Pedro Sánchez, en La Revuelta
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Javier Pérez, experto en comunicación no verbal, analiza a Sánchez en 'La Revuelta': «Como Pedro por su casa»
Identifica un «desgaste físico potente y evidente» fruto del «estrés y los escándalos»
TVE llevó la precampaña electoral al primetime el pasado jueves con la visita de Pedro Sánchez a La Revuelta. La entrevista de Broncano al presidente del Gobierno fue seguida por más de 4 millones de españoles, algunos de los cuales no dudaron en comentar sus perfiles de redes sociales. «Se tiene aprendido el speech de principio a fin, como una obra de teatro, es que es falsa hasta la risa», comentaba un usuario en X, antes Twitter, sobre el discurso del líder del ejecutivo.
Pero no solo sus palabras intentan comunicar. Sus gestos, miradas y sonrisas también hablaban por él, aunque no siempre coincidían con el mensaje que pretendía transmitir de viva voz. Javier Pérez Villacañas (javi.villacanas), analista en comunicación, lenguaje no verbal y conducta, ha conversado con El Debate para explicar qué imagen ocultaba tras su mitin televisado.
Pérez Villacañas asegura que solo hay una oportunidad de causar una primera impresión y la de Sánchez, inequívocamente, es de desgaste. «Otros presidentes también tenían muchos problemas, pero no se evidenciaba un desgaste físico tan potente o tan evidente, al menos de manera aparente», sostiene, apoyándose en el comentario que le hizo al respecto la actriz Candela Peña, colaboradora del programa. El presidente lanzó una evasiva diciendo que era cuestión de deporte, «pero, si comparas imágenes de cuando empezó con las actuales, es evidente que hay un desgaste físico. Al final, es algo fisiológico que viene del estrés y de los escándalos».
Además, considera que, aunque Sánchez quizá no sea tan buen orador como otros políticos, su presencia física, su altura y su figura imponente contribuyen a compensar esa circunstancia. Durante su visita al espacio de La 1, además, el jefe del Ejecutivo habría tratado de acercar su faceta personal a los espectadores, alejándose de la imagen institucional del presidente. Para ello, recurrió a una vestimenta más informal y a una sonrisa que el experto califica de «afable y genuina», aunque esta también estaba influida del entorno que le acompañaba. «Estaba como en casa, como Pedro por su casa literalmente».
Candela Peña, Pedro Sánchez y David Broncano, en La Revuelta
Las fugas no verbales de Sánchez
«Es inalterable», resume el experto. Esa calma le habría permitido evitar la imagen de un dirigente acorralado por los problemas políticos que afronta. Sin embargo, hubo ciertas fugas no verbales que denotaban cierta incomodidad. Cambios involuntarios que pueden apreciarse en el rostro y que, según explica, suelen durar apenas unas décimas de segundo. «Puedes estar diciendo una cosa, pero, si tu cuerpo dice completamente lo contrario, aparecen esas fricciones y la gente se da cuenta de algo o puede pensar: 'Este está mintiendo'».
Pérez Villacañas sitúa esos momentos en la referencia de Broncano a El Hormiguero, cuando bromeó del buen jamón que solían ofrecer a los invitados del programa. En ese instante, Sánchez habría desviado la mirada y mostrado cambios en la expresión de la boca. Señales que también aparecieron cuando se mencionaba a rivales políticos o a personas con una ideología distinta a la suya.
Pese a todo, el analista asegura que la imagen que proyectaba Pedro Sánchez era la de la comodidad. Al fin y al cabo, en sus propias palabras, «quien llevaba la narrativa y el hilo conductor de la entrevista era él y no Broncano». «¿Por qué? Si muestras tranquilidad, no muestras fisuras ni debilidad, te llevas la conversación a tu terreno. Y eso se transmite, en primer lugar, a través del lenguaje corporal».
Pedro Sánchez visitó a David Broncano en La Revuelta
«Es verdad que, en algunos momentos, cuando le preguntaba por Ceuta o por la vivienda, no conseguía evadir la pregunta, pero sí suavizar el golpe. Conseguía amortiguarlo muy bien, saliéndose por la tangente no solo verbalmente». De ahí, apunta, que intentase mostrarse «relajado» e, incluso, «sonriente». «No transmitía una sensación de urgencia o de problemas, a pesar de que realmente los hay», reconoce el experto. «Si ves esa entrevista sin audio, no piensas que en España está pasando todo lo que está pasando».
La diferencia entre La Revuelta y el Congreso
Para Javier Pérez Villacañas, hay cierta desigualdad entre la actitud de Sánchez en La Revuelta y la que suele mostrar en el Congreso de los Diputados, donde los turnos de réplica introducen un elemento de imprevisibilidad que puede desencadenar reacciones más espontáneas. En esas circunstancias, explica, una persona puede mostrarse «más visceral o mucho más auténtica».
«Se le ve visiblemente más afectado que en otros entornos. Una prueba de ello son las ocasiones en las que le han hablado de su mujer o de su hermano», momentos en los que uno es capaz de encontrar expresiones de «ira, de enfado y de contención verbal». Según el experto, Sánchez tiene uno evidente que repite: apretar mucho la mandíbula.
Pedro Sánchez, en su visita a La Revuelta
Un gesto que también ha demostrado en algún que otro mitin político al que le ha acompañado de Begoña Gómez. «Cuando das un abrazo genuino a una persona, tu corporalidad acompaña a esa persona. Sánchez no llegó a soltar nunca el atril. La expresión que pone cuando termina de darle un beso a su mujer, de la que supuestamente está tan enamorado, no es la que mostró acto seguido. Es una imagen digna de ver».
Ser o parecer, esa es la cuestión
Pérez Villacañas asegura también que «tanto en comunicación como en cualquier ámbito de la vida, muchas veces importa más parecer que ser algo». Una máxima que parece haber llevado a la precampaña. «Si muestras miedo o sensación de urgencia, se notan tus problemas. Pero, si aparentas normalidad, tanto a través de lo que dices, sea cierto o no, como de la manera en que lo transmites corporalmente, si fuerzas ese control, inevitablemente lo transmites».
Esto, en la estrategia de campaña, es fundamental, en palabras de Villacañas. «No puedes ir a pedir el voto con miedo, porque, si te da miedo pedir un voto, ¿cómo no te va a dar miedo gobernar?», explica sobre la falsa sensación de tranquilidad que da.