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Vea la segunda parte del documental La Guerra Civil al descubierto: la masacre de Paracuellos

Félix Schlayer, el cónsul noruego que denunció las matanzas de Paracuellos

Félix Schlayer, el cónsul noruego que denunció las matanzas de Paracuellos y desafió a ambos bandos

Denunció y divulgó la matanza de Paracuellos del Jarama ante diplomáticos argentinos, británicos, checos y austríacos. Todo ello motivó su salida de la zona republicana en julio de 1937

A comienzos de agosto de 1937, Félix Schlayer se trasladó a Alemania –su país natal–, donde fue recibido por altos funcionarios interesados en conocer sus impresiones sobre la guerra española. Ellos se mostraron interesados en apoyar su proyecto de canje de asilados derechistas por prisioneros republicanos de la España nacional, aunque le señalaron que ya lo habían intentado, pero Franco había impuesto su veto, por lo que propusieron a Schlayer que se trasladara a Salamanca y defendiera su plan con el respaldo de la Cruz Roja Internacional.

Al no ser una misión oficial, los gastos del viaje y permanencia no fueron sufragados por el Gobierno alemán, lo que produjo un amargo desencanto en el cónsul. Falto de recursos, consiguió finalmente el dinero suficiente gracias a un amigo, empresario de Reutlingen.

Schlayer logró entrevistarse con Nicolás Franco y con el conde de Vallellano, presidente de la Cruz Roja Nacional, los cuales apoyaron su proyecto de canje. Igualmente, en septiembre de 1937 obtuvo el respaldo de Ramón Serrano Suñer, que en sus tiempos de asilado en la Legación holandesa ya se había percatado de la labor humanitaria del cónsul de Noruega. Su apoyo fue tan importante que le procuró una entrevista personal con su cuñado, a quien expuso su plan de intercambio de civiles republicanos de la España nacional por asilados en las embajadas de Madrid.

El punto más polémico fue el de los refugiados militares, ya que debían ser canjeados por oficiales republicanos capturados, lo que provocó la inmediata negativa de Franco. Schlayer intentó convencer al generalísimo de la conveniencia del acuerdo, ya que podría conseguir 400 oficiales de carrera, que necesitaba imperiosamente en el frente, a cambio de tenientes que, antes de la guerra, eran simples limpiabotas y camareros, sin experiencia militar alguna.

Serrano recordó a su cuñado que disponían de un gran número de ese tipo de oficiales tras la conquista de Santander. Aparentemente, la oposición del caudillo se disolvió en medio de su mutismo, por lo que el empresario alemán solicitó una lista de 3.000 republicanos para ofrecerla al Gobierno republicano, además de todos los papeles oficiales necesarios.

Tras telegrafiar al Comité Internacional de la Cruz Roja sobre su misión, Schlayer, en la tramitación de las listas de prisioneros, consiguió el apoyo técnico de la Embajada alemana, por lo que pronto tuvo la documentación completa. Las semanas siguientes fueron un constante traslado entre Burgos, San Sebastián y San Juan de Luz, recibiendo a familiares de sus asilados, a quienes Schlayer demandó todo tipo de ayuda.

El embajador británico le prometió presentar su demanda de varios buques ingleses para trasladar a los prisioneros republicanos desde Gibraltar a Valencia y, a su vuelta, reubicar a los asilados en la España nacional. Sin embargo, el plan se desmoronó ante la negativa de Franco a realizar el canje, enojado por varias sugerencias del Comité Internacional de la Cruz Roja sobre la guerra.

El excónsul volvió a entrevistarse con Serrano Suñer, quien continuó apoyando la necesidad de realizar ese intercambio, aunque más lentamente, comenzando con 1.000 personas, en vez de organizar el canje de todos los asilados. Schlayer le advirtió que no podía presentarse ante el Comité de la Cruz Roja Internacional con acuerdos verbales y señaló que Franco debía escribir otra carta aceptando el plan. Serrano logró que su cuñado accediera a firmar esa nueva misiva, pero descartando el canje de militares, ya que continuaba negándose a facilitar mandos al Frente Popular.

Al recibir finalmente esa propuesta, el Gobierno republicano manifestó su desilusión, ya que le interesaba más recuperar militares que civiles. Por ello, aceptaron de mejor grado la constitución de una comisión de canje británica, que fue prácticamente un desastre hasta el final de la guerra.

Los cadáveres de los fusilamientos en Paracuellos

Los cadáveres de los fusilamientos en Paracuellos

Schlayer abandonó nuevamente España totalmente desilusionado en el mes de octubre y, en Berlín, escribió su libro Diplomat im Roten Madrid y comenzó sus memorias, que finalizaría diez años después. No tuvo contactos con el Partido Nazi, aunque, como miembro de una comisión de españoles exiliados, el Gobierno alemán les procuró 300 marcos mensuales.

A la hora de publicar su libro sobre su experiencia en la España republicana, las autoridades nazis obstaculizaron su publicación en la editorial Ullstein por considerarlo «inadecuado para el pueblo alemán», ya que, en su opinión, no era suficientemente crítico con los izquierdistas. Finalmente, una pequeña editorial se hizo cargo de una distribución coaccionada de 5.000 ejemplares, de los que 1.500 fueron adquiridos por el Reich.

En el verano de 1938, Schlayer volvió a España, visitando el frente de Extremadura, Madrid y Aragón, donde conoció al general Varela, el cual, al llegar a ser ministro del Ejército, recibió una petición de los antiguos asilados de Noruega para que se concediera una medalla al excónsul por su labor humanitaria. Al acabar la guerra, el viejo empresario alemán volvió a instalarse, junto con su esposa, en España. Pese a su desilusión por la actitud de algunos españoles, decidió prestar declaración en la Causa General sobre cuanto había vivido en la zona republicana hasta su expulsión.

El 26 de noviembre de 1950, Schlayer fue enterrado en el cementerio civil de Madrid y, por deseo expreso, no se hizo invitación pública; tan solo cinco días después de su óbito, el conde de Casal firmó su necrológica en el diario ABC.

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