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'La Familia de Felipe V', de Louis-Michel van Loo, donde también figuran Fernando VI y Carlos IIIMuseo del Prado

Felipe V, el Rey que unificó a los españoles bajo una misma ley

​El 24 de noviembre de 1700 era aclamado Felipe V Rey de España, tras haber aceptado la Corona unos días antes, el 16 de noviembre

Segundo hijo del Gran Delfín de Francia, Luis de Borbón, y de María Ana Cristina Victoria de Baviera. Nieto de Luis XIV de Francia, el Rey Sol, pero también hijo de María Teresa de Habsburgo y, por lo tanto, nieto de Felipe IV de España.

El 24 de noviembre de 1700 el duque de Anjou es aclamado Rey de España con el nombre de Felipe V y se inauguraba así la dinastía de los Borbones. El nuevo monarca había aceptado unos días antes, el 16 de noviembre, la Corona española.

El reinado de Felipe V estuvo marcado por la catástrofe de la Guerra de Sucesión, que profundizó aún más la decadencia de España experimentada tras la Paz de Westfalia que puso fin a la Guerra de los Treinta Años y profundizada durante el reinado del último Austria, Carlos II, llamado el Hechizado.

El reinado de Felipe V también estuvo marcado por los problemas de salud del monarca, sobre todo sus problemas mentales, fruto de un desorden congénito que heredaría también su hijo Fernando VI y que le ocasionaba profundas depresiones y cambios de personalidad, lo que a la postre le llevaría a renunciar a la corona, aunque tendría que volver a asumirla tras la muerte de su hijo Luis I, en quien había abdicado.

Con todo, el reinado del primer Borbón supuso toda una reestructuración del entramado administrativo de la Corona española con los decretos de Nueva Planta que darán nueva forma a un nuevo Estado cuyas líneas maestras permanecen hasta nuestros días.

Con Felipe V se puso fin a la dinastía de los Austria en España, aunque no del todo. Al fin y al cabo, por línea materna, el nuevo monarca también era un Habsburgo, y muchos rasgos de su carácter, religiosidad y concepción política los heredará de su rama hispánica.

Así, el joven duque de Anjou creció detestando los excesos de la corte versallesca y prefiriendo un estilo de gobierno más austero. Pese a ello, también era un Borbón., y cuando llegó a Madrid la austeridad del alcázar de Madrid, así como de los lugares de recreo de la Corte (Aranjuez, la Granja, el Buen Retiro y el Pardo) le resultarán demasiado chocantes, por lo que emprenderá un programa de reforma de todos ellos para darles el toque francés al que estaba acostumbrado.

En el caso del Real Alcázar, la destrucción casi completa del edificio en la Nochebuena de 1734 llevará al inicio del actual Palacio Real, obra maestra de la arquitectura barroca española y residencia real más grande jamás construida.

La llegada de Felipe de Anjou al trono de España fue accidentada y Polémica. Su tío Carlos II, monarca débil y enfermo desde su infancia resultado de la endogamia imperante en la casa de Austria para asegurar alianzas familiares con las diversas casas reinantes de Europa, había declarado a su sobrino José Fernando de Baviera, ante la evidencia de que el Rey iba a morir sin descendencia.

La muerte prematura del niño a los seis años resultado de la viruela frustró esta primera solución sucesoria. Como resultado, Carlos II realizó un nuevo testamento el 3 de octubre de 1700 donde nombró heredero a su sobrino Felipe de Anjou. Casi un mes después el monarca moría en el Real Alcázar.

La llegada de Felipe V a España fue apoteósica. El nuevo monarca, aunque traería las costumbres y modas de la corte francesa, supo adaptarse a las tradiciones y cultura española.

Felipe cumplió con la obligación de jurar los fueros en Zaragoza y en Barcelona y, desde el principio, tanto aragoneses como catalanes se mostraron encantados con el nuevo Rey, sobre todo tras el anuncio en mayo de 1701 de su matrimonio con María Luisa Gabriela de Saboya.

¿Qué ocurrió entonces para que los súbditos españoles se dividieran entre partidarios de los Borbones y partidarios de los Austria una vez que la sucesión a la Corona ya se había resuelto de forma satisfactoria?

En marzo de 1702, Inglaterra, Holanda y el Sacro Imperio Romano Germánico, por medio de la Gran Alianza, rechazaron que las coronas de Francia y España estuvieran regidas por una misma dinastía, la de los Borbones, y declararon la guerra a ambos reinos para imponer en el trono de España al archiduque Carlos de Austria, bisnieto de Felipe III de España, quien se apresuró a autoproclamarse Rey de España con el nombre de Carlos III.

La guerra finalizaría en 1714 con la victoria de Felipe V, pero a costa de una fractura muy grande entre sus súbditos, que todavía hoy instrumentalizan los independentistas para argumentar sus pretensiones secesionistas en Cataluña.

La permanencia de Felipe V en el trono tendría también un duro coste territorial, con la pérdida de Gibraltar y Menorca a Inglaterra (esta última se recuperaría en tiempos de Carlos III), y la pérdida de todos los territorios europeos de la Monarquía Hispánica en virtud del Tratado de Utrecht.

Las tensiones entre los diferentes reinos peninsulares se resolvió con los decretos de Nueva Planta, en virtud de los cuales se abolieron los fueros de Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca sometiendo a todos los súbditos a las leyes de Castilla.

Nacía así un Estado unificado con los mismos derechos y obligaciones de todos los súbditos bajo la corona española. Aunque de signo claramente absolutista, esta nueva reorganización territorial (inspirada en los preceptos de la ilustración) será el germen de las futuras reformas liberales del siglo XIX, inaugurando una estructura administrativa que se mantendrá hasta nuestros días.

Además, se resolvía una vieja demanda de los súbditos de los reinos de la vieja corona aragonesa al permitir a sus puertos, en virtud de los decretos de Nueva Planta, comerciar con los virreinatos españoles de ultramar, algo que hasta entonces solo se podía hacer desde los puertos de la corona de Castilla.

Con todo, la reforma era una necesidad para la viabilidad de la Corona Hispánica cuya implementación ya se había intentado en tiempos de Felipe IV. Si bien entonces fracasó, era cuestión de tiempo que se volviera a impulsar, pues sin esa necesaria reforma la unidad de la monarquía probablemente se habría roto, como se vio en el antecedente de la independencia de Portugal y el intento independentista de Cataluña durante la Guerra de los Treinta Años.

Probablemente, de haber ganado la Guerra de Sucesión el archiduque Carlos, también él habría impulsado una reforma similar.