07 de julio de 2022

Misiones Claretianas en Fernando Poo, hacia 1920. Arxiu Pairal

Misiones Claretianas en Fernando Poo, hacia 1920. Arxiu PairalArchivo Claretiano de Vic

El misionero español que evitó que Alemania arrebatase la soberanía española de la isla Annobón

Las cuestiones coloniales africanas se resolvían según los convenios bilaterales entre las potencias, Annobón siguió siendo española por falta de oposición de otros países

Annobón es una isla de la República de Guinea Ecuatorial, situada al sur de Santo Tomé y Príncipe, frente a las costas de Gabón. Fue transmitida por Portugal a España en 1777, con Fernando Poo, y se tomó posesión de ella al año siguiente, en un acto complicado porque ni los portugueses transmitieron el dominio con las exigencias formales del derecho romano, ni los habitantes admitieron voluntariamente la soberanía española por temor a ser víctimas de la trata.
La isla quedó bajo soberanía nominal de España pero sin ocupación ni autoridad permanente, visitada ocasionalmente por los vapores españoles de la estación naval de Santa Isabel. Como las cuestiones coloniales africanas se resolvían según los convenios bilaterales entre las potencias, Annobón siguió siendo española por falta de oposición de otros países. Tras la Conferencia de Berlín, el abandono de un territorio lo convertía en terra nullius y podría ser adquirido por otro país mediante la ocupación efectiva.

La poca atención que España prestaba a territorios marginales de su decadente Imperio, excitó el ánimo expansionista de otros países

Y en esa situación se hallaba la isla española, lo que llamó la atención de Alemania, que estaba muy activa en busca de un Imperio. La poca atención que España prestaba a territorios marginales de su decadente Imperio, excitó el ánimo expansionista de otros países. En 1875 y 1876 la soberanía española sobre Joló fue discutida por Alemania y Gran Bretaña. Tras una dificultosa actividad diplomática, el conflicto terminó en 1877 con un protocolo reconociendo los derechos soberanos españoles. En 1885, Alemania trató de apoderarse de las islas Carolinas alegando el abandono español del archipiélago. Un arbitraje papal salvó, en esa ocasión, la posición española.
Todos estos antecedentes hacían temer alguna acción similar en Guinea. La situación estratégica de las posesiones españolas amenazaba la tranquilidad de una propiedad sin actos que la refrendaran. El gobernador Montes de Oca se preocupó por la situación de absoluto abandono en que se hallaba Annobón. Había comprendido que el peligro de pérdida acechaba. El ministro fue receptivo con la preocupación del gobernador y le conminó a ejercer soberanía de manera urgente mediante un oficio de agosto de 1885. Como consecuencia se dispuso la primera expedición misionera al lugar, que fue providencial. Los misioneros no solo realizaban labores pastorales, sino que eran efectivos agentes de colonización porque tenía delegada la función de enseñanza, sobre todo de la lengua y religión, que trataba de asimilar la población local. Además, la legislación colonial confería a los misioneros el carácter de delegados del Gobierno donde no hubiera otra autoridad. La presencia de religiosos producía menos rechazo que la de militares en un lugar donde los naturales siempre fueron reacios a perder su independencia. La llegada de una misión de padres claretianos frustró una acción alemana encaminada a posesionarse de la isla.
En 1885 los alemanes creyeron que Annobón estaba desocupada y enviaron al buque de guerra Cíclope para tomar posesión de la isla. Allí estaban unos pocos misioneros. Al ver llegar el barco, el padre Juanola –superior de la misión– enarboló la bandera española, parlamentó con los marinos germánicos y el asunto se resolvió sin más incidentes al comprobar aquellos que había ocupación efectiva.
Montes de Oca propuso después que la isla fuera sede de una colonia penitenciaria, ya que su lejanía de España y su desvío de las rutas marítimas, dificultaría las fugas, aunque este no era un objetivo de la colonización para el gobierno madrileño y nunca se dispuso nada en ese sentido. La isla siguió en situación parecida durante muchos años. Y puede decirse que nunca tuvo una población colona, aunque al final de la etapa española dispusiera de algunos funcionarios permanentemente.

El padre Juanola fue uno de esos misioneros inquietos que aprendieron el idioma bubi para predicar y enseñar la doctrina católica

El padre Juanola

El padre Juanola es una de esos personajes imprescindibles en la historia guineana que el tiempo a relegado al olvido. Jacint Creus le dedicó una biografía en 1998. Había nacido en 1853, ingresó en el seminario, pasó a Francia huyendo de las guerras carlistas y de la situación política general. Ingresó en la orden fundada por Claret profesando en 1872 y se le envió a Guinea en 1884. Según Creus era un hombre culto y de sólida formación humanística. Annobón fue su primer destino y cumplió una importante función patriótica. Después pasó a Fernando Poo (Bioko), residiendo en Concepción (Riaba). Fue de los primeros en llegar al centro de la isla y visitó al rey bubi Moka en 1886. También estuvo destinado en Banapá, Musola y Santa Isabel (Malabo).
Tuvo gran inquietud por el conocimiento de la geografía guineana y de las lenguas indígenas. En 1891 acompañó al militar, explorador y agente de la Compañía Trasatlántica, José Valero Berenguer, en sus recorridos por el interior desconocido de Fernando Poo. Seguramente el conocimiento que tenía el misionero de los bubis y su lengua le abría muchas puertas. Valero moriría en 1893 en la guerra de Melilla. Fue uno de esos misioneros inquietos que aprendieron el idioma bubi para predicar y enseñar la doctrina católica. Fruto de su estudio es una gramática bubi publicada en 1890: Primer paso a la Lengua Bubí ó sea, Ensayo a una gramática de este idioma seguido de tres apéndices: 1º sobre el lenguaje bubí de Concepción, 2º sobre el de San Carlos, 3º Sobre unas cuantas notas de sintaxis.
Nunca volvió a España. En 1904 fue nombrado vicario general y en 1909 superior de Santa Isabel. Murió en 1912 después de veintiocho años en Guinea. La historia de Guinea en la etapa española no puede escribirse sin nombrarlo.
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