01 de diciembre de 2022

Isla de Fernando Poo, actual Malabo

Isla de Fernando Poo, actual Bioko

Tomás Buiza, explorador de Guinea

Gracias a la labor de este teniente se pudo crear la estructura definitiva de poblados y caminos en Guinea

Hay en el olvido histórico nacional personajes que deben ser recordados porque su labor fue importante. Uno de ellos es Tomás Buiza Martos, militar español que se integró en la Guardia Colonial de Guinea y uno de los exploradores del territorio más importantes.
España tuvo los territorios del golfo de Guinea en la mayor dejadez desde 1777 hasta mediados del siglo XIX cuando empieza la presencia española permanente y la autoridad efectiva en Fernando Poo (hoy Bioko) y las islas de Corisco y Elobey, y la parte continental, que los españoles llamaron Río Muni, no se adquirió hasta el tratado de París de 1900 que concretó los derechos históricos difusos que reclamaba España y negaba Francia y gracias a un acuerdo previo de franceses y alemanes que situaban el río Campo como límite de la acción colonial de ambos países. Pero en 1900, los españoles estaban solo en tres o cuatro puntos de la costa y tenían el interior de la región sin explorar, sin autoridad y, por lo tanto, sin colonizar.
No bastaba con llegar a un acuerdo con Francia sobre el territorio continental, era necesario recorrerlo para conocerlo, marcar los límites exactos, establecer mojones fronterizos y ejercer autoridad. El trabajo fue muy difícil en la espesura de la selva: No era posible seguir la línea recta que marcaban los paralelos y el meridiano de límites, era extremadamente complicado medir por falta de horizonte claro y de cielo despejado, los instrumentos no eran precisos. Tras el tratado de 1900 se iniciaron los acuerdos con Francia y Alemania para demarcar las colonias respectivas y plasmarlo en un documento diplomático. Los trabajos se sucedieron durante años y se complicaron aún más por la Primera Guerra Mundial, que los paralizó, y la consecuente pérdida alemana de sus colonias.
En los años 20 del siglo pasado el gobernador Barrera entendió que debía ponerse fin a esa situación y emprendió una actividad exploradora que le llevó a recorrer todas las fronteras. Le acompañaba Tomás Buiza, un veterano de Guinea que en 1920 era capitán jefe de la demarcación de Mikomeseng. Pero faltaban medios y dinero para crear establecimientos permanentes.
Habría que esperar hasta la Dictadura de Primo para culminar la ocupación gracias a un crédito presupuestario de veintidós millones para el desarrollo de la colonia. En 1925, Barrera fue sustituido por un general procedente de Marruecos: Miguel Núñez de Prado que siguió la política de Barrera: improvisador, poco dado a burocracias y voluntarista más allá de las normas contables. Al parecer, era también un hombre dotado de un gran ego, y contento de su papel de casi virrey que había formado una pequeña corte con sus allegados, su amante y los advenedizos que siempre rodean al poder. Gobernaba a su antojo pero tuvo la suerte que no tuvieron sus predecesores: contaba con dinero para la expansión. Núñez de Prado prefería la imposición al colonizado en contraposición a la política de atracción que propugnaba Barrera.
Planificó una acción heredera de las iniciadas por el almirante Barrera. Tuvo el acierto de pedir aviones para reconocer el territorio y, en 1926, llegaron a Guinea los tres hidroaviones de la llamada patrulla Atlántica. Gracias a sus fotos aéreas su pudo conocer mejor algunas comarcas. En este momento vuelve a aparecer el capitán Buiza encargado de recorrer el territorio continental, llegar hasta donde nunca se había llegado, abrir nuevos caminos, tender puentes, hacer transitables las orillas de los ríos y establecer puestos permanentes en las fronteras y en puntos estratégicos del interior.
En la expedición de 1926 le acompañaban los tenientes Touchard y Mené. Las marchas eran lentas, de muchos hombres. Los cargadores llevaban sobre sus hombros hasta 30 kilos. El convoy partía a las ocho de la mañana, paraban para comer a las 11, continuaban de dos a cinco de la tarde y descansaban hasta el día siguiente. Cada cuatro o cinco días se tomaban uno libre para descansar y lavar la ropa. En la parte donde ya había presencia de guardias españoles, los caminos estaban cuidados porque se les imponía ese trabajo a los jefes de poblado. El resto era selva espesa que había que abrir con machetes. Los europeos confundían ríos, no diferenciaban el principal de los afluentes, tenían dudas sobre los nombres de lugares y comprobaban que los mapas no eran exactos. Entre mayo y noviembre se guarneció toda la frontera este, parte de la sur y el interior; 14 campamentos unidos por caminos. Buiza siempre iba al frente y señalaba los lugares donde se levantarían los poblados.
En un segundo viaje, partió de Bata pasó por Ebibeyin, y levantó los puestos de Alén, Mongomo, Asok, N’Sork y Alún. Más adelante los de N’Sang, Mongó y Akonibe, que hoy son ciudades importantes de Guinea Ecuatorial. Un año más tarde, partiendo de Cogo en el litoral sur, se completó el despliegue creando Miserga, Abenelam, Ayen y Akureman.
Estas expediciones llevaban ya la fuerza que iba a guarnecer cada puesto y pernoctaban preferentemente en poblados ya existentes para lo que se avisaba con antelación al jefe. Se elegían emplazamientos que no distaran más de dos jornadas de marcha uno de otro, preferentemente aprovechando poblados nativos y con agua potable. Desboscaban una superficie cuadrada de 500 metros de lado en la que se levantaban construcciones de madera y nipa. En un lado se construían las casas de los oficiales, la casa de la palabra (lugar de reunión) y los almacenes; en otro el cuartel para europeos, la escuela y el hospitalillo; en el último, el cuartel para clases africanas. Levantado el poblado que debería alojar más tarde a misioneros y población nativa, se dejaba un destacamento de 15 guardias con un mando europeo. Al lado de los puestos debían construirse escuelas, dispensarios y factorías. Con la seguridad de la fuerza armada, llegaban los comerciantes y se formaban pequeños núcleos con presencia de europeos. Buiza fue el hombre que se adentró en la espesura del bosque y creó la estructura de poblaciones y caminos, ya definitiva, en Guinea.
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