Bajo relieve en el que se representa el vallus descrito por Plinio el Viejo y Paladio como una cosechadora utilizada en las grandes fincas de la Galia
Picotazos de historia
La primera segadora no fue del siglo XIX: ya existía en la Galia romana
La primera segadora de la que se tiene noticia está documentada en la Galia en el siglo I a. C. Este ingenio lo menciona el escritor y almirante Plinio el Viejo
Se denomina agricultura al conjunto de actividades, técnicas y conocimientos aplicados al cultivo de la tierra o a la transformación del medio ambiente con el fin de asegurar la obtención de productos vegetales destinados al consumo de los seres humanos o de los animales.
Se considera que fue en torno al 8.000 a. C. cuando se produjo la llamada revolución neolítica, en la cual se transicionó de las sociedades de cazadores-recolectores a las sociedades agrícolas. Y es que el ingenio humano en todo momento trabaja en el desarrollo y mejora de todo aquello que emprende. La prueba es sencilla y la pueden llevar a cabo ustedes: pónganse a realizar cualquier labor manual, la que sea. Al poco tiempo, de manera inconsciente, están probando formas de mejorar la eficiencia de lo que están realizando.
«El verano», dibujo de Pieter Bruegel el Viejo de 1568, muestra operarios segando con guadaña
Las sembradoras son