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Charles Chaplin en Japón en 1932 con un casco de samurái

Picotazos de historia

El fallido atentado contra Charles Chaplin en Japón: la historia del Incidente del 15 de mayo de 1932

La Escuela Naval, decidieron llevar a cabo una serie de atentados, eligiéndose aquel día con el fin de aprovechar la visita de un famoso actor y director de cine, contra cuya vida se atentaría también

La Gran Depresión del año 1929 (año 4 de la era Shōwa en Japón) provocó una importante recesión económica, seguida de quiebras, desempleo, pobreza y empobrecimiento de las zonas rurales. Esta situación dio lugar a una polarización de las posturas, apoyadas por personas desesperadas por la falta de perspectiva y de futuro. La ruptura de las esperanzas en la nueva sociedad japonesa generó un movimiento regeneracionista y nostálgico del pasado feudal que postulaba la devolución al emperador de los poderes del Estado.

Entre los oficiales de la Armada japonesa surgió un movimiento de carácter nacionalista que propugnaba una Restauración Shōwa (Shōwa o «Paz Ilustrada» era el nombre oficial utilizado por Hirohito para su reinado). Este movimiento se situaba en paralelo a otros existentes en el Ejército y la sociedad civil. El que existía dentro del Ejército Imperial se conocía con el nombre de Sakurakai o Sociedad de la Flor del Cerezo.

Los oficiales de la Armada más comprometidos —todos ellos personas muy jóvenes, entre los 20 y los 28 años de edad—, secundados por alumnos de la Escuela Naval, decidieron organizar una serie de atentados con la idea de generar un malestar social que diera lugar a una crisis gubernamental. Los jóvenes se inspiraron en tres intentos de atentado que se produjeron el año anterior (1931) por organizaciones nacionalistas y creían que, acabando con la vida de altos funcionarios del Gobierno, crearían una crisis que obligaría a la declaración de la ley marcial para mantener el orden.

La nación, bajo la ley marcial, permitiría a las Fuerzas Armadas tomar el poder y llevar a cabo una reforma nacional que condujera a la Restauración Shōwa. O, al menos, eso creían los jóvenes idealistas.

Con esta idea en mente, el grupo de oficiales, apoyándose en elementos de diferentes grupos nacionalistas y alumnos de la Escuela Naval, decidieron llevar a cabo una serie de atentados, eligiéndose el día 15 de mayo de 1932 para ejecutarlos. Hoy se conoce este hecho como el Incidente del 15 de Mayo.

Se decidió que los objetivos de los ataques fueran: el Kantei (la residencia oficial del primer ministro); la residencia del guardián del sello privado (funcionario que actuaba como consejero del emperador y guardián del sello imperial indispensable para el refrendo de toda ley y decreto del Gobierno); y la del jefe del partido conservador Rikken Seiyūkai, que en ese momento lideraba la oposición. El atentado se complementaría con acciones en diferentes subestaciones eléctricas y en la sede central del banco Mitsubishi.

Sede del Rikken Seiyūkai en Tokio (hacia 1930)

El disparate máximo —o golpe de surrealista genialidad— fue que la fecha se eligió con el fin de aprovechar la visita de un famoso actor y director de cine, contra cuya vida se atentaría también. ¡Querían matar a Charlot!

Esta era la primera visita de Charles Chaplin a Japón, país por el que reconoció sentir una gran admiración y al que volvería tres veces más. La prensa de la época hablaba de que el señor Chaplin estaba acompañado por su esposa. Eso no puede ser cierto, ya que entonces estaba recién divorciado de Lita Grey, cuyo divorcio había sido tal escándalo que propició que el actor tomara dieciséis meses de vacaciones para viajar por el mundo, tras el éxito mundial de su película Luces de ciudad. Como se anunció su llegada al puerto de Kobe para el día 14 de mayo, los oficiales decidieron retrasar los atentados para aprovechar la visita de Chaplin a Japón, e improvisadamente lo incluyeron entre los objetivos a atacar.

El día 15, Chaplin tenía organizada una visita al Kantei (residencia del primer ministro), pero a última hora se cambió por presenciar una exhibición de lucha sumō, acompañado por el primogénito del primer ministro. Este cambio de planes de última hora salvó la vida de Charles Chaplin.

El 'Asahi Shimbun de Tokio' describiendo el incidente del 15 de mayo y el asesinato del primer ministro Inukai Tsuyoshi

A las 17:05 horas, nueve miembros del grupo de conspiradores, liderados por el teniente Mikami, asaltaron la residencia oficial del primer ministro de Japón. El primer ministro, señor Inukai Tsuyoshi, fue asesinado por los asaltantes. Su última palabra fue: «Hablemos».

Terminado el asalto y cumplida la misión, el teniente Mikami y sus compañeros cogieron un par de taxis que los llevaran a la comisaría de policía, donde se entregaron. Los grupos que llevaron a cabo los otros atentados planeados —y que se cumplieron con diferentes grados de éxito— repitieron el mismo comportamiento: una vez cumplido, o al menos intentado el atentado, se entregaron a la policía.

Los atentados conmocionaron al país. La opinión pública, mayoritariamente, apoyó la actuación de los jóvenes y era partidaria de mostrar clemencia. En total, se juzgó a veinticinco personas. Los nueve miembros más jóvenes de los acusados (todos alumnos de la Escuela Naval) enviaron al tribunal un bote que contenía nueve dedos meñiques de los procesados. Estos habían practicado el ritual de yubitsume, consistente en amputarse el dedo meñique como forma de disculpa, castigo o muestra de arrepentimiento.

En cuanto al hecho de incluir a la figura de Charlot en los atentados, durante el juicio reconocieron que les gustaban mucho sus películas y que, al ser una figura internacional ampliamente reconocida, con millones de admiradores en todo el mundo, la repercusión de sus actos sería mayor. En esos tiempos se estaba estudiando y analizando la carga política de la cultura de masas.

Los jóvenes pensaron que el impacto político, tras el atentado contra Charles Chaplin, llevaría a una crisis que conduciría a una guerra contra los Estados Unidos de América. Ingenuamente consideraban que esa era la mejor manera de conseguir una reforma política.

Lamentablemente, a la larga, el Incidente del 15 de Mayo de 1932 acabaría llevando a un gobierno hipernacionalista de corte militar y a una guerra con los Estados Unidos que estuvo a punto de acabar con Japón.