Península de Nuussuaq, Groenlandia, vista desde Uummannaq a través del estrecho de Sarqarput.
Picotazos de historia
Las momias inuit que revelaron secretos de la cultura Thule
En una remota tumba inuit del siglo XV en Groenlandia, ocho momias excepcionalmente conservadas —seis mujeres y dos niños— revelan un misterio familiar aún sin resolver
Era el mes de octubre de 1972, en la península de Nuussuaq, cerca de la población de Uummannaq, en la costa occidental de Groenlandia. Dos hermanos, llamados Hans y Jokum Gronvold, iban a realizar un gran descubrimiento.
Los dos hermanos estaban cazando perdices nivales cuando encontraron restos de lo que parecía un asentamiento inuit (antes se les llamaba esquimales, pero el término fue abandonado por considerarse despectivo). Revisando los restos que fueron encontrando, dieron con una serie de apilamientos de piedra que claramente indicaban enterramientos. Retiraron las piedras y lo que encontraron les asustó tanto que decidieron taparlo y corrieron hacia la población más cercana para dar parte a las autoridades de lo que habían hallado.
Hubo una investigación. Se concluyó que no había habido crimen de ningún tipo y que lo que allí había era un yacimiento arqueológico. Se dio carpetazo al expediente policial y se pasó nota a las autoridades competentes. Estas no debieron darle demasiada importancia o el informe se traspapeló entre otros documentos.
El informe del yacimiento de Nuussuaq permaneció ignorado hasta el año 1977, en el que la casualidad hizo que el director del Museo Nacional de Groenlandia viera unas fotografías del yacimiento que acompañaban al expediente original. Inmediatamente reconoció su importancia y lo que allí se encerraba. Con toda premura organizó y reunió fondos con vistas a la excavación y estudio en profundidad del lugar.
Las excavaciones determinaron que había diferentes enterramientos. Debido a la dureza del terreno, estos consistían en un área redonda, someramente excavada, sobre la que se acumulaban piedras dispuestas de manera circular, que daban lugar a una construcción de aspecto cónico truncado.
Uno de estos enterramientos reunía unas condiciones óptimas que habían permitido la momificación natural de los individuos allí enterrados. Este enterramiento contenía ocho cuerpos —que son los protagonistas de este artículo— en un estado de conservación excepcionalmente bueno. Los cadáveres estaban completamente vestidos con ropas acolchadas y cubiertos con pieles de foca.
Con muchísimo cuidado se procedió a su traslado hasta el Museo Nacional de Dinamarca, en Copenhague. Ya en los laboratorios, los científicos decidieron trabajar solo en aquellas momias que estuvieran en peores condiciones, dejando las otras sin tocar.
Las ropas, en un grado de conservación asombroso, aportaron abundante información acerca de la cultura Thule, a la que pertenecían los individuos. Los estudios determinaron que habían sido enterrados entre los años 1470 y 1490 d. C. Los ocho cadáveres transportados pertenecían a seis mujeres adultas y a dos niños. El primer grupo tenía entre veinte y cincuenta años de edad; el segundo, unos cuatro años y el más pequeño apenas escasos meses.
La isla de «Thule» como «Tile» en la Carta Marina de 1539, creada por Olaus Magnus (1490-1557)
A partir del descubrimiento del ADN mitocondrial se ha podido establecer que todos los individuos estaban emparentados entre sí. Las tres mujeres mayores eran hermanas de doble vínculo (mismo padre y madre); las tres más jóvenes, hijas suyas, y los niños, sus nietos.
A los científicos les sigue resultando desconcertante que en la tumba solo hubiera un varón, el niño mayor, ya que los inuit se entierran todos juntos. Todos los individuos fallecieron por causas naturales —excepto la criatura de pocos meses— y en un periodo de tiempo muy corto. Por ello desconcierta el alto número de fallecimientos en un linaje concreto y solo de mujeres y niños. Por cierto, el pequeño, de apenas unos meses, fue enterrado vivo junto al cadáver de su madre. Lo más probable es que se le buscara una muerte más rápida y misericordiosa al no poder alimentarlo. El pequeño cuerpo se enfrió rápidamente y dio lugar a una momificación pasmosamente buena.
De hecho, los investigadores inicialmente tomaron el cadáver por una muñeca. El análisis del cuerpo del niño de cuatro años reveló que tenía síndrome de Down, además de otra dolencia que le impedía subsistir por su cuenta. Falleció de muerte natural.
La buena conservación de las momias permitió que se apreciaran con nitidez los tatuajes faciales, consistentes en líneas en las mejillas, frente y barbilla. Los tatuajes fueron hechos utilizando pigmentos naturales de color negro y azul oscuro. Una de las mujeres adultas —el individuo II/7, de unos veinte años de edad— es la única que no presenta tatuajes, por lo que se cree que debía estar soltera cuando falleció.
Como resultado de la política de devolución del patrimonio histórico por parte del Reino de Dinamarca, tras el reconocimiento de Groenlandia como un Estado constituyente del reino, fueron enviadas las momias, junto con las notas y las investigaciones relacionadas, al Museo Nacional de Groenlandia —asociado al Museo Nacional de Dinamarca— en la capital, Nuuk.
Todo lo que les he expuesto arriba explica y da contexto a las momias más impresionantes que he visto en mi vida. En especial, la del niño pequeño.