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Rafael Sánchez Saus, director de la Fundación Cultural Herrera OriaACdP

Entrevista a Rafael Sánchez Saus, catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Cádiz

Rafael Sánchez Saus: «España es la nación con elementos comunes y asentados más antigua de Europa»

El autor de Historia de la nación española. Una huella milenaria confiesa que, en parte, ha escrito el libro para que «tengamos instrumentos, elementos de carácter histórico para combatir la 'crisis de la nación'»

Mientras que unos afirman los orígenes de la nación española en los tiempos más remotos; otros niegan, incluso, su existencia histórica y cuestionan su vigencia hoy. Para resolver este conflicto, el catedrático de Historia Medieval en la Universidad de Cádiz y director de la Fundación Cultural Herrera Oria, Rafael Sánchez Saus, publica Historia de la nación española (Esfera de los libros), una monumental obra en la que se sumerge en la Antigüedad y la Edad Media buscando la huella milenaria de España.

Historia de la nación española profundiza en el largo proceso por el que ha caminado la nación española hasta las Cortes de Cádiz, un camino lleno de obstáculos que ha dejado cicatrices en la identidad compartida. «He querido escribir este libro para que tengamos instrumentos, elementos de carácter histórico para combatir la crisis de la nación», desvela Sánchez Saus en conversación con El Debate.

Portada de Historia de la nación española, de Rafael Sánchez Saus

–En su libro, se presenta una visión amplia de la historia de España. ¿En qué momento considera que comenzó a consolidarse como tal?

–La clave del libro consiste, precisamente, en no contemplar lo que podríamos llamar un momento fundador. No se puede decir: 'Antes de esto no había nación española'. 'Después de esto hay nación española'. Las naciones son producto de procesos históricos y culturales muy complejos, muy trabados, que van creciendo a lo largo de los siglos y en el que en cada momento presentan características diferentes.

Entonces, lo importante no es decir, a partir de este momento hay una nación española. A mí me parece mucho más interesante poder afirmar que cualesquiera que hayan sido los rasgos de comunidades reconocibles que hayan podido acabar convirtiéndose en nación, España siempre los ha poseído. Entonces, si nos vamos a lo que era el concepto de una comunidad política, de un reino cristiano en la Edad Media, dentro de la civilización europea occidental o latina, que ya anunciaba lo que iba a ser el futuro una nación. Los reinos españoles lo tenían y tenían esa unidad cultural y esa visión histórica de conjunto necesaria.

Cuando los siglos modernos avanzan. Ya el concepto de nación de España tiene todos los elementos. Y cuando, ya a partir de la época de las revoluciones liberales, especialmente de la Revolución Francesa, de la Constitución de Cádiz, etc., las naciones son ya también sujetos de soberanía política. Nos encontramos con que España también está ahí, digamos, desde la primera hora. Es decir, que cualquiera que hayan sido los rasgos de la Nación, España siempre los ha tenido en función de las circunstancias históricas, de lo que se ha exigido en cada momento a esas comunidades.

Ahora, ¿cuándo surge España como nación? Lo que sí que podemos decir con toda seguridad es que en la época moderna del siglo XVI, incluso antes, ya en el siglo XV estaban todos los elementos de lo que hoy reconocemos como nación cultural e histórica.

–En su libro se menciona la expansión del Imperio español. ¿Cómo ve el contraste entre la idea de nación en el contexto del Imperio y el concepto de nación en la España contemporánea?

–Bueno, cuando hablamos de imperio hay como dos facetas: el Imperio en Europa y el Imperio en América. El primero es consecuencia de una casi casualidad, de un azar dinástico que lleva a la presencia durante mucho tiempo, dos siglos, de una manera muy protagonista de España en Europa, pero que responde no una presencia de la nación española en Europa, sino de los intereses de la dinastía Habsburgo en Europa. No hay, por lo tanto, una proyección de la nación española más allá del plano político, militar, etc. sobre Europa.

Una cosa muy diferente es lo que sucede en América. En América sí que hay toda una proyección, una explanación de la nación sobre el territorio americano. El proceso de descubrimiento, de conquista y después de colonización del territorio, quien lo realiza fundamentalmente –como sostengo en el libro– no es la corona, ni es la Iglesia, aunque naturalmente cumplen con su misión cada una de ellas, sino que es el pueblo español quien de una forma progresiva, digamos, se expande en América, llevando aquí todas sus características. Y yo explico que el éxito de la colonización española en América, de la presencia española en América, que es impresionante y es algo de lo que no hay precedentes en la historia, en ninguna historia en esa dimensión; es producto, precisamente, de que las características propias del pueblo español como sociedad encuentran en América un campo, podríamos decir de expansión extraordinario y resulta ser muy exitosa.

