de semana siendo desleal a su lucha por la reducción de la jornada laboral, se escapa a La Coruña para ir de compras o disfrutar de su amplia oferta cultural. Le suele acompañar su mejor amiga Amparo Merino, secretaria de Estado de Economía Social. El pasado sábado aprovechó para deleitarse con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia y además bailar a ritmo de Amaral en el Coliseum. Entre tanto viaje siempre disfruta al regresar a su fabulosa casa oficial de 445 metros cuadrados en el paseo de la Castellana. Hogar dulce hogar, sobre todo cuando no lo pagas.