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Antonio Pérez Henares
Historias de la historiaAntonio Pérez Henares

Cristina Rodríguez, la hija del Cid que dio origen a dos linajes reales en España

Hija mayor de Rodrigo Díaz de Vivar y de doña Jimena, Cristina Rodríguez vivió entre destierros y conquistas, entre la leyenda de su padre y el olvido de los cronistas. Sin corona ni cantar propio, fue sin embargo el origen silencioso de una estirpe de reyes que marcaría el devenir de Navarra y Castilla

Las hijas del Cid, del romance XLIV del Tesoro de Romanceros. Obra de Dióscoro Teófilo Puebla y Tolín

Las hijas del Cid, del romance XLIV del Tesoro de Romanceros. Obra de Dióscoro Teófilo Puebla y TolínMuseo del Prado

«Este Mio Cid, el Campiador, ovo por mugier a doña Eximena, nieta del rey don Alfonso, filla del comde don Diago de Asturias, et ovo della un fillo et dos fillas, et el fillo ovo nombre Diago Royz, et matáronlo en Consuegra los moros; de las fillas, la una ovo nombre de doña Christina, la otra doña María». Liber regum (1194-1209).

Esas escuetas líneas, recuperadas para la historiografía actual por el pertinaz investigador y riguroso historiador Gonzalo Martínez Díaz sobre la vida y peripecias del gran héroe castellano enaltecido en el Cantar, son de lo poco que sabemos a ciencia cierta sobre la hija mayor de Rodrigo Díaz de Vivar.

Ni siquiera, sin embargo, podemos identificar del todo a su personaje en el romance de Mio Cid. ¿Es Elvira o doña Sol? Pudiera pensarse que la primera, a quien se supone la mayor, pero otros señalan como tal a doña Sol. En cualquier caso, fue ella, Cristina, quien casó con un infante navarro, Ramiro, nieto —aunque por vía ilegítima—, pero el único que quedaba vivo y con rango tras las muertes y asesinatos en la dinastía del rey navarro García III de Nájera. Su hermana pequeña, María, lo haría con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III.

El Cantar da también pistas sobre ello, pero exagerando un poco. Dice en su conclusión que las dos hermanas casaron con reyes: la una, María, con el de Aragón, que no lo era todavía, sino conde de Barcelona; y Cristina, con el de Navarra, pero entonces los maridos no lo eran ni lo serían nunca.

Linaje del Cid

Linaje del Cid

El hijo de doña Cristina y de Ramiro, llamado García en honor de su abuelo, fue quien lo logró a la muerte del Batallador, y también un hijo de Ramón Berenguer lograría la de Aragón, pero no era nacido de María, pues esta murió de parto en su primer alumbramiento, una niña que sí la sobrevivió.

Cristina nació en Burgos allá por el año 1075 y vivió los triunfos y quebrantos de su señor padre, y gozó de la protección de su linajuda madre, doña Jimena, de sangre real y nieta de Alfonso V de León, y por tanto emparentada con el propio Alfonso VI.

El primer destierro apenas si les afectó, excepto por el alejamiento de su padre. El segundo sí, pues el enfadado rey ordenó su prisión en 1088, aunque duró muy poco el castigo. Al año fueron liberadas y entonces emprendieron el camino hacia tierras valencianas y a la propia capital cuando el Campeador la conquistó en el año 1094.

El siguiente quebranto familiar sería la muerte del primogénito, Diego, en la batalla de Consuegra, en 1098. Y sería después de aquello cuando Cristina contrajo matrimonio con el navarro y marchó con él al norte, a Monzón, ciudad de la que era señor. No sabemos si llegó a ver a su hijo primogénito, García Ramírez, ya coronado como rey en 1134.

Este sería, al cabo —aunque al principio tuvo desavenencias con el del gran rey de León y Castilla, Alfonso VII el Emperador—, a quien prestó vasallaje y con quien colaboró en la conquista de Almería.

La carga de los tres reyes obra de Augusto Ferrer-Dalmau

La carga de los tres reyes obra de Augusto Ferrer-DalmauAugusto Ferrer-Dalmau

Cristina Rodríguez, a la postre, fue la iniciadora de un linaje que acabaría por reinar al tiempo en Castilla y en Navarra. En Navarra por sus nietos y biznietos, Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte; y en Castilla, porque fue a la postre otro descendiente suyo, nada menos que Alfonso VIII el de las Navas, y su nieta Blanca de Navarra, casada con Sancho III de Castilla, fue quien lo engendró.

Los sepulcros de esta reina, junto a los de muchos de esta dinastía cuya madre fue la hija del Cid, pueden admirarse en el monasterio de Leyre, en Navarra, panteón de los reyes navarros, donde aún se conserva la memoria de aquel linaje que, por la sangre de Cristina Rodríguez, entroncó para siempre la gesta del Cid con la historia regia de España.

No solo reinaron sus descendientes en Castilla y en Navarra, sino que dos de ellos, Sancho VII el Fuerte y Alfonso VIII el de las Navas, fueron protagonistas en la decisiva y trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, donde se selló, casi un siglo después, la permanencia del legado del Campeador en la historia de España.

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