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Urakami Tenshudo. Fotografía tomada en enero de 1946 de una iglesia católica destruida por la bomba atómica

Tokio y Kioto, las otras ciudades japonesas que Estados Unidos consideró atacar con la bomba atómica

Hiroshima y Nagasaki no fueron siempre los objetivos principales. Lo que pocos saben es que otras ciudades japonesas estuvieron a punto de convertirse en los primeros blancos nucleares de la historia

Los días 6 y 9 de agosto de 1945 se lanzaron sendas bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, destruyendo por completo todo a su alrededor y cobrándose la vida de miles de ciudadanos.

Era la primera vez que se lanzaban armas nucleares contra civiles: «Tan pronto supieron que la bomba nuclear funcionaría, se asumió que la usarían. De hecho, esa no era la discusión entre los militares, la pregunta era cómo la usarían. Y la forma más previsible sería una que llevara a la rendición de Japón», explica a BBC Mundo Michael Gordin, historiador especializado en ciencias físicas en la Universidad de Princeton y coeditor del libro La era de Hiroshima.

Aunque las razones que llevaron a los Estados Unidos a lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki continúan siendo objeto de debate, sus consecuencias son evidentes: dejaron más de 200.000 muertos debido a la radiación y, en décadas posteriores, sumaron 400.000 decesos más por problemas de salud relacionados con las bombas, según los datos de la ONU.

En la mañana del 6 de agosto de 1945, cuando el reloj marcaba las 8:15 alcanzó la altura determinada para su explosión, aproximadamente 600 metros sobre la ciudad de Hiroshima. La detonación creó una bola de fuego que en cuestión de segundos se expandió por toda la ciudad. Su potencia alcanzó los 15 kilotones, el equivalente a 15.000 toneladas de TNT.

Mientras el Enola Gay, el bombardero B-29 pilotado por el coronel Paul Tíbbets, se alejaba a toda velocidad de la ciudad Robert Lewis, copiloto del bombardero dijo mientras contemplaba la escena: «Dios mío, ¿qué hemos hecho?», tal y como recoge en su diario personal. El avión regresó a su base en la isla de Tinian (Islas Marianas) tras 12 horas del inicio de la misión. Fueron recibidos con vítores y celebraciones. Periodistas y fotógrafos esperaban ansiosos a los «héroes». El arma más tremenda y peligrosa de todos los tiempos había visto la luz.

La tripulación de tierra del Enola Gay posa delante del bombardero. En el centro, su piloto Paul Tibbets

«Traté unos 6.000 pacientes, quizá 10.000. Después de eso no quise continuar mi carrera como doctor. Todas las personas que vi murieron, una tras otra. No huno nadie a quien pudiera salvar», relató el médico japonés Shuntaro Hida, superviviente de la bomba atómica quien inmediatamente comenzó a atender a las víctimas.

Tres días más tarde, otra bomba asolaba Japón. Esta vez en Nagasaki. A las 11:02, la bomba atómica Fat Man explosionó a 560 metros del suelo sobre la ciudad. Lo primero fue un destello de luz diez veces superior del sol que cegó a todos los habitantes de la metrópoli, antes de producirse una detonación equivalente a 20.000 toneladas de TNT. Acto seguido, la onda expansiva y un manto de fuego se extendieron otros dos kilómetros destruyendo todo a su paso.

El 'Bockscar' y su tripulación, que lanzaron una bomba atómica Fat Man sobre Nagasaki.

«Todos los edificios que podía ver estaban en llamas: la iglesia de Urakami, la iglesia católica más grande del este estaba en llamas. […] Parecía como si la tierra misma emitiera fuego y humo, llamas que se retorcían y brotaban del subsuelo… Parecía el fin del mundo», recuerda Tatsuichiro Akizuki, médico en el antiguo Hospital Urakami (actualmente Hospital de San Francisco), situado a sólo 1.500 metros del epicentro.

Sin embargo, Hiroshima y Nagasaki no fueron siempre los objetivos principales. Lo que pocos saben es que otras ciudades japonesas estuvieron a punto de convertirse en los primeros blancos nucleares de la historia. El 27 de abril de 1945, oficiales militares y científicos nucleares se reunieron para discutir las técnicas de bombardeo, los criterios de selección de objetivos y los requisitos generales, tal y como recoge la plataforma The National Security Archives, dedicada a la transparencia gubernamental y el acceso público a documentos oficiales desclasificados.

En el documento Notas sobre la reunión inicial del Comité de Objetivos publicado en esta plataforma, podemos ver que entre los «objetivos disponibles» incluían Hiroshima, «el mayor objetivo intacto que no figuraba en la lista de prioridades del XXI comando de Bombarderos [el principal instrumento de destrucción utilizado en Japón]». Yawata, Yokohama y Tokio.

Pero «El problema era que las Fuerzas Aéreas tenían una política de ‘arrasar’ las ciudades japonesas, lo que creaba tensiones con el objetivo de reservar algunos objetivos urbanos para la destrucción nuclear», advierte la plataforma. Por eso en el documento se indica que Tokio solo podía ser considerada como «posibilidad» pues estaba «prácticamente bombardeada y quemada y en escombros», de ella solo quedaba «en pie» el «terreno del palacio».

La zona residencial de Tokio fue destruida

En cuanto a las ciudades que estaban siendo bombardeadas por la 20 ª Fuerza Aérea «con el objetivo principal de no dejar piedra sobre piedra» eran Tokio, Yokohama, Wagoya, Osaka, Kioto, Kobe, Yawata y Nagasaki.

Finalmente, la capital se descartó por el estado en el que se encontraba y porque consideraron que bombardear el palacio del emperador, considerado una deidad para los japoneses, no ayudaría a conseguir su rendición.

El comité para la selección de objetivos estuvo presidido por Leslie Groves, quien compartió responsabilidad con el general Thomas Farrell, su ayudante militar desde febrero de 1945, según indica la Oficina de Información Científica y Técnica del Departamento de Energía de EE. UU. (OSTI) que ofrece la historia detallada del Proyecto Manhattan (nombre en clave del proyecto secreto para la creación de la bomba atómica). Y a finales del mes de mayo, el comité de científicos y oficiales de las Fuerzas Aéreas del Ejército incluyó el Arsenal de Kokura, Hiroshima, Niigata y Kioto «como los cuatro mejores objetivos, creyendo que los ataques a estas ciudades causarían una profunda impresión psicológica en los japoneses y debilitarían la resistencia militar», continúa el portal.

Además, «ninguna de estas cuatro ciudades había sido bombardeada aún por la 20 ª Fuerza Aérea de Curtis Lemay, que planeaba eliminar todas las ciudades japonesas importantes para el 1 de enero de 1946», advierte la OSTI. Ahora solo faltaba la aprobación final del presidente Harry S. Truman y «entonces dependería del tiempo determinar cuál de estas cuatro ciudades sería la primera en ser alcanzada por una bomba atómica», añade la página web.

El presidente Harry Truman hizo esta declaración tras el lanzamiento de la primera bomba atómica sobre HiroshimaAtomic Heritage Foundation

Sin embargo, hubo un cambio de última hora. A principios de junio, el secretario de la Guerra Henry L. Stimson ordenó que Kioto fuera retirada de la lista de objetivos, alegando que era el centro cultural más preciado de Japón. Pero «parece que Stimson tenía una motivación más personal y que estas otras excusas eran simples racionalizaciones», comentó el historiador de ciencia en el Instituto de Tecnología Stevens, en EE.UU. Alex Wellerstein en la BBC.

Se sabe que Stimson visitó Kioto varias veces durante la década de los 20 cuando era gobernador de Filipinas e incluso algunos historiadores afirman que fue su destino de luna de miel y que era un admirador de la cultura japonesa. Independientemente de las razones, Kioto fue sustituida por Nagasaki. Las dos ciudades elegidas fueron Hiroshima y Kokura, sin embargo, cuando el bombardero se fue acercando a la ciudad el 9 de agosto, la espesa capa de nubes y humo que había debido al bombardeo del día anterior en la ciudad vecina de Yahata, dificultó la visibilidad por lo que tuvieron que modificar su ruta y poner rumbo a Nagasaki.

Cuando el ministro de Relaciones Exteriores Mamuro Shigemitsu firma el Acta de Rendición en nombre del Gobierno de Japón, finalizando formalmente la Segunda Guerra Mundial. El emperador Hirohito retransmitía por radio la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. En aquel discurso hizo mención del ataque con bombas atómicas: «el enemigo ha comenzado a emplear una bomba nueva y más cruel, cuyo poder para hacer daño es, de hecho, incalculable, y está cobrando la vida de muchas vidas inocentes. Si continuamos luchando, no solo resultaría en un colapso final y la destrucción de la nación japonesa, sino que también conduciría a la extinción total de la civilización humana. Siendo ese el caso, ¿Cómo podemos salvar a los millones de nuestros súbditos, o expiarnos ante los espíritus sagrados de nuestros antepasados imperiales? Esta es la razón por la que hemos ordenado la aceptación de las disposiciones de la Declaración Conjunta de las potencias».