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La división del Nuevo Mundo, uno de los temas más recurrentes que hubo en la Edad Moderna y que condicionó el desarrollo de esta épocaWikimedia Commons

El Tratado de Madrid: cómo Brasil cambió sus fronteras tras la firma de este documento entre España y Portugal

El 13 de enero de 1750, se firmó un documento que cambiaba los límites entre sus respectivos territorios. La cuestión no era baladí: mientras que en España las Leyes de Indias prohibían la esclavitud, la corona lusa no sólo permitía el tráfico de esclavos, sino que se lucraba cuantiosamente con él

En 1986, la película La misión ganó el Óscar a la mejor fotografía y conmovió al mundo con la banda sonora de Ennio Morricone y las interpretaciones de Jeremy Irons y Robert De Niro. El personaje interpretado por Irons es un sacerdote jesuita encargado de evangelizar a los guaraníes, acompañado de una Biblia y un oboe, que se ve envuelto en las consecuencias geopolíticas del Tratado de Madrid.

Este tratado, firmado el 13 de enero de 1750, era el último de una serie de acuerdos entre España y Portugal con respecto a sus territorios de ultramar. El primero, el Tratado de Alcáçovas, se firmó en 1479 para acabar con las hostilidades tras la guerra de Sucesión Castellana. Recordemos que el rey de Portugal, Alfonso V, estaba casado con la hija de Enrique IV de Castilla y, por tanto, sobrina de Isabel la Católica: doña Juana, apodada la Beltraneja, que había sido desposeída de sus derechos dinásticos.

Con el Tratado de Alcáçovas, el rey portugués renunció al trono de Castilla, y se reconoció la soberanía de cada reino en los territorios del Atlántico (Madeira, Azores y Cabo Verde, entre otras, en el caso de Portugal; y las islas Canarias en el de Castilla). Se acordó la boda entre la infanta Isabel de Aragón, primogénita de Isabel y Fernando, con el heredero al trono de Portugal.

Este tratado no contaba con el acontecimiento que cambiaría el mundo trece años después: la llegada de Cristóbal Colón a América. Los Reyes Católicos negocian con el rey Juan II de Portugal, hijo de Alfonso V, el Tratado de Tordesillas, y fijan como frontera una línea situada a 370 leguas al oeste de Cabo Verde (aproximadamente el meridiano 46.º O). Esto garantizaba que la ruta del cabo de Buena Esperanza quedaba libre para Portugal, mientras que las recién descubiertas Antillas, en el Caribe, pertenecían a Castilla. Con un mapamundi en la mano, podemos comprobar que esto supuso que los territorios del actual Brasil, descubiertos posteriormente, quedaron del lado portugués del reparto.

Mapa de América con las modificaciones territoriales del Tratado de MadridBoston Public Library

Avanzamos en el tiempo. Tras la muerte sin herederos del joven rey de Portugal Sebastián I, la corona portuguesa recayó sobre el rey Felipe II en 1580. El Tratado de Tordesillas perdió su razón de ser al estar gobernados Portugal y Castilla por el mismo rey. Sin embargo, tras el levantamiento en 1640 que proclamó como rey de Portugal a Juan IV de Braganza, los portugueses emprendieron, ya sin base legal alguna, acciones comerciales y coloniales más allá del límite establecido en Tordesillas.

Para solucionar las disputas nacidas de esta situación, se fijan nuevos límites con el Tratado de Madrid. Entre ellos, toma como referencia el río Uruguay, lo que tiene como consecuencia que siete pueblos de las misiones fundadas por la Compañía de Jesús pasaban a manos portuguesas: San Borja, San Nicolás, San Luis Gonzaga, San Lorenzo, San Miguel, San Juan Bautista y Santo Ángel.

Este cambio de manos, sin embargo, tenía una consecuencia atroz para los indígenas guaraníes: mientras que las Leyes de Indias les otorgaban el estatus de súbditos de Su Majestad –al margen de los incumplimientos que se produjeran–, la Corona portuguesa, sin embargo, no solo no reconocía esto, sino que se lucraba con el tráfico de esclavos en sus colonias de América y África.

Esto hizo que la población local se resistiera a entregarse a los portugueses, lo que desembocó en la Guerra Guaranítica, que duró cuatro años y en la que murieron 1.700 guaraníes luchando contra los ejércitos de España y Portugal. Finalmente, las siete misiones no pasaron a la Corona de Portugal, situación que se confirmó tras la guerra de los Siete Años con el Tratado de El Pardo de 1761, que anuló el Tratado de Madrid.

Ruinas de la catedral de San Miguel de las Misiones (Brasil)

Sin embargo, la capacidad de liderazgo que mostró la Compañía de Jesús, así como su independencia frente a España y Portugal en la defensa de los guaraníes (recordemos su voto de obediencia directa al Papa, que, a fin de cuentas, era la cabeza de un Estado extranjero), generaron desconfianza. Esta acabó motivando su expulsión de España en 1767 con la Pragmática Sanción de Carlos III. No volverían hasta principios del siglo XIX.