Feliciano López, en una imagen de archivo
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La infancia de Feliciano López en Melilla antes de convertirse en estrella del tenis
El exdeportista se trasladó a esta ciudad española por su padre, que era militar
El matrimonio de Feliciano López y Alba Carrillo duró menos de un año, pero su vigencia parece perdurar a lo largo del tiempo. Al menos eso demuestra la demanda que el extenista ha interpuesto contra la modelo por presunta vulneración del derecho al honor y la intimidad. La intención después de esta batalla judicial que está a punto de comenzar sería poner fin a los «calificativos» que Carrillo ha vertido sobre él a lo largo de los años en platós y entrevistas de televisión por respeto a su mujer Sandra Gago y sus dos hijos, Darío y Marco.
Lo cierto es que el exdeportista está centrado en la vida que ha construido con Sandra Gago. A día de hoy forman una de las parejas más consolidadas del panorama actual español. Sus 14 años de diferencia nunca fue un síntoma de problemas desde que se conocieron en un concierto. «Uno de mis amigos llevó a dos amigas. Una de ellas era Sandra», desveló el extenista, que ese día celebraba su cumpleaños. Él decidió escribirla para agradecer que asistiese, aunque ella, confesó, que ni siquiera sabía que cumplía años.
Fue la excusa que el empresario necesitó para seguir hablando con ella. Desde aquella primera cita, una merienda, la pareja no se ha separado y a día de hoy viven felices con sus dos hijos, tal y como confesó en su última entrevista en televisión. El director de Mutua Madrid Open se sentó en La Mesa, el programa de tertulia de Cristina Pardo de Antena 3, en donde estuvo acompañado de José Ramón de la Morena, Bibiana Fernández, Amelia Bono, Máximo Huerta y Susana Díaz.
«El mayor éxito, siempre lo digo, es dedicarme a lo que me apasionaba», confesó sobre su experiencia en las pistas. En el tenis español hemos tenido la desgracia de tener una generación de jugadores en la que, para mucha gente, ser el 20 del mundo no es nada», explicó. «También piensas que he tenido la suerte de estar con esa generación y que gracias a eso he sido mejor jugador al haber competido con gente tan buena».
«He perdido la cabeza muchas veces. El tenis es un deporte que te saca de quicio, se pasa muy mal, hay mucha presión. Que no me haya visto nadie, no tengo una anécdota donde se me haya ido la olla. Reventé ocho raquetas de camino al vestuario de Wimbledon; las fui partiendo una detrás de otra de golpes contra el suelo», apuntó.
Feliciano López junto a su padre, en una imagen compartida en redes sociales
Esa pasión por el tenis le hizo llevar una vida nómada, a la que, en cierto modo estaba acostumbrado desde pequeño gracias a sus padres. El tenista confesó que se fue pronto de casa. «Te haces muy independiente». Nació en Toledo, pero, pocos meses después, destinaron a su padre, que era militar, a Vitoria y posteriormente a Melilla, una mudanza inesperada a Melilla que se alargó 8 años. Fue en este momento, al cumplir los cinco años, cuando sus padres le regalaron la primera raqueta que empuñó y que tanto utilizó después en el Club de Tenis Militar de Melilla.
El extenista reconoce que solo tienes buenos recuerdos. «Muchos y buenos», explicó en una entrevista. «Desde los 5 años a los 12 años viví en la ciudad y fue donde empecé a jugar al tenis. Mi padre también empezó a aficionarse al tenis y gracias a él mi hermano y yo comenzamos a jugar en el Club Deportivo Militar La Hípica. Tenemos un recuerdo fantástico de Melilla y mantenemos aún muchos amigos».
El extenista lleva desde los dieciséis años sin pisar la ciudad, pero sigue manteniendo el contacto durante el año. «Hemos planificado muchas veces volver, pero se trataba siempre de solo un fin de semana y no podíamos ponernos de acuerdo porque a mi padre no le venía bien y a mí sí, pero me gustaría venir con más calma y tiempo suficiente», sostuvo en el periódico Melilla Hoy.
Al ver que podía labrarse un futuro profesional en el tenis, Feliciano López se trasladó con su familia cuando tenía doce años a la capital, para formarse en la Federación de Tenis de Madrid. Un año después abandonaba la casa familiar para mudarse solo a Barcelona. «Te toca vivir una vida con 13 añitos, solo en una residencia, conviviendo con deportistas de muchas disciplinas e intentando cumplir tus sueños», explicó ante Cristina Pardo.