07 de febrero de 2023

Matanza de Paracuellos

Matanza de Paracuellos

El informe de Pérez Quesada, diplomático argentino y testigo de la Guerra Civil, sobre la masacre de Paracuellos

Cientos de presos de las cárceles de Madrid fueron asesinados y enterrados en Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Pérez Quesada decidió comprobarlo y enviar un informe

Edgardo Pérez Quesada (1883-1964) fue un diplomático argentino que se convirtió en testigo de la Guerra Civil española. Al estallar la misma, se encontraba al frente de su Embajada como encargado de negocios, ya que el embajador García Mansilla se encontraba en Zarauz, desde donde pasó a Francia. Pérez Quesada permaneció en Madrid, con un personal reducido al mínimo, comenzando su labor de amparo a los ciudadanos argentinos. Como primeras medidas se proveyeron brazaletes con los colores nacionales, sellados y garantizados con su firma, y se expidieron certificados para las casas habitadas por argentinos, buscando así evitar las revisiones o las requisas de la Policía y de los milicianos. La inmediata oleada de asesinatos indiscriminados y ajustes de cuentas sociales en la España republicana motivó al Cuerpo Diplomático extranjero a realizar una generosa aplicación del derecho de asilo diplomático, amparando a más de 11.000 españoles. Para la evacuación de sus refugiados, Buenos Aires ordenó a sus buques 25 de mayo y Tucumán que fondearan en el Levante español y le ayudaran.

Se expidieron certificados para las casas habitadas por argentinos, buscando así evitar las revisiones o las requisas de la Policía y de los milicianos

A finales de 1936, la Embajada argentina y pisos anexos protegían a una colonia de 300 personas, con independencia de los dos centenares largos de refugiados que había en la Legación de Uruguay, bajo su protección desde la ruptura de relaciones diplomáticas de este país con la República española. Además, Pérez Quesada gestionó la protección y salida, clandestinamente, de personalidades muy amenazadas como el diputado Ramón Serrano Suñer y su familia, la hija y el yerno del asesinado político liberal Melquíades Álvarez, a través del consulado de Alicante. Visitó cárceles y checas, salvando a numerosas personas, entre ellas a la duquesa de la Victoria, presidenta de la Cruz Roja española. No obstante, ante la llegada de las fuerzas franquistas a los alrededores de Madrid, Pérez Quesada aceptó el asilo de algunos republicanos, temerosos de la caída de la capital en manos de sus enemigos.
Dibujo de Edgardo Pérez Quesada y la duquesa de la Victoria

Dibujo de Edgardo Pérez Quesada y la duquesa de la Victoria

Consciente de la existencia de varios poderes en la España republicana –la administración central, la local, los milicianos, los sindicatos y partidos políticos– Pérez Quesada decidió realizar una política de entendimiento y evitar la confrontación. El 23 de noviembre de 1936, entregó a la Cruz Roja la suma de medio millón de pesetas recaudadas en Argentina para los hospitales republicanos, además de participar en otras campañas contra el hambre y a favor de la infancia. A comienzos de 1937, Pérez Quesada se trasladó a Valencia –sede del Gobierno republicano– para gestionar la evacuación de todos los asilados de Madrid, hombres, mujeres y niños. Entre el 1 de enero y el 26 de febrero se organizaron ocho expediciones de salida hacia Alicante y Valencia. Absolutamente todos los asilados fueron evacuados por la Marina argentina hacia Francia, siendo el mayor éxito de Pérez Quesada y sus colaboradores. El diplomático argentino abandonó España y se instaló en su nuevo destino en Lisboa, ascendido a ministro plenipotenciario. Mientras tanto, más de 700 españoles solicitaron protección y evacuación hacia la España nacional a la embajada argentina instalada en San Juan de Luz, siendo atendidos en su solicitud.

Pérez Quesada no había cesado de enviar informes a su Gobierno sobre el auge de la violencia represiva en la capital

El informe de Pérez Quesada

Paralelamente, Pérez Quesada no había cesado de enviar informes a su Gobierno sobre el auge de la violencia represiva en la capital, lo que, indudablemente, debió repercutir en la visión que la clase política argentina tuvo sobre la guerra de España. Entre el 7 y el 8 de noviembre comenzaron a producirse unas sacas de cientos de presos de las cárceles de Madrid, cuyos integrantes fueron asesinados y enterrados en Paracuellos del Jarama y Torrejón de Ardoz. Los hechos fueron descubiertos por el cónsul noruego, Félix Schlayer, lo cual comunicó personalmente a Pérez Quesada, que decidió comprobarlo y enviar un informe a sus superiores, al que el autor de este artículo tuvo acceso gracias a la copia que custodia su familia.
Describió una de las zanjas «que tiene aproximadamente un metro ochenta de profundidad», al acudir al lugar tras regresar de una visita a la prisión de Alcalá de Henares, acompañado por Schlayer. «No vi los cadáveres pero sí pude percibir claramente el olor de los cuerpos en descomposición y además escuché, como antes en Paracuellos lo hiciera mi compañero, referencias del vecindario que confirmaban que allí fueron enterrados varios centenares de personas». Comunicó que la orden de entrega de los presos a las organizaciones políticas que tenían la misión de trasladarlos fue firmada por el subdirector de Seguridad, Girauta. Sin embargo, parece que el mandato de que se firmase esa orden fue responsabilidad del que era director general de Seguridad, don Manuel Muñoz, en la noche del 6 al 7 en que él junto al Gobierno republicano huyeron hacia Valencia. Todavía, pues, no se conocía la responsabilidad de varios miembros de la Junta de Defensa de Madrid, así como de algunos ministros, en la operación.
Según las informaciones de Pérez Quesada, el director de la cárcel Modelo y el subdirector de Seguridad hicieron todo lo posible por aplazar la salida de los presos, ya que tenían fundado temor de que iba a producirse el asesinato masivo, «pero los elementos encargados de hacer el traslado se negaron. Esos elementos eran policías del Gobierno afectos a la brigada de investigación que ha dirigido el conocido propagandista García Atadell». El cónsul de Noruega le dijo a Pérez Quesada que esos policías habían reclutado a individuos voluntarios para fusilar entre los milicianos que prestaban servicio de guardia en la Cárcel Modelo, a fin de que les auxiliaran porque «era escaso el tiempo de que disponían para matar a tanta gente y ellos eran pocos». Algunos de estos mismos auxiliares voluntarios confesaron más tarde, con toda clase de detalles, su hazaña a los presos que prestaban servicio de escribientes en una galería de la Modelo. Dos de ellos fueron liberados y solicitaron asilo en la Legación de Noruega, donde comunicaron al cónsul las noticias.
Una copia de este informe de Pérez Quesada fue enviada a Londres por el encargado de negocios británico en Madrid, Olgivie Forbes. La traducción del mismo produjo una gran conmoción en el Foreign Office y ayudó a solidificar todos los sentimientos antirrepublicanos de numerosos funcionarios del Gobierno británico, que vieron confirmadas sus sospechas sobre la existencia en España de una represión revolucionaria semejante a la soviética.
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