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Casavieja, el pueblo de Ávila donde Pablo Iglesias pasó toda su infancia

En el sur de Ávila, en una casa prefabricada en plena naturaleza, se encuentra uno de los lugares ligados a la historia personal del exvicepresidente

Hay pueblos que aparecen en el mapa por su paisaje. Y otros, por quien pasó por ellos. Casavieja, en Ávila, pertenece un poco a los dos. Porque más allá de sus gargantas de agua helada, sus higueras y ese aire de refugio que parece detenido en el tiempo, este pequeño municipio -de apenas 1.362 habitantes, situado en el Valle del Tiétar, en la vertiente meridional de la provincia- también forma parte de la historia personal de Pablo Iglesias. Mucho antes de la política, mucho antes de los focos y del ruido mediático, hubo veranos, fines de semana y escapadas familiares que tenían como destino este rincón discreto de la Sierra de Gredos, a poco más de hora y media de Madrid.

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La casa de madera

Pero más allá del recuerdo, hay un elemento concreto que conecta directamente a Iglesias con este lugar: su casa. Nada que ver con el concepto de lujo que hoy se le asocia. Se trata de una vivienda prefabricada de madera, de unos 50 metros cuadrados, levantada sobre un terreno heredado de su tía-abuela Ángeles (de quien también heredó el piso en Vallecas), una figura clave en su vida. Según distintas informaciones, la propiedad fue adquirida en 2013 y está valorada en 13.487 euros. En el terreno hay, además, una pequeña piscina, una barbacoa y un espacio para herramientas, y la vivienda funciona de forma casi autosuficiente, con una placa solar y tres depósitos de agua. La casa está registrada únicamente a nombre de Iglesias, sin participación de su pareja, Irene Montero.

No es una casa pensada para exhibirse, sino para desaparecer. Una construcción sencilla, integrada en el paisaje, pensada más como refugio que como residencia. Durante años, ese fue su espacio de desconexión: el lugar al que acudía para no ser visto, donde leer, escribir o simplemente caminar por el monte sin más compañía que el silencio, según recoge The Objective. Una idea de vida austera que, en su momento, encajaba con el discurso que defendía.

Hoy, sin embargo, la imagen es otra. En estos años le hemos visto veranear en casas amplias, con piscina, césped cuidado y cierta distancia del bullicio, en zonas más tranquilas, incluso cercanas a la costa: espacios pensados para el descanso, pero también para la privacidad. En definitiva, una forma de vida cómoda, sin estrecheces.

Ese contraste resulta inevitable cuando se vuelve la vista atrás. Porque mientras en Madrid vive en un chalet de grandes dimensiones en Galapagar, con parcela amplia y todas las comodidades, en este pueblo abulense la referencia es bien distinta. Aquí no hay grandes urbanizaciones ni estética de lujo, pero sí algo que engancha poco a poco: esa sensación de estar fuera del mundo sin dejar de estar cerca.

Situado en la cara sur de Gredos, protegido de los vientos más duros, el pueblo disfruta de un clima suave que permite una vegetación poco habitual en la provincia. Olivos, castaños, es decir, una especie de isla verde dentro de una Ávila más sobria. El agua, además, es el verdadero hilo conductor. Baja fría, limpia, directa de la sierra, y marca el ritmo de la vida diaria. Las fuentes, como la de los Caños, siguen siendo puntos de encuentro, y en verano las gargantas se llenan de vecinos y visitantes que buscan refrescarse en pozas naturales. Y también hay tradiciones que se mantienen vivas, como la afición taurina, muy arraigada en la zona, aunque no encaje precisamente con la visión del exvicepresidente del Gobierno.

Polémica

Eso sí, ese vínculo entre el pueblo y quien lo frecuenta no ha estado exento de polémica. En 2021, la concejal de Casavieja María Auxiliadora Galicia decidió donar el modesto sueldo que recibe del Ayuntamiento a las familias del colegio del municipio, golpeadas por la crisis del coronavirus. El gesto fue aplaudido en el pueblo, pero vino acompañado de un recado directo: pidió a los «políticos grandes» que tomaran ejemplo y lanzó un mensaje claro a su vecino de veraneo, Pablo Iglesias, instándole a renunciar a su indemnización tras dimitir como vicepresidente del Gobierno y a destinar parte de ese dinero a zonas rurales.

Iglesias y su pareja Irene MonteroLalo Álvarez

Pero no fue lo único. La indignación fue más allá. La edil denunció además que, pese a tratarse de una vivienda prefabricada que se autoabastece de agua y luz, la construcción sería ilegal al estar situada sobre un terreno cuyo uso es exclusivamente agrícola o ganadero. Según explicó, la única edificación permitida en ese tipo de suelo sería una caseta de aperos de menos de 30 metros cuadrados y de una sola altura. La vivienda de Iglesias, sin embargo, superaría esas condiciones y contaría además con piscina y barbacoa, tal y como recogió La Razón.