13 de agosto de 2022

Trinchera durante la Primera Guerra Mundial

Trinchera durante la Primera Guerra Mundial

Picotazos de historia

Paul Kern, el hombre que no durmió durante 40 años

Este soldado desarrolló una alta tolerancia al alcohol, al punto de ser incapaz de emborracharse. Pero lo más destacado fue la ausencia total de somnolencia, bostezo incluidos

Paúl Kern ( 1884-1943) nació en Budapest y, tras completar sus estudios, llevó una tranquila vida como funcionario y tesorero de la Cooperativa de Sastres de Budapest. Al empezar la Primera Guerra Mundial se alistó como voluntario, siendo encuadrado en el 19º regimiento de infantería con el grado de alférez de reserva. Kern demostró tener capacidades de liderazgo y a los pocos meses era ascendido a teniente. Hasta el 25 de junio de 1915 demostró aptitudes extraordinarias que le hicieron acreedor de la medalla al Mérito en sus categorías de bronce, plata y oro, además de la cruz de hierro alemana de segunda clase. Pero ese día, mientras llevaba a cabo una operación nocturna contra las posiciones rusas, fue herido en la cabeza.
Kern permaneció inconsciente, abandonado en medio de las trincheras durante horas, hasta que fue recogido y trasladado al hospital de Lemberg (actual Leópolis, en Ucrania). Allí, los médicos le desahuciaron debido a la gravedad de la herida. La bala había entrado en el lóbulo frontal derecho sin llegar a salir, destrozando el lóbulo frontal del cerebro. Se le extrajo la bala por medio de cirugía, pero los daños hacían presumir que no sobreviviría y, en caso de que lo hiciera, los daños cerebrales le dejarían en estado vegetal. Para sorpresa de todos, tras permanecer varios días en estado de coma, despertó. Aparentemente, no parecía haber sufrido consecuencias de su terrible herida. Hablaba correctamente, coordinaba con naturalidad, leía e interpretaba con corrección símbolos y expresiones, no parecía tener ninguna alteración de carácter... Todo parecía normal. A lo largo de los siguientes días apareció una anomalía que llamó la atención del sorprendido equipo médico: Kern parecía haber perdido la capacidad de dormir. Lo que es más, no sentía deseo alguno de hacerlo.
Paúl Kern fue rebajado de servicio y, después, concedida la incapacidad total, pero fue motivo de estudio e investigación durante muchos años. Con el tiempo, los médicos y el propio paciente descubrieron otros curiosos síntomas: su cerebro tenía que estar en continua actividad porque en caso contrario se encontraría agotado, no podía soportar periodos de inactividad de más de una hora, desarrolló sensibilidad a la luz. El agujero en su cráneo le produjo una alta sensibilidad a las ondas acústicas, desarrolló una alta tolerancia al alcohol, al punto de ser incapaz de emborracharse. Pero lo más destacado fue la ausencia total de somnolencia, bostezo incluidos.
Kern falleció el 6 de marzo de 1943 debido a un infarto de miocardio, tras 40 años sin dormir. Su caso, al día de hoy, sigue desconcertando a los médicos.
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