El siglo XVIII es el siglo clave para la que podríamos llamar la consolidación de la idea de España como nación

Las estructuras familiares, las estructuras municipales y las estructuras sociales propias de la península en el siglo XV y XVI se instalan en América. Y más allá de la cuestión del mestizaje y de otros elementos propios americanos, se instalan allí tal cual estaban en España. Entonces ahí sí que cabe hablar, digamos, de una presencia de la nación española que crea todo, toda la base humana y social de las actuales naciones americanas.

–En su opinión, ¿cómo ha cambiado la concepción de la nación española desde los Reyes Católicos hasta las Cortes de Cádiz?

–El gran cambio es, aparte de la conciencia que va cobrando cada vez más la nación española de lo que podríamos llamar su característica y su singularidad cultural. Porque el Siglo de Oro es un momento que se vive con mucha conciencia de que es un momento de gran esplendor cultural, del que hay un enorme orgullo... –esto hoy parece que lo hemos olvidado un poco– Pero todo ese esplendor cultural, digamos al pueblo español le hace tener más conciencia de sí mismo, como sucede siempre.

Pero el gran cambio va a ser el hecho de que progresivamente la nación va tomando conciencia de sí misma de forma que ya no se refiere tanto a la dinastía y a la figura de los reyes como al conjunto del pueblo que respalda esa nación. De forma que cuando se llega a la Constitución de Cádiz y a principios del siglo XIX, nos encontramos en condiciones, por una parte importante de la clase política, de las élites, etcétera, sienten con fuerzas como para reclamar a la nación soberana que ya es algo así como el grado máximo, por lo menos hasta ahora, que se concede a la nación, la nación soberana que es la nación política, la soberanía, ya no está en los reyes, sino que está en la propia nación. Y la propia nación, como define la Constitución de Cádiz, son todos los españoles de uno y otro hemisferio. Después se reducía a los españoles de España. Pero en principio son todos. O sea, ya no corresponde a los Reyes.

Entre el siglo XV y el siglo XIX, para que sucediese semejante cosa, lo que se tiene que dar es algo que se produce sobre todo en el siglo XVIII que es una fuerte nacionalización de la vida, de las ideas, de las costumbres y al mismo tiempo, como diríamos de la idea de España, va siendo aceptada más y más, por todos los componentes de la monarquía española, por todos los reino; cuando la monarquía española era Flandes, era Nápoles y todo eso será más difícil. Pero cuando a partir de Utrecht, la monarquía española se reduce a la península y a América, a los territorios propiamente españoles en aquel momento, entonces eso da un gran salto adelante y a partir de entonces esa conciencia crece extraordinariamente. El siglo XVIII es el siglo clave para la que podríamos llamar la consolidación de la idea de España como nación.

El lienzo representa el III Concilio de Toledo, celebrado en la ciudad de Toledo en el año 589, durante el reinado de Recaredo, quien abandonó el arrianismo y se convirtió al catolicismo

–A lo largo de la historia de España, la monarquía ha jugado un papel crucial en la consolidación del Estado. ¿Cómo evalúa la influencia de la monarquía en la construcción de la nación española? ¿Cree que su papel ha tenido un papel siempre unificador?

–Creo que es absolutamente decisiva. No se puede entender la construcción de la Nación española sin el papel de de la monarquía. Incluso ya desde la época visigoda porque el periodo visigodo le da a la futura Nación española dos de sus rasgos más potentes: uno es el hecho de la catolicidad después el tercer Concilio de Toledo. Y el segundo, que es el de la monarquía, el de la realeza. Porque a partir de esa época, quitando siete u ocho años, España siempre ha conocido monarquías. Yo he llegado a decir –lo sostengo– que España, como realidad histórica, es el resultado de la labor de sus reyes. Y durante mucho tiempo fueron ellos por sus conveniencias, intereses dinásticos, etcétera, los que alentaron la posibilidad de la unificación, primero dinástica y después en todos los órdenes de los territorios que surgen de la resistencia frente al Islam. Entonces, son los reyes los que de una manera –muchas veces no consciente–, pero los que van construyendo la posibilidad de la reunificación territorial y eso es un legado fundamental, porque al mismo tiempo, después la monarquía siempre ha sido la que ha vigilado, por decirlo así, la que ha velado por la unidad de territorial de España.

España, como realidad histórica, es consecuencia de la labor de sus reyes

–¿Cree que la Reconquista, el descubrimiento de América y la Guerra de Independencia, episodios que usted describe en su libro, siguen influyendo en la sociales de España en el siglo XXI?

