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Plaza de Loreto el 28 de abril de 1945

80 años

Mussolini fue fusilado y su cadáver expuesto en una plaza de Milán: «Nunca se ha visto tanta sed de venganza»

El dictador italiano fue ejecutado el 28 de abril de 1945. Su muerte marcó el final del fascismo

«Mussolini, con su amante, Clara Petacci, y 12 miembros de su gabinete, fueron ejecutados por partisanos en un pueblo del lago Como ayer por la tarde, tras ser detenidos en un intento de cruzar la frontera suiza», informaba The Guardian el 30 de abril de 1945. «Los cuerpos fueron llevados anoche a Milán», detallaba el medio inglés.

«Mussolini, Pavolini y Farinacci fueron detenidos cuando comían en una villa próxima al lago Como, ha anunciado la Radio de Milán», recogía el periódico El Adelantado de Salamanca el 29 de abril de 1945. En mayo, otros periódicos españoles se hicieron eco de la noticia como el Abc el primero de mayo de 1945: «Mussolini y sus principales colaboradores, fusilados». Según este último medio, «los cadáveres de Mussolini y de las 17 personalidades fascistas capturadas y fusilados por los guerrilleros, están expuestos en la plaza Loreto de Milán».

En 1943, las cosas empezaron a torcerse para el dictador italiano: los aliados habían conseguido desembarcar exitosamente en Sicilia y poco a poco irían ganando terreno. Pronto dejaría de contar con el apoyo de Hitler y sus propios lugartenientes. Aquella situación se prolongaría durante dos años y para la primavera de 1945 ya lo daba todo por perdido.

De esa manera decidiría huir a Suiza para salvar su vida. Su plan consistiría en disfrazarse de soldado raso e integrarse en un convoy militar alemán. Al llegar a Como, en el norte de Italia, dejó atrás todo y escapó escondido en un camión junto a su amante, Clara Petacci, quien correría el mismo trágico destino.

Sin embargo, el convoy fue detectado cerca de la localidad de Dongo por un grupo de partisanos comunistas de la Brigada Garibaldi dirigidos por Urbano Lazzaro. «Mussolini fue sorprendido en Dongo, lago de Como, conduciendo solo en un coche con su uniforme cubierto por un abrigo alemán», relataba el corresponsal de The Guardian.

Tras reconocer al dictador italiano, los partisanos lo arrestaron de inmediato. La noticia de su detención llegó a Milán y el encargado de difundirla fue Sandro Pertini, el futuro presidente de la República. También fue el encargado de comunicar que la decisión del Comité de Liberación Nacional (CLN) había sido que Mussolini debía ser fusilado «como un perro rabioso». Y así se hizo.

El CLN envió un comando a Como para llevar a cabo la ejecución. Durante el traslado de Mussolini y su amante, los partisanos realizaron una parada en la pequeña localidad de la villa Belmonte. El dirigente italiano y Petacci fueron conducidos hasta una tapia donde serían fusilados.

Los cadáveres expuestos de Benito Mussolini y Clara Petacci en Piazzale Loreto, Milán, 28 de abril de 1945.Archivio Gbb

De acuerdo con la versión extendida de la muerte de Mussolini, se dice que fue el comunista Walter Audisio quien apretó el gatillo y con cinco disparos asesinó al duce y a su amante en la tarde del 28 de abril. Acto seguido sus cadáveres fueron trasladados a Milán en un camión. Llegarían un día después a la plaza de Loreto, en el centro de la ciudad italiana. En ese lugar, el cuerpo de Benito Mussolini fue víctima de una brutal agresión: fue apedreado, pisoteado y tiroteado; incluso hubo quienes llegaron a orinar sobre él.

Gesto de venganza

«La radio de Milán informa de que una gran multitud se ha congregado en la plaza de Loreto para ver los cadáveres, que son 18», detallaba el periodista del medio inglés. Aquella macabra escena fue descrita por la radio italiana: «Desde la entrada de la plaza es imposible moverse porque la multitud es muy grande. Es interesante ver el odio, la furia de los que están alrededor. La gente escupe sobre el cuerpo, pero eso es sólo una continuación de la justicia que debería haber sufrido», se narró en 1945.

Con el objetivo de mostrar de manera pública la muerte del dictador a los ciudadanos, colgaron los cuerpos de Mussolini, Petacci y otros altos dirigentes fascistas boca abajo en una estación de servicio de la misma plaza. «Quieren que los cuerpos permanezcan allí seis meses, y eso no es suficiente. Nunca se ha visto tanto odio, rencor y sed de venganza», recogía la crónica realizada por The Guardian el 30 de abril de 1945.

Horas más tarde, los responsables locales del CLN determinaron poner fin a la macabra exhibición: los cadáveres fueron descolgados y depositados en cajas de madera rellenas de paja, para luego ser enterrados en sepulturas anónimas.

En cierto modo, exponer el cuerpo del duce en la gasolinera de la plaza Loreto aspiraba a destruir su mística y carisma, aunque estos hacía mucho tiempo que le habían abandonado, tal y como indica Óscar González López en un artículo publicado en El Debate. «El ultraje a los cadáveres fue calificado por el mismo Sandro Pertini como 'insurrección deshonrada', donde la justicia partisana alcanzó su punto más bajo», sentencia.