La empresaria Adriana Abascal
Adriana Abascal: «Mi relación con Filiberto de Saboya fue una historia pasajera sin mayor trascendencia»
La empresaria mexicana hará un pop up de su marca de botas Skorpios en la tienda de Paris/64 en Madrid la próxima semana
Asus 55 años, Adriana Abascal siente que ha tenido la suerte de haber vivido muchas vidas en una. La moda, el arte, la maternidad, los viajes y los diferentes países en los que ha residido han moldeado su sensibilidad y su manera de entender la elegancia y el lujo. Su marca de calzado Maison Skorpios es el resultado de todas esas experiencias. «No quería simplemente crear una firma de botas. Quería construir un universo, una manera de entender la feminidad, el estilo y la vida. Un universo en el que las mujeres quisieran entrar y reconocerse», declara en conversación con El Debate.
Afincada en París en una preciosa casa frente a la Torre Eiffel, la empresaria mexicana viaja la próxima semana a Madrid para presentar un pop up en la tienda de Paris/64 de la calle Claudio Coello que estará abierto del 3 al 9 de noviembre.
–¿Qué balance hace de los seis años con Maison Skorpios?
–Han sido años apasionantes, de grandes satisfacciones, enormes desafíos y muchísimo aprendizaje. Una auténtica montaña rusa de adrenalina. El lunes te sientes on top of the world, el martes estás en caída libre, el miércoles te recuperas y el jueves vuelves a subir. ¡Y el viernes, quién sabe! Pero así es la vida de un empresario. Aprendes a resolver problemas constantemente, a tomar decisiones y a reinventarte cada día. Emprender va mucho más allá de sentarte con una copa de vino, poner música y dejar volar la imaginación mientras diseñas una colección.
Hoy, después de estos años, ver nuestras creaciones dando la vuelta al mundo, en producciones como Emily in Paris o The Devil Wears Prada, en los escenarios de grandes artistas, en portadas internacionales o incluso en una subasta de Christie’s, es una satisfacción enorme.
–¿Qué tipo de mujer lleva sus botas?
–Una mujer que valora su independencia, que aprecia la sofisticación y la sensualidad, que tiene personalidad y que quiere sentirse segura de sí misma. No creo que exista un único tipo de mujer Skorpios, somos muchas porque siempre he pensado que todas las mujeres tenemos un potencial extraordinario, aunque no siempre sepamos cómo sacarlo.
Lo he experimentado durante toda mi vida. Cuando trabajaba como modelo hice muchísimas campañas de belleza y joyería en las que únicamente se fotografiaba mi rostro o se hacían planos muy cortos. Sin embargo, yo siempre elegía cuidadosamente qué zapatos ponerme, aunque nadie fuera a verlos. Dependiendo del espíritu de la campaña, necesitaba sentirme más sexy, más salvaje, más sofisticada o más aventurera. Y unos zapatos podían cambiar completamente mi actitud. ¡Es difícil sentirse tremendamente sexy con unos calcetines de deporte!
Esa experiencia me enseñó algo que sigue siendo fundamental para mí: la manera en que nos vestimos influye enormemente en cómo nos sentimos y cómo nos presentamos ante el mundo. Porque una bota puede cambiar tu manera de caminar y, muchas veces, también tu manera de entrar en una habitación.
Adriana Abascal posa con su marca de botas Skorpios
–¿Qué es lo más difícil de montar una empresa?
–Conseguir que una visión creativa se convierta en una empresa sólida sin perder aquello que la hace diferente. Cuando creé Maison Skorpios tenía muy claro el universo que quería construir. Sabía qué faltaba en el mercado y qué tipo de mujer quería acompañar.
Pero una cosa es tener una visión y otra muy distinta es construir toda la estructura necesaria para hacerla realidad. Detrás de una bota hay un proceso extraordinariamente complejo. Desde la selección de las pieles y el trabajo de los artesanos hasta la producción, la distribución, la comunicación y la estrategia comercial. Estos años me han enseñado a encontrar el equilibrio entre mi lado creativo y mi lado empresarial.