–Bueno, son cosas muy diferentes y de muy distinta envergadura. Si nos referimos a la Reconquista y a la repoblación, son las responsables de la configuración de los diversos territorios españoles y de España hasta nuestros días. Es decir, que la unidad poblacional de España, que es verdaderamente sorprendente en un país tan grande y que no hay probablemente ningún otro país europeo en el que se vea de una forma tan clara. Resulta que, a pesar de tantas diferencias a lo largo de los siglos, se forma, precisamente como consecuencia de los procesos de repoblación. Es decir, el hecho de que grupos importantes, numerosos, compactos de población norteña, progresivamente, pue se fuesen instalando y fuesen colonizando los territorios anteriormente andalusíes; eso es lo que hace que España tenga la unidad poblacional que tienen. Por tanto, es fundamental, porque eso es lo que hace que las características culturales de la España cristiana, se pudiesen extender después hacia todo el mundo del territorio. Son, por lo tanto, aspectos de fondo importantísimo: la Reconquista y la repoblación.

Lo que significa el descubrimiento de América es la posibilidad, en el mismo momento en que está cuajando la nación española, la posibilidad de proyectar hacia un carácter casi mundial, los rasgos de esa nación. Y eso es lo que hace que también España sea una de las naciones que verdaderamente, ha troquelado el mundo. O sea que es esa la posibilidad de expansión de algo que tiene en ese momento una enorme energía y una gran capacidad de expansión. Y por lo tanto tiene mucho que ver con el proceso también de digamos, de asentamiento y de toma de conciencia de la nación.

La invasión napoleónica tiene otro carácter. Es decir, hay que inscribirla en el conjunto de las guerras revolucionarias de los primeros años del siglo XIX. Nosotros lo hemos llamado guerra de la Independencia, pero realmente España no se jugó su independencia. España lo que lo que es, es un escenario más del conjunto de guerras y de conflictos que provoca la Revolución Francesa y la figura de Napoleón. Entonces, yo creo que tiene un carácter menor, con respecto a los otros acontecimientos. Lo que pasa es que nos marca mucho porque la guerra de la Independencia, es un trauma tremendo para España y un desastre porque significa una pérdida de recurso, significa es un desastre también desde el punto de vista económico es un desastre desde el punto de vista político, es un desastre desde el punto de vista incluso de pérdidas humanas... y eso marcó ya muy claramente el descenso de la nación española desde ser una potencia mundial, que era todavía hacia 1800, a ser una potencia de segundo o tercer orden hacia 1840. Es decir, España no se recupera del tremendo desgaste que supone la guerra napoleónica. En ese aspecto es algo muy dañino, muy destructor. Pero claro, no tiene la entidad, creo yo, que tiene los otros acontecimientos que hemos mencionado.

–¿En qué medida considera que su trabajo ofrece una reinterpretación de la historia de España frente a las visiones tradicionales?

–Lo que intenta poner de relieve [la obra] es que la nación española –que es indiscutible– es el resultado de un largo proceso de formación, que le ha dado todas sus características, que vienen de muy atrás, pero que está en continua construcción. Probablemente, no sabemos que va a pasar dentro de 200 o 300 años, pero seguro que habrá gentes, historiadores que dirán que España no era hacia el año 2000 no era una nación, porque no reunía las características que en el 2200 le exigirán a una nación. Pero lo que quiere decir que hay que medir las cosas por sus efectos en el momento en que se producen.

En ese aspecto, yo creo que hay que ser conscientes de que España es, no solamente una nación, sino que es posiblemente –al menos en Europa– la nación con elementos comunes y asentados más antigua de Europa y que ha ido desenvolviéndose a lo largo del tiempo, siempre en una situación o en una posición puntera sobre lo que significaba ser nación en cada momento. Y yo creo que eso es el mensaje. Lejos de pensar que no somos una nación como muchos hoy sostienen... ya no es que digan que Cataluña o que el País Vasco, que otros territorios son naciones y España es otra cosa: es que ya lo que se ha llegado es a decir que España no es una nación, mientras que las otras sí. Lejos de eso, lo que afirmo es que España es La Nación y como decía Julián Marías, en su momento, se podría decir que España es «La Supernación», porque siendo una nación recién ha aparecido en la historia; sin embargo, supo hacer frente a una situación, digamos de una ocasión de carácter único, universal y estar a la altura de los acontecimientos. Y eso por ser muy difícil, muy complicado, pero España triunfó en ello.

–¿Qué lecciones se pueden extraer de la historia de la nación española para afrontar los retos del futuro en términos de unidad y cohesión social?

–Yo creo que el más importante es que cuando España ha ido progresando y ha ido manteniendo sus vínculos: entre los españoles, los vínculos de solidaridad, los vínculos sentimentales, que nos permiten ser una nación con cohesión. Vamos a decirlo así, a España le ha ido bien. Y que cuando lo que ha prevalecido, es el espíritu de enfrentamiento, de disgregación, de separación, las consecuencias han sido muy malas. Las consecuencias más claras son consecuencias de declive, de pérdida de oportunidades históricas y a veces, de terribles enfrentamientos.