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Jóvenes huyendo de un proyectil caído en la Gran Vía.

Cómo Suecia protegió a 174 refugiados durante la Guerra Civil española

Fue este gabinete el que asistió al estallido de la Guerra Civil Española, declarándose neutral y apoyando, desde sus inicios, la creación y postulados del Comité de No Intervención en Londres

El 1 de marzo de 1936 el gobierno socialista sueco sufrió una derrota en el Parlamento por lo que el conservador Partido Agrario formó un gobierno de coalición. Fue este gabinete el que asistió al estallido de la Guerra Civil Española, declarándose neutral y apoyando, desde sus inicios, la creación y postulados del Comité de No Intervención en Londres.

Pero el color político del gobierno varió el 20 de septiembre de 1936, pues en las elecciones generales, por primera vez, los partidos de izquierda suecos obtuvieron mayoría absoluta, formando gobierno los más afines al Frente Popular español. La Legación Real de Suecia en Madrid, instalada en la calle Zurbano, 25, había aceptado la llegada de asilados derechistas desde el día 2 de septiembre, aunque la mayoría de ellos fueron recibidos en el curso del mes de noviembre –cénit de la represión republicana–, ingresando el último de ellos en el mes de marzo de 1937.

La inmunidad de esta representación diplomática fue estrictamente respetada durante la guerra, así como la del anexo dependiente –Paseo del Cisne, 13–, al ser considerada su bandera la de un Estado amigo de la República. De esa manera, resultó sintomático que ninguna propiedad de ciudadanos suecos fuera asaltada o colectivizada, salvo la fábrica AGA, situada en el sur de la capital, la cual fue saqueada por los milicianos y cuyos daños fueron evaluados en 100.000 pesetas.

La inclusión del anexo parece que fue resultado de un asunto bastante turbio, pues, según declaró el cónsul de Noruega, Félix Schlayer, era un falso refugio al frente del cual estaba un polaco llamado Kochane, que explotó económicamente a los asilados y luego se fugó a México con el dinero. Cuando vino a Madrid un diplomático sueco para efectuar la evacuación de su Legación, se negó a hacer la de este refugio falso. Sin embargo, en atención al riesgo que pudieran socorrer los refugiados, el Cuerpo Diplomático extranjero evacuó a las mujeres y los niños que allí se encontraban.

Justamente, Estocolmo envió a Otto Johansson como representante especial con el objetivo de gestionar la evacuación de los refugiados españoles, suecos, alemanes y lituanos que se encontraban protegidos bajo su bandera de la represión izquierdista. A comienzos de 1937, el gobierno sueco gestionó con Bruselas el internamiento en Bélgica de los hombres en edad militar, consiguiendo la ayuda holandesa igualmente al negociar su salida en el buque Ajax desde Valencia.

La colaboración de estos dos países fue fruto de la nueva política de acercamiento comercial del Gobierno sueco a los Estados de Oslo (Noruega, Finlandia, Dinamarca, Países Bajos, Luxemburgo y Bélgica). Oficialmente, las listas remitidas certificaron la existencia de 66 refugiados en el edificio principal y 108 en el anexo, siendo un total de 174 personas, entre hombres, mujeres y niños. A finales del mes de marzo, Johansson se quejó abiertamente de la demora en la tramitación de pasaportes, comprobando que en el Ministerio de la Gobernación republicano no habían recibido órdenes al respecto.

Denunció que la policía no permitiese el paso de un fotógrafo al interior de la Legación, por lo que no podía enviar las fotografías de los asilados, requisito imprescindible para obtener la documentación. Finalmente, hizo uso de la posición sueca ante el Frente Popular, advirtiéndoles de la repercusión que tendría para su imagen en Suecia.

El 4 de abril se produjo finalmente la evacuación de 116 refugiados, impidiéndose la salida de 21 militares profesionales. La Legación fijó su domicilio en Valencia en el mes de abril hasta que en diciembre se trasladó a Barcelona, donde permaneció hasta el final de la guerra. En una segunda expedición partieron solo tres refugiados, quedando en consecuencia 55 refugiados, por lo que la Legación de Panamá decidió aceptar a los civiles bajo su pabellón, obteniendo a cambio el anexo del Paseo del Cisne, donde pudo instalar a algunos de sus asilados.

El Ministerio republicano protestó, pero terminó aceptando para evitar un choque diplomático con Suecia. A mediados de 1938, el canciller Waldron Bjorck intentó evacuar infructuosamente a los 13 militares que todavía amparaba en Madrid y, en septiembre, intentó que sus últimos refugiados fueran incluidos en la comisión de canjes. El rey de Suecia solicitó al Gobierno republicano la evacuación de la tenista Josefa Chavarri, refugiada en el Consulado noruego, lo cual logró finalmente.

Bajo la protección del Reino de Suecia se hallaron también dos hogares infantiles, uno en Denia y otro en Guetaria, que fueron establecidos por el Comité Femenino de Ayuda a los Niños Españoles. El Comité Sueco de Ayuda a España fundó otro hogar infantil en Teyá, que también disfrutó de la protección de la Legación. Estos centros fueron cerrados al terminar la guerra y pasaron a ser administrados por las autoridades nacionales. El 2 de diciembre de 1938, Estocolmo había enviado como agente ante Franco a N. F. H. Berencreutz, consejero de Legación.

Fruto de su desconfianza hacia la gestión del Comité de No Intervención, e intentando proteger su neutralidad en caso de guerra europea, Suecia retiró a su representante el 25 de noviembre de 1938, aunque la excusa oficial fue «por no ser conciliable con una política exterior democrática». Sin embargo, no reconoció al régimen franquista hasta después de finalizar el conflicto, el 31 de marzo de 1939, aunque aceptó la presencia –durante los años del conflicto– de sus agentes oficiosos como el conde de Torata.