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Los miembros del equipo de Scott en el Polo Sur, el 18 de enero de 1912

Los miembros del equipo de Scott en el Polo Sur, el 18 de enero de 1912

Tragedia en la Antártida: la épica odisea del capitán Scott al Polo Sur

En la Isla de Ross, donde desembarcó el capitán Scott en su tercera misión fallida a la Antártida, hoy se ubican la base McMurdo, que pertenece a los Estados Unidos y es el mayor centro científico de la Antártida

«Mi querido capitán Scott, probablemente será usted el primero que alcance el polo después de nosotros. Le ruego acepte mis sinceros deseos de un feliz retorno», fueron las palabras que leyó el capitán Robert Falcon Scott el 17 de enero de 1912 cuando alcanzó los 90 grados latitud sur, el punto más austral del planeta. Entonces se dio cuenta que habían perdido la carrera por el Polo Sur.

Roald Amundsen y cuatro compañeros habían llegado a ese punto un mes antes, el 14 de diciembre de 1911, y dejaron allí la bandera de Noruega, una pequeña tienda de campaña con víveres, el diario de la expedición y la famosa carta que escribió Amundsen a su rival inglés. Sin embargo, la auténtica odisea para Scott empezó en su camino de regreso al puesto base.

Regresar con vida era el premio de consolación después de una aventura que empezó hace meses y llevó años de preparación. El 15 de julio el Terra Nova zarpó de Gales con 65 hombres, además de caballos, perros, instrumentos científicos y tres tractores oruga con motor. El buque se dirigió a Sudáfrica, donde embarcó el capitán Scott, recalaron en Nueva Zelanda y, de inmediato, pusieron rumbo al continente blanco. Situaron su base en la isla de Ross, la puerta de entrada de las anteriores expediciones que realizó Scott al continente antártico.

El Terra Nova, el barco utilizado por Robert Falcon Scott en su expedición a la Antártida entre 1910 y 1913

El Terra Nova, el barco utilizado por Robert Falcon Scott en su expedición a la Antártida entre 1910 y 1913

En enero de 1911, los británicos construyeron su refugio al que llamaron la Cabaña del Cabo Evans, donde permanecieron varios miembros del equipo de Scott para prestar apoyo logístico y auxilio si fuese necesario. Desanimados y con pocos pertrechos, los cinco expedicionarios británicos que habían llegado al Polo Sur emprendieron la marcha, aunque tenían por delante un regreso muy diferente al que tuvo Amundsen. La suerte que había acompañado a los noruegos no respetó a los británicos, que sufrieron temperaturas de hasta menos 60 grados bajo cero, ventiscas, hambre y heridas mortales.

«Durante cuatro días no hemos podido salir de la tienda. El temporal aúlla en torno. Estamos débiles, escribir es difícil, pero por mi parte no lamento esta travesía, que demuestra que los ingleses pueden resistir penurias, ayudarse y afrontar la muerte con tanta entereza como en el pasado», dejó escrito el capitán Scott durante la travesía de regreso.

Una carrera contra la Antártida

Aunque jamás llegó a saberlo, en aquel momento estaban a tan solo 18 kilómetros del depósito que habían dejado a la ida y que contenía una tonelada de alimentos que los hubieran salvado. Además, a la dureza climática debían sumar la muerte de varios de sus compañeros, uno de ellos por un edema cerebral al que no pudieron asistir y murió a los pocos días.

Otro de los oficiales ingleses, que tenía dificultades para caminar por las quemaduras en los pies, abandonó un día la seguridad de la tienda y diciendo que «puede que tarde un rato en volver», aunque todos sabían, según afirmó Scott en su diario, que jamás volverían a verlo.

Regresar con vida era el premio de consolación después de una aventura que empezó hace meses y llevó años de preparación

Ya no quedaba comida, las temperaturas heladoras y el agotamiento acabó poco a poco con cada uno de ellos, incluido Scott que los días previos a su muerte quiso dejar por escrito lo que allí habían padecido a modo de disculpa a su nación: «corrimos riesgos, y a sabiendas; si la suerte no nos ha sonreído, no tenemos motivos de queja, sino que nos sometemos a la voluntad de la Providencia, aún decididos a esforzarnos hasta el final. Pero, así como estuvimos dispuestos a ofrendar la vida en esta empresa, que redunda en honra para nuestro país, pido a nuestros compatriotas que procuren a nuestros seres queridos las merecidas atenciones. Si hubiéramos sobrevivido, yo habría podido contar la historia del empeño, la resistencia y el coraje de estos compañeros, que habría conmovido a cualquier inglés. Estas toscas notas y nuestros cadáveres deberán contar la historia», y así lo hicieron.

Mapa antártico del área del mar de Ross, con los recorridos de la expedición Terra Nova (verde) y la expedición de Amundsen (rojo)

Mapa antártico del área del mar de Ross, con los recorridos de la expedición Terra Nova (verde) y la expedición de Amundsen (rojo)

A finales de marzo de 1912, Scott y su compañero murieron, poniendo fin a la expedición que los llevó a ser los segundos en llegar al Polo Sur. El resto de los británicos que se encontraban en el refugio emprendieron la búsqueda de sus compatriotas varias semanas después, pero no fue hasta el 12 de diciembre de ese mismo año cuando encontraron los cuerpos congelados del capitán Scott y uno de sus hombres en el interior de la tienda. Una vez recuperados los cuerpos de todos, salvo el del oficial que salió a pasear en mitad de la ventisca, los británicos levantaron un monolito en Hut Point, en el que escribieron los versos del poeta inglés Tennyson «golpear, buscar, encontrar y nunca rendirse», para honrar la memoria de sus compañeros.

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