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La rendición de Granada, obra de Francisco Pradilla

La rendición de Granada, obra de Francisco Pradilla

El final del reino nazarí de Granada: cómo los Reyes Católicos tomaron la última ciudad musulmana de Europa

Los monarcas estaban tan seguros del carácter definitivo de su victoria que eligieron Granada como lugar de enterramiento, dejando dispuesto que sus restos descansaran en la catedral de la ciudad, que comenzó a construirse en 1505

En las últimas décadas del siglo XV, el reino nazarí de Granada estaba muy lejos del esplendor que un día tuvo Al-Ándalus en la era de los califas. Los nazaríes llevaban años enzarzados en una cruenta lucha familiar, que había sido aprovechada por Castilla para debilitar el poder musulmán en la Península. El último rey de Granada, Boabdil, había pasado años luchando contra su padre, el sultán Muley Hacén, y después con su tío, el Zagal, gobernador de Málaga.

Isabel y Fernando habían jugado un papel decisivo en esta pelea familiar. En primer lugar, tomaron la ciudad de Alhama como represalia por el ataque a Zahara de la Sierra. Boabdil fue hecho prisionero por las tropas de los Reyes Católicos, pero su madre, la sultana Aixa, negoció con el rey Fernando la liberación de su hijo a cambio de una alianza contra su esposo, Muley Hacén. El rey Fernando pidió, además, una fuerte suma de dinero y dejar a su hijo como rehén.

La guerra interna nazarí se saldó con la victoria de Boabdil, que en ese momento estaba metafóricamente atado de pies y manos por Isabel y Fernando. Aunque el primer pacto firmado estipulaba que, tras unos años de tregua, el sultán entregaría la ciudad de Granada, los Reyes Católicos se adelantaron y asediaron directamente la ciudad.

En abril de 1491 comenzó la construcción del campamento de Santa Fe, que serviría como base logística para el final de la campaña. La ciudad fortificada fue el origen del pueblo del mismo nombre, que se mantiene hoy en pie, a pocos kilómetros de Granada. El 25 de noviembre de 1491 se acordó la entrega del reino nazarí de Granada, a cambio de respetar las costumbres de los habitantes y de dejar irse a quienes así lo desearan.

Tras diez años de guerra, y más de ocho meses de asedio continuo sobre la capital, el 2 de enero de 1492 las tropas cristianas entraron en la ciudad. El lugar de Granada donde, según cuentan, Boabdil se giró por última vez para contemplar su amada ciudad se conoce hoy como Suspiro del Moro. Según cuenta la leyenda, el rey volvió los ojos llenos de lágrimas hacia su ciudad, y allí su madre le recriminó: «Llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre».

La guerra de Granada, aunque conservó numerosos rasgos propios de la Edad Media, puede considerarse una de las primeras guerras de la Edad Moderna por el tipo de armamento y las tácticas empleadas. Más que grandes batallas campales, fueron decisivos los asedios prolongados resueltos mediante artillería, el desgaste sistemático del enemigo y complejas maniobras diplomáticas y políticas, no exentas de cálculo y oportunismo. Aun así, el conflicto no careció de episodios de heroísmo caballeresco, todavía muy presentes en la mentalidad de la época.

Este enfrentamiento se convirtió, además, en uno de los grandes proyectos políticos tras el matrimonio de los Reyes Católicos en 1469 y su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana en 1479. La campaña de Granada fue utilizada conscientemente para vincular al Reino de Castilla y al Reino de Aragón en una empresa común, reforzando la cooperación militar entre ambos y sentando las bases de una monarquía más cohesionada y centralizada.

Si bien hoy en día el término Reconquista es objeto de cierto debate historiográfico, los cronistas dejaron constancia de que, en 1492, la caída de Granada fue celebrada en Roma como la conquista del último enclave musulmán en Europa occidental (al este, los otomanos tenían en su haber Constantinopla, rebautizada tras su conquista en 1453 como Estambul). Terminada la guerra, Isabel y Fernando recibieron el título de Católicos por el papa valenciano Alejandro VI, de la familia Borgia.

Con Granada conquistada, los reyes finalmente podían prestar atención al insistente marino que no dejaba de solicitar una audiencia con ellos. Fue en el campamento de Santa Fe donde Cristóbal Colón volvió a presentar su proyecto de llegar a las Indias por occidente ante los Reyes Católicos. Terminada la guerra, pudieron por fin atender una empresa que hasta entonces había sido aplazada y que culminaría pocos meses después con la firma de las Capitulaciones de Santa Fe. La expansión de la Corona de Castilla no había hecho más que empezar.

Los monarcas estaban tan seguros del carácter definitivo de su victoria que eligieron Granada como lugar de enterramiento, dejando dispuesto que sus restos descansaran en la catedral de la ciudad, que comenzó a construirse en 1505.

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