04 de julio de 2022

Mapa de las posesiones españolas en el Golfo de Guinea en 1897, antes del Tratado de París de 1900

Mapa de las posesiones españolas en el Golfo de Guinea en 1897, antes del Tratado de París de 1900

El doctor Osorio, el primer español en recorrer Guinea

Amado Osorio firmó unos 370  tratados con los pueblos naturales entre el cabo Santa Clara y el río Campo (Ntem). En base a ellos se consiguió que, en 1900 en el Tratado de París, España tuviera su pequeña porción continental en la zona

La exploración de la parte continental de la Guinea Española durante el siglo XIX tiene tres figuras señeras: Iradier, D’Almonte y Osorio. El pionero fue Iradier, hombre inquieto que soñaba con aventuras africanas y a quien Stanley convenció para que se adentrara en los territorios reclamados por España en vez de buscar viajes en otras partes. Entonces se pensaba que el Muni era un gran río navegable similar al Congo, aunque pronto se vio que era solo un estuario y que los ríos que vertían sus aguas en él (especialmente el Utamboni) no tenía el caudal esperado. Iradier hizo un primer viaje en 1874 y estuvo en las selvas del Muni durante tres años. Fue una expedición privada, apoyado por voluntarios vitorianos. No profundizó mucho en el continente, pero fue pionero en escribir observaciones de todo tipo y en firmar tratados con tribus indígenas sobre los que luego se reivindicó la soberanía. En 1884 hizo un segundo viaje –esta vez apoyado por la Sociedad Geográfica, la Casa Real y los misioneros claretianos–, en el que le acompañó Osorio. Las instrucciones que recibió eran claras: ensanchar los dominios continentales desde el río Campo hasta Calabar y fundar una factoría de la que Joaquín Costa llegó a redactar un proyecto de estatutos. No pretendía avanzar en el interior del continente, sino asegurarse la costa. Entendía que el dominio de la costa garantizada el hinterland hasta el centro del continente.
Los preparativos habían tardado mucho, tanto que exploradores de otras naciones habían tomado la delantera y pusieron grandes territorios de los que preveía visitar Iradier, en el dominio de sus países. El doctor Nachtigal había suscrito –mientras Iradier se hallaba en el barco camino de Fernando Poo– acuerdos con los jefes cameruneses, había llegado hasta los límites españoles de Cabo San Juan, aunque luego se retiraría al río Campo. España había perdido, por inacción, sus pretendidos derechos históricos.
Isla de Fernando Poo, actual Malabo

Isla de Fernando Poo, actual Malabo

Amado Osorio había nacido en Vegadeo el 6 de septiembre de 1851; estudió bachillerato en Oviedo, Lugo y Santiago y Medicina en Madrid, licenciándose en 1877. Se embarcó en la aventura después de que el alcalde de su pueblo le prohibiera ejercer de médico por prescribir remedios naturales y, sobre todo, por una vocación que estaba por encima de todo.
Osorio aprendió mucho de Iradier pero se dio cuenta de que el vitoriano, muy enfermo, volvía a los mismos lugares de su primera expedición y no avanzaba nada en lo nuevo. Iradier enfermó y no pudo continuar, por lo que en 1886 Osorio decidió seguir en solitario por regiones desconocidas por los europeos.
En junio de 1885 el gobernador Montes de Oca había recibido una orden reservada del Gobierno para que remontase los ríos Benito y Campo para tratar de delimitar las fronteras. Se tenían noticias de que Brazza trataba de explorar el Benito y de unirlo a la colonia de Gabón. Osorio, que se había quedado en el continente recorriendo la costa y prestando atención médica a los misioneros de Corisco y Cabo San Juan, esperó la llegada del gobernador y se unió a él. La expedición ya era oficial y repartieron más de 30 cartas de nacionalidad en la región del Muni. Navegaron el Noya y el Utamboni, llegaron hasta los montes de Cristal, se internaron en el continente hasta casi la actual Ebinayon, regresaron por los ríos Laña y Benito hasta el mar y por el interior hasta 200 kilómetros de la costa, marcando con anticipación los límites de lo que luego sería provincia española. Montes de Oca enfermó y Osorio continuó solo la expedición. Tenía una visión clara de lo que iba a ser la colonización africana y se decidió a firmar nuevos tratados –unos 370– con indígenas entre el cabo Santa Clara y el río Campo (Ntem),que aceptaban la protección española. Además recogió una gran colección antropológica que se conserva en el Museo Etnográfico de Madrid.
La importancia de los tratados con  los pueblos naturales del lugar era muy grande porque esa protección era una reserva para luego establecer soberanía del Estado firmante, y la consecuente exclusión de los otros. En base a ellos se consiguió que, en 1900 en el Tratado de París, España tuviera su pequeña porción continental en la zona. Y si no se tuvo más fue porque ni se exploró, ni se ocupó. Después de ese tratado, Osorio volvió a Guinea en 1901 con la comisión que debía señalar los límites fronterizos exactos en el terreno. En 1902 formó parte de la Junta consultiva de las posesiones en África.
Osorio fue el primer español que recorrió la zona continental de manera casi completa, estableció una idea clara del territorio, repartió banderas y documentos de acatamiento a la soberanía española. No tenía intereses comerciales. Con estos viajes, la posición española quedaba un poco más sólida en unos momentos en los que ya se había suscitado la llamada cuestión del Muni, la disputa de los territorios por Francia, Alemania y España.
Durante la guerra de Melilla de 1893 acudió al teatro de operaciones con el doctor Llorente para dirigir el un hospital de campaña instalado por El Heraldo de Madrid. También estuvo como médico en la guerra de Cuba de 1896 a 1898. Viajó por América y Europa, estudió en Berlín y acudió a Francia para atender heridos de la Primera Guerra Mundial por lo que fue condecorado con la legión de Honor. Fue uno de los fundadores del Instituto Ruber de Madrid. Murió el 10 de diciembre de 1917.
Si no tenemos un conocimiento más amplio del personaje es porque le falta un biógrafo. Osorio, al contrario de otros aventureros, no era aficionado a publicar. Solo se le conocen cuatro artículos en las revistas geográficas de la época. El más importante: Fernando Poo y el Golfo de Guinea: apuntes de un viaje, apenas unas breves líneas escritas de forma caótica y leídas por el viajero asturiano en el Ateneo de Madrid el 20 de mayo de 1886.
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