–¿Dónde fabrican sus colecciones?
–Toda nuestra producción se realiza en Italia, donde trabajamos con artesanos especializados y talleres que conservan conocimientos transmitidos de generación en generación.
Una bota es probablemente uno de los objetos más complejos dentro del universo del calzado. Tiene que ser extraordinaria estéticamente, pero también en su construcción, sus proporciones, sus materiales y su comodidad. Somos muy exigentes con la selección de las pieles, los acabados y cada detalle de fabricación.
Creo profundamente en ese lujo que no necesita explicarse porque se reconoce en la calidad, en el tacto, en la manera en que una pieza está construida. Quiero seguir creado botas que una mujer pueda conservar durante años, que formen parte de su vida y que incluso pueda transmitir a otra generación.
–¿En qué se inspira a la hora de diseñar?
–En todo lo que he vivido y en todo lo que me sigue emocionando. Soy mexicana y española, me he formado entre Estados Unidos Inglaterra y Francia y esa mezcla de culturas también forma parte de mi identidad. Me interesa muchísimo el contraste entre diferentes mundos, entre lo clásico y lo inesperado, entre la fuerza y la delicadeza.
El arte ha tenido una influencia enorme en mi manera de mirar. Me ha enseñado a entender las proporciones, los materiales, la belleza y, sobre todo, la importancia de tener un lenguaje propio.
Pero mi mayor inspiración sigue siendo la mujer. Me fascina esa combinación de feminidad, sensualidad, independencia y carácter. Creo que la sensualidad y la elegancia no están reñidas. Al contrario, cuando se encuentran de manera natural, el resultado puede ser extraordinariamente poderoso.
Adriana Abascal y Emmanuelle Filiberto de Saboya en una fiesta en mayo de 2025
–¿El desamor ayuda o dificulta en esa inspiración?
–Creo que todo lo que vivimos nos transforma y, de alguna manera, termina enriqueciendo nuestra sensibilidad. El amor, el desamor, las alegrías, las decepciones… Todo forma parte de la vida. Pero nunca he creído que haya que sufrir para crear. Personalmente, me siento mucho más inspirada cuando estoy en equilibrio, cuando tengo ilusión y cuando me siento libre. Con los años he aprendido que la felicidad no puede depender exclusivamente de una relación sentimental.
–¿Cómo recuerda su relación con Manuel Filiberto de Saboya?
–Fue una historia breve y divertida que despertó muchísimo interés en la prensa, quizás porque reunía todos los ingredientes de lo que podía parecer un cuento de hadas. Probablemente, la dimensión mediática que adquirió hizo que se percibiera como algo mucho más importante de lo que realmente fue. Compartimos únicamente unos meses divertidos, pero pronto empecé a darme cuenta de que no era una persona con la que me imaginara construyendo un futuro ni con la que pudiera seguir creciendo.
Creo que todas las relaciones nos enseñan algo, tanto las que funcionan como las que no. Con los años aprendes a conocerte mejor, a entender qué necesitas y, sobre todo, a descubrir que muchas veces tienes que vivir una relación para darte cuenta de lo que realmente quieres y, especialmente, de lo que no quieres para tu vida. Fue una historia pasajera que forma parte de mi pasado, sin mayor trascendencia.
Botas de Maison Skorpios, la firma creada por Adriana Abascal
–¿Cómo afecta al negocio su aparición en las revistas del corazón por su vida sentimental?
–He tenido una vida pública desde muy joven y he aprendido a convivir con esa exposición. Entiendo perfectamente que mi vida personal pueda despertar curiosidad, pero creo que es importante distinguir entre la persona y el proyecto empresarial.
Naturalmente, toda mi trayectoria forma parte del universo de la marca. Sería absurdo negarlo. He vivido experiencias extraordinarias y todas ellas han contribuido a formar mi sensibilidad. Pero una cosa es que mi vida sea una fuente de inspiración y otra muy distinta es que mi vida sentimental defina mi trabajo. Me gustaría que cada vez se hablara más de lo que estoy construyendo, de mis proyectos y de esta nueva etapa como empresaria.