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La tablilla de Ea-nasir, una queja en tablilla de hace 3.700 años

La primera hoja de reclamaciones de la historia: «¿Qué te crees que soy para tratarme con tal desprecio?»

Hace casi cuatro mil años, un conocido comerciante de cobre estafó y desairó a uno de sus clientes. Y la respuesta fue el documento histórico que ostenta el récord Guinness como la queja formal más antigua que tenemos registrada en la actualidad

A principios de los años veinte, concretamente en 1922, un experto arqueólogo graduado en Oxford y de nombre Leonard Woolley emprendió una de las tareas más importantes de la historia contemporánea, que nos permitiría abrir una pequeña ventana al pasado. Desde esta fecha y hasta 1934, dedicó toda su experiencia y conocimiento a dirigir las excavaciones de la desaparecida ciudad de Ur, uno de los centros urbanos más importantes de la antigua Mesopotamia.

Así, dentro de una humilde vivienda mesopotámica y casi sin esperarlo, aparecieron gran cantidad de tablillas de arcilla que contenían escritos en cuneiforme. Eran los registros de las transacciones llevadas a cabo por el comerciante que probablemente habría residido en esa casa: el conocido Ea-nasir.

Más famoso en la actualidad que en su momento, este «empresario» tenía un importante negocio de cobre, con el que mercadeaba con otros particulares de Ur. La mayoría de estos documentos pueden datarse en torno al 1750 a. C., es decir, hace aproximadamente unos 3.700 años, durante la época del Primer Imperio Babilónico. Pero, de entre todos ellos, destaca uno, que hoy en día conocemos como «la tablilla de Ea-nasir».

Se trata, ni más ni menos, que de la primera hoja de reclamaciones de la historia, en este momento expuesta en el Museo Británico. A lo largo de la misma, un cliente llamado Nanni le acusa de ser un estafador, por haber intentado venderle cobre de una calidad demasiado baja como para considerarse aceptable, después de haberle prometido todo lo contrario.

«Cuando viniste, me dijiste lo siguiente: 'Le daré a Gimil-Sin (cuando llegue) lingotes de cobre de buena calidad'. Te marchaste entonces, pero no cumpliste lo que me prometiste».

No contento con ello, Ea-nasir es, además, calificado de descortés e irrespetuoso, por haber despedido de malas maneras al mensajero de Nanni; así como de ladrón, por haberse quedado con el dinero de su cliente. En estas circunstancias, el comprador decide enviar a nuevos emisarios, que son rechazados con las mismas formas. Y todo, según dice la misma tablilla, por deberle una pequeña mina de plata al mercader.

«[…] Dijiste: 'Si quieres tomarlos, tómalo; si no los quieres, vete'. ¿Qué te crees que soy para tratarme con tal desprecio?».

La cólera de Nanni se refleja a lo largo de todo el texto, que concluye con una amenaza final: desde ese momento en adelante, él será quien elija los lingotes de cobre individualmente, con la posibilidad de rechazarlos si los considera de baja calidad. Y este caso no es el único, sino que en el mismo Museo Británico se conservan hasta dos tablillas más que registran protestas contra él, dejando claro que era un conocido estafador en la Mesopotamia antigua.

Para comprender el alcance de la ofensa hacia este cliente, tenemos que tener en cuenta el contexto comercial de Ur en ese periodo, siendo uno de los principales centros económicos de la zona. El cobre se utilizaba para crear todo tipo de objetos de uso diario, pero el problema residía en que esta ciudad no era particularmente rica en recursos naturales ni en metales. Por eso había que ir a buscarlos a Tilmún, un conjunto de enclaves mercantiles ubicados en el golfo Pérsico, en las actuales islas de Baréin.

A mayores de estos costes añadidos, había que considerar el transporte de vuelta a Ur y los impuestos a pagar al palacio y a los templos, lo que encarecía considerablemente el cobre. ¡Tanto más como para recibir uno de baja calidad! Así, el enfado de Nanni nos resulta más entendible.

Podemos concluir entonces que las quejas y las hojas de reclamaciones han sido innatas a la naturaleza humana desde nuestros primeros momentos. Y quien piense lo contrario, no tiene más que ver este caso…