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El presidente de Ceuta, Juan Jesús VivasEP

La enfermedad con la que convive Juan Jesús Vivas, el valeroso presidente de Ceuta en la diana de Sánchez

A sus 73 años, el político del PP ha pedido al gobierno que deje de atacarle y ponga su energía en solucionar la crisis de la ciudad autónoma

De carácter sosegado y educación exquisita, Juan Jesús Vivas ha reconciliado a muchos españoles con la clase política. En tiempos de crispación, a sus 73 años, emerge como el hombre templado que lleva mes y medio trabajando sin descanso y sin alzar la voz. La prensa ya le ha apodado cariñosamente como el «abuelo apacible», aunque no está dispuesto a callar ante el acoso que está sufriendo por parte del Gobierno. Ha denunciado que el Ejecutivo de Sánchez debería dejar de «estar centrado» en atacarlo como «modesto alcalde o presidente» de Ceuta, y poner «todas sus capacidades, sus energías, incluidas las políticas», para tratar de solucionar la grave crisis que padece la ciudad autónoma.

«Que se metan conmigo todo lo que quieran, a mí esto me importa mucho menos. Que se empleen a fondo para conseguir el objetivo de devolver a Ceuta a la normalidad», ha dicho Vivas en una entrevista en Antena 3 preguntado por las palabras de Pedro Sánchez, en las que pidió preguntar al presidente ceutí por la situación de los menores sin tutelar en la ciudad autónoma.

A la compleja situación que atraviesa en el plano profesional, se suma un cuadro de salud complejo. Vivas padece un cáncer de próstata, que afortunadamente está en remisión, además de una cardiopatía. Un historial médico del que nunca habla en público y que ha llevado con la mayor discreción pues nunca ha buscado el protagonismo.

Asimismo, el presidente ceutí ha tenido que desentenderse de sus responsabilidades familiares. Su segundo nieto nació en Fuengirola el 2 de agosto y lo ha podido conocer solo hace unos días aprovechando una escala de un viaje a Bruselas. Desde que más de 70.000 inmigrantes entraran en Ceuta el pasado 30 de julio, Vivas no se ha separado de su teléfono ni se ha tomado vacaciones.

Tras 25 años como presidente de la ciudad autónoma, la jubilación no figura en sus planes y menos con la situación actual. Bien lo sabe su esposa Dolores Puya con la que está a punto de celebrar 50 años de matrimonio y tiene dos hijos. Ella siempre ha encajado su sentido del deber y su compromiso con la ciudad y la rutina diaria de su casa al despacho en el Palacio de la Asamblea de la plaza de África y del despacho a casa. Años atrás en un discurso refiriéndose a su mujer le agradeció «no hacerme ningún reproche», acompañarme «en las noches de insomnio» y «de cualquier forma, querida Loli, como esto sigue, ya sabes, lo mejor está por venir».