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Manifestantes marroquíes en la Marcha Verde portando ejemplares del Corán, el 6 de noviembre de 1975EFE

50 años

El plan oculto tras la Marcha Verde: la ofensiva diplomática de Hassan II contra España

El 6 de noviembre de 1975, una marea humana estimada en 350.000 personas, entre las que había civiles y militares, cruzaron la frontera norte de la provincia

Desde principios de 1974 Marruecos venía ejerciendo una creciente presión a varios niveles sobre España. En esta época, diversas unidades de las Fuerzas Armadas Reales comenzaron a ser desplegadas en la provincia de Tarfaya. A la presión militar se sumaba una continuada —y calculada— sucesión de amenazas proferidas por el monarca alauí, Hassan II, entre las que destacaba la bravata de «tomar el té en El Aaiún», capital del Sáhara español. A esto se añadían los ataques terroristas del Frente de Liberación y Unidad del Sáhara, organización creada por Marruecos para desestabilizar el territorio español.

Pero en las últimas semanas del verano de 1975 la tensión en el Sáhara aumentó de forma desmedida. La guerra parecía inevitable. Se decidió entonces activar la operación Trapecio, reforzando el dispositivo militar español.

Visita del Príncipe

En respuesta a una serie de escaramuzas de baja intensidad, así como a actos de sabotaje y atentados con explosivos, el 1 de noviembre se tocó generala en El Aaiún. Un día después, El Aaiún recibió la visita inesperada de Juan Carlos de Borbón, acompañado por el Ministro del Ejército y el Jefe del Alto Estado Mayor.

En el casino militar, el entonces Príncipe de España manifestó ante los oficiales presentes la firme voluntad del Estado español de defender la provincia. No obstante, añadió que el prestigio de las Fuerzas Armadas quedaría intacto, una afirmación que dejaba entrever un desenlace poco alentador para España.

Juan Carlos de Borbón en El Aaiún

Ante el clima de tensión creciente, el general Gómez de Salazar, jefe del sector del Sáhara, ordenó la activación de la operación Marabunta. Este plan, elaborado por el Estado Mayor del Ejército de Operaciones español en la provincia, tenía como objetivo disuadir a Marruecos de una posible invasión. El nombre de la operación, de carácter profético, aludía a la imagen de una masa humana avanzando sobre el Sáhara español.

De cualquier forma, el despliegue previsto en el marco de la operación Marabunta contemplaba la eventualidad de una incursión terrestre por parte de las Fuerzas Armadas Reales marroquíes y/o comandos del Frente de Liberación y Unidad.

La Marcha Verde

Hassan II era plenamente consciente de que el contingente militar desplegado por España en el Sáhara era infinitamente superior en calidad, entrenamiento, equipamiento y moral de victoria, a cualquier fuerza que Marruecos pudiera oponer. A ello se sumaba la abrumadora superioridad aérea y naval española. Los marroquíes no tenían nada que hacer frente a España y, a pesar de sus declaraciones altisonantes, el monarca alauí lo sabía.

Con el general Franco en estado terminal, el gobierno marroquí se atrevió a lanzar un ultimátum exigiendo el inicio inmediato de negociaciones para la transferencia del Sáhara español. Si no se accedía a la demanda, comenzaría la invasión del territorio. De hecho, aproximadamente 350.000 marroquíes se encontraban concentrados en Tarfaya desde el 3 de noviembre a la espera de la orden de avance.

350.000 marroquíes durante la «marcha verde» en 1975

Alcanzado este punto, el monarca alauí ya no podía dar marcha atrás. Si disolvía la movilización sin haber logrado la anexión del territorio español, la multitud, enardecida por un fervor nacionalista, podría volverse contra su poder. Así que, en lugar de cumplir con su promesa de tomar el té en El Aaiún o de vestir el uniforme militar para liderar a sus tropas en una eventual guerra, Hassan II optó por enviar hacia el Sáhara español una multitud compuesta por civiles, militares vestidos de paisano y guerrilleros irregulares.

Esta acción, que ha quedado registrada en la historia como la Marcha Verde, contrastó con las reiteradas declaraciones del monarca alauita, quien había asegurado que encabezaría personalmente la movilización. Prefirió seguir el desarrollo de los acontecimientos a través de la televisión desde Agadir, a cientos de kilómetros de distancia.

El juramento de Hassan II a la Marcha Verde, en una tarjeta entregada a los voluntarios

Hacia las 10 de la mañana del 6 de noviembre, los primeros «civiles» marroquíes se adentraron en territorio español tras cortar las alambradas del puesto fronterizo. Horas después unos 50.000 «peregrinos» habían acampado en el Sáhara español.

La tensión alcanzó su punto máximo hacia el final de la jornada. Todo indicaba que el estallido de un conflicto armado era inminente. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió poco antes de las 9 de la noche para aprobar la resolución 380, en la que se deploraba la acción marroquí. Se instaba a Marruecos a retirarse de inmediato del Sáhara español. Pero Hassan II desoyó el llamamiento internacional, justificando su postura en el carácter supuestamente pacífico de la movilización.

Tras tres días de tiras y aflojas, a las 7:45 h del 9 de noviembre comenzó el desmantelamiento de los campamentos. La Marcha Verde iniciaba su retirada. Poco después, Hassan II pronunció un breve discurso, en el que proclamó el éxito de la movilización y pidió a sus compatriotas que regresaran a Tarfaya, afirmando que los objetivos de la Marcha Verde habían sido plenamente alcanzados. El monarca alauita subrayó que se abría una nueva etapa en las relaciones con España, aunque evitó revelar el contenido de sus conversaciones con el gobierno español.

Abandono del Sáhara

Es evidente que la Marcha Verde había sido concebida como una operación política y de presión diplomática, destinada a colocar a Marruecos en una posición ventajosa en las negociaciones sobre el futuro del Sáhara español.

De hecho, una delegación marroquí encabezada por el primer ministro Ahmed Osman, junto con una representación mauritana liderada por el ministro de Asuntos Exteriores, Hamdi Uld Muknass, llegó a Madrid el 12 de noviembre para iniciar negociaciones sobre el traspaso del Sáhara. Apenas dos días después, el destino de la provincia quedó sellado. El 14 de noviembre se firmaron en el Palacio de la Zarzuela los denominados Acuerdos de Madrid, mediante los cuales el gobierno español se comprometía a abandonar el territorio antes del 28 de febrero de 1976.

Los prácticamente 100 años de historia común entre España y los saharauis, quienes fueron un tiempo ciudadanos españoles, se borraron de un plumazo.