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La secretaria general del PSOE Aragón, Pilar Alegría,

La secretaria general del PSOE Aragón, Pilar Alegría,EUROPA PRESS

Pilar Alegría da un discurso sobre educación con los pies encima de un banco público

La secretaria del PSOE en Aragón celebra una victoria judicial de 57 millones de euros para las aulas aragonesas con una llamativa puesta en escena

En el universo de la política contemporánea nos han repetido hasta la saciedad que la imagen lo es absolutamente todo, un mantra que los asesores de comunicación graban a fuego en las mentes de sus pupilos para que no dejen ni un solo detalle al azar. Por eso resulta tan fascinante cuando el subconsciente o la búsqueda del plano perfecto juegan una mala pasada, como le ha ocurrido recientemente a Pilar Alegría, actual secretaria general del PSOE Aragón.

La política aragonesa, que se despidió del Gobierno central como ministra de Educación y portavoz para centrarse de lleno en su tierra, decidió grabar un vídeo clave para sacar pecho tras un importante revés judicial. «La justicia ya ha hablado. Desde hoy ya hay 57 millones de euros para dedicarlos a las verdaderas necesidades de la educación en Aragón», proclamaba Alegría con el viento dándole poéticamente en la cara. El mensaje era potente y la puesta en escena, a primera vista, impecable: un look burdeos sobrio, perfectamente estudiado, elegante y capaz de proyectar profesionalidad y cercanía al mismo tiempo. El único problema es que, mientras hablaba de las «verdaderas necesidades de la educación», la líder socialista eligió colocar los pies encima de un banco público, regalándonos una estampa que parece sacada de una reunión adolescente en el parque del barrio más que de una declaración institucional.

Puede parecer una minucia, pero cuando tu trayectoria reciente incluye haber sido la mismísima ministra de Educación del país, lo de pisotear el mobiliario urbano de uso común mientras das un mitin tiene su guasa. Los bancos de nuestras ciudades pertenecen a todos los ciudadanos y subirse a ellos de manera tan poco cuidadosa transmite una falta de consideración bastante llamativa hacia los espacios compartidos, precisamente esos que se financian con los impuestos de los que tanto se habla en los discursos. De quienes ocupan altísimas responsabilidades públicas siempre se espera un plus de ejemplaridad, incluso en los gestos más cotidianos, porque cuando un político nos vende respeto, convivencia y civismo, lo mínimo es que la suela de su zapato no esté aplastando el lugar donde luego se va a sentar un vecino a leer el periódico.

Para colmo de males, este feo y curioso gesto se suma a una selecta lista de patinazos posturales de nuestra izquierda patria, donde parece haber una sutil resistencia a las normas más básicas de la etiqueta espacial. Cómo no recordar el mítico día en que la jueza de la Audiencia Nacional, Teresa Palacios, tuvo que reprender severamente al exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, soltándole un glorioso «las piernas no se ponen así en sala» en mitad de una comparecencia. En aquella ocasión, Iglesias comparecía como presunto perjudicado y decidió colocarse en la silla cruzando las piernas con excesiva comodidad ante el tribunal, ganándose una corrección instantánea de la magistrada que él acató de inmediato... para volver a cruzarlas exactamente igual a los pocos segundos en un tierno acto de rebeldía silenciosa.

Al final, ya sea estirando las piernas de más ante la justicia o usando los bancos públicos como reposapiés para hablar de las aulas, nuestros representantes nos siguen demostrando que la verdadera asignatura pendiente de la clase política nacional no está en los programas electorales, sino en un taller básico de saber estar.

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