José Luis Martínez-Almeida junto a su hijo Lucas en el Longines Global Champions Tour 2026 en Madrid
El deseo de Martínez-Almeida para su hijo Lucas: «Quiero que sea un hombre de fe»
El próximo 3 de julio, el primogénito del alcalde de Madrid celebrará su primer cumpleaños
José Luis Martínez-Almeida y Teresa Urquijo atraviesan uno de los momentos más felices de sus vidas. Tras su boda el pasado 6 de abril de 2024 y el nacimiento de su hijo Lucas el 3 de julio, el alcalde está disfrutando plenamente de esta nueva etapa personal y familiar, una felicidad que también refleja en las palabras que dedica a su mujer: «Le doy gracias a Dios y a Teresa por fijarse en mí».
Más allá del gran momento personal que atraviesa, esta nueva etapa también ha llevado a Almeida a reflexionar sobre cuestiones como la responsabilidad, la familia y el legado personal. Una visión que compartió recientemente en Rebeldes Podcast, en el que habló sobre cómo está viviendo la experiencia de convertirse en padre a los 50 años.
José Luis Martínez-Almeida y Teresa Urquijo con su hijo Lucas en Madrid
«Vengo de una familia numerosa, somos seis hermanos. Tuve una infancia feliz y recibí una gran formación, muy marcada por Retamar y después por ICADE. He estudiado en instituciones de raíces cristianas y he tenido mucha suerte con mi familia. Y ahora que tengo una familia propia, también tengo una responsabilidad», explica.
Y precisamente esa educación basada en principios y valores es la que asegura que hoy influye directamente en su forma de entender la paternidad. Porque si algo tiene claro es que convertirse en padre ha cambiado por completo su manera de mirar la vida.
Padre a los 50
«He tenido un hijo con 50 años y he tenido la inmensa suerte de encontrar a Teresa y poder formar una familia. Era una parte de mi vida que quizá no sabía que me faltaba. Ser padre a mi edad es una pasada; se vive desde una perspectiva totalmente diferente», reconoce.
Sin perder el sentido del humor que le caracteriza, el alcalde también quiso compartir algunos detalles del día a día con Lucas y presumió, entre bromas, de lo tranquilo que es el pequeño. «Lo que más me ha sorprendido es que duerme de ocho a ocho... Tiene madera de opositor: es muy disciplinado, come y duerme cuando le toca», comenta entre risas.
Sin embargo, detrás de esas anécdotas cotidianas también hay una reflexión mucho más profunda sobre aquello que quiere transmitir a su hijo. Para él, la educación recibida de sus padres ha sido el mayor legado que podría haber heredado. «Lo más valioso que me han dado mis padres ha sido la formación. En mi caso decidieron bien. Era una familia creyente y practicante, con una vida basada en valores. Me enseñaron que uno está aquí para dejar huella, en el mejor sentido de la palabra», recuerda emocionado.
Un deseo
Una enseñanza que, según explica, fue construyéndose a través del ejemplo diario de sus padres. «De mi padre heredé la constancia, el esfuerzo y el compromiso con sus seis hijos; de mi madre, la pasión. Y era una gran combinación. También el sentido del humor y la necesidad de entender que la vida no consiste simplemente en pasar por ella, sino que tiene que haber algo más».
Esa visión de vida está profundamente ligada también a la fe, una dimensión que el alcalde considera esencial y que asegura que ha cobrado todavía más sentido tras convertirse en padre. «Leer el Evangelio todos los días marca la diferencia entre una fe vivida y una fe heredada», afirma.
Una espiritualidad que, según relata, adquirió un significado aún más intenso en el momento en que vio por primera vez a su hijo. «Ser padre es un don divino. Recuerdo la primera ecografía; escuchar el corazón y verlo moverse fue pensar: 'Gracias, Dios mío'».
Y mirando hacia el futuro, Almeida tiene claro qué desea transmitirle a Lucas por encima de todo. «Quiero transmitirle que sea un hombre de fe y que sepa que Dios es nuestra piedra angular, la base sobre la que se construyen los valores que nos definen». Una filosofía de vida que, según explica, también se reforzó tras la audiencia privada que mantuvo con el papa León XIV el pasado año. Al recordar aquella conversación, resume así los consejos que recibió: «Me dijo tres cosas: sé valiente y no escondas que eres católico en la vida pública; no renuncies a tus principios; y recuerda que el límite último de cualquier decisión es el respeto a la vida y a la persona».