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El cardenal Marcello Semeraro, junto al retrato del venerable Giuseppe Menochio

El cardenal Marcello Semeraro, junto al retrato del venerable Giuseppe Menochio, en 2023Antonino Cottone / VaticanNews

La desconocida vida del único obispo que se negó a jurar fidelidad a Napoleón y cuya reliquia porta el Papa

Giuseppe Bartolomeo Menochio «sirvió con valentía a la Iglesia durante la tormenta napoleónica, manteniéndose firme en la fe», destaca el Vaticano

Es poco conocido en España, pero su historia es apasionante. Recientemente, el nombre del venerable Giuseppe Bartolomeo Menochio ha saltado a la actualidad porque sus reliquias son una de las cinco que lleva el Papa León XIV engarzadas en su cruz pectoral. Todas ellas pertenecieron a cinco personas que guardan alguna relación con la orden de los agustinos: el propio San Agustín; su madre, Santa Mónica, y dos agustinos españoles: Santo Tomás de Villanueva y el beato Anselmo Polanco.

El quinto, Giuseppe Bartolomeo Menochio, fue también religioso agustino, como el Santo Padre, y le tocó vivir en los convulsos tiempos de Napoleón. Era obispo de Porfirio, prefecto del Sagrario Apostólico y sacristán papal desde 1800, precisamente cuando el emperador empezaba a someter a Europa a sangre y fuego. Unos años antes, en 1796, ya había sido expulsado por los franceses de Reggio Emilia, en donde era el obispo auxiliar.

Había nacido en el Piamonte en 1741, e ingresó muy pronto en los agustinos, siguiendo el ejemplo de dos de sus hermanos. Se ordenó a los 23 años de edad; enseñó teología y luego se dedicó principalmente a la predicación popular. «Hombre de profunda oración, creía que la penitencia era el medio ordinario para obtener la conversión de los pecadores de Dios», recogen sus biógrafos.

Un obispo valiente

Cuando fue expulsado por los franceses de Reggio Emilia, Menochio ejerció su apostolado con gran valentía en varias diócesis, hasta que en 1800 el Papa Pío VII lo quiso como sacristán y confesor. En 1804, el agustino acompañó al Pontífice a París para la coronación de Napoleón en la catedral de Notre-Dame, pero no le fue permitido acompañarle cuando el propio Santo Padre fue deportado y encarcelado en Savona.

El entonces cardenal Prevost, cuando recibió la cruz pectoral como regalo de su orden agustina

El entonces cardenal Prevost, cuando recibió la cruz pectoral como regalo de su orden agustina

El agustino permaneció en Roma, en el palacio del Quirinal, ocupado por las tropas francesas, y se negó a prestar juramento de fidelidad al emperador, a pesar de las fuertes presiones y amenazas que recibió. «Sirvió con valentía a la Iglesia durante la tormenta napoleónica, manteniéndose firme en la fe y fiel también al Papa incluso en los momentos más difíciles», le reconoce la web oficial del Vaticano. «Es el único obispo que no quiso jurar fidelidad a Napoleón y que se gastó totalmente por el pueblo romano», añade.

El reverso de la cruz pectoral de León XIV, con las cinco reliquias

El reverso de la cruz pectoral de León XIV, con las cinco reliquiasVatican Media

Realizó una gran labor de dirección espiritual, siguiendo a varios religiosos y monasterios de la urbe, y también trabajó por la restitución de los conventos que Napoleón arrebató a la Orden de San Agustín. Murió con fama de santidad el 25 de marzo de 1823. Sus restos descansan en la basílica de San Agustín de Roma, y su causa de beatificación está en curso.

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