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Santiago Casares Quiroga pronunciando una arenga durante la presentación de Izquierda Republicana

Santiago Casares Quiroga pronunciando una arenga durante la presentación de Izquierda RepublicanaFundación Francisco Franco

Dinastías y poder

¿Qué unió a un político derrotado, una actriz exiliada y un Nobel rebelde?

La figura de Santiago Casares Quiroga y el exilio cultural de su hija María Casares reflejan el vínculo entre la política republicana y la vanguardia artística del siglo XX

La historia de España en el siglo XX está marcada por figuras políticas cuyos descendientes han dejado huella en el arte y la cultura de su tiempo. Es el caso de Santiago Casares Quiroga, líder del republicanismo gallego y presidente del Consejo de Ministros en los días previos al alzamiento militar de 1936. Pero esta historia personal no se limita a la política: su hija, María Casares, actriz de renombre en Francia, se convirtió en un símbolo cultural del exilio republicano. Su amistad íntima con el filósofo y escritor Albert Camus añade una dimensión intelectual y emocional a esta saga familiar, que refleja los complejos nexos entre la política y la cultura.

Santiago Casares Quiroga fue un hombre de peso en la II República, con una evolución ideológica compleja. Para algunos, un legalista moderado que se reveló insuficiente frente al colapso institucional del régimen. Había nacido en La Coruña en 1884, en una familia de clase acomodada. Estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela, donde se formó en el pensamiento liberal.

María, con su padre, Santiago Casares Quiroga

María, con su padre, Santiago Casares Quiroga

Inicialmente se vinculó a partidos de corte más conservador, pero pronto abrazó el federalismo gallego. En la capital gallega empezó a desempeñar su labor profesional y política, vinculado al republicanismo local. Se casó y, en 1922, nació su hija María, futura actriz de éxito y diva del teatro francés.

En sus primeros pasos políticos destacó como diputado y líder regional de la ORGA (Organización Regionalista Gallega Autónoma), defendiendo la autonomía gallega y las reformas sociales. Ya proclamada la II República, Casares Quiroga sustituyó a Miguel Maura como ministro de la Gobernación en el primer Gobierno de Azaña. Maura, que había ocupado ese puesto desde el 14 de abril, dimitió en octubre de ese año debido a diferencias políticas, especialmente por la dirección que estaba tomando la República respecto al orden público y la radicalización, con episodios como la quema de conventos. Casares Quiroga asumió esa cartera hasta 1933.

Tras el nombramiento de Azaña como presidente de la República en mayo de 1936, tras la destitución de Alcalá Zamora —animada por Prieto y los socialistas—, Casares se convirtió en jefe de Gobierno. En este cargo se encontraba cuando se produjeron los primeros movimientos militares que llevaron al inicio de la Guerra Civil. Incapaz de frenar la descomposición del Estado republicano, dimitió y el Gobierno quedó bajo la presidencia de Martínez Barrio. «A las dos y media de la madrugada se ha formado nuevo Gobierno», podemos leer en el diario Ahora el 19 de julio. Casares se marchó a Francia, donde vivió hasta su muerte en 1950. Publicó una especie de ensayo-memorias en 1941, con el título La República y la Guerra Civil. Pero su exilio no solo fue político, sino también familiar.

María Casares y Albert Camus

María Casares y Albert CamusMinisterio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones

Su hija María tenía 14 años cuando comenzó la guerra y partió con su madre hacia París. Desde niña empezó a integrarse en la vida cultural francesa, marcada por la efervescencia de la Europa de entreguerras. Se formó en el Liceo Victor-Duruy y en el Conservatorio de Arte Dramático, la institución más importante de formación teatral en Francia. Su voz, su mirada y su presencia escénica la hicieron reconocida en todo el país, donde protagonizó desde clásicos teatrales hasta películas de renombre. Además, la vida de María Casares estuvo marcada por su relación con Albert Camus, uno de los escritores y filósofos más influyentes del siglo XX.

Se conocieron el 6 de junio de 1944, el día del desembarco de Normandía. Su romance, que duró cerca de quince años, se manifestó en una correspondencia apasionada publicada póstumamente por una de las hijas del autor (Correspondencia, 1944-1959).

Él escribió obras como El extranjero y La peste. Ella triunfó con El zapato de raso, de Paul Claudel, y se consagró en la gran pantalla interpretando a la Muerte en Orphée, bajo la dirección de Jean Cocteau, un referente del cine de vanguardia francés.

María Casares nunca se casó ni tuvo hijos, pero su vida no deja de ser una ventana a la historia de la II República, la Guerra Civil y el exilio. Representa la continuidad de un apellido partido por la guerra y una democracia fallida.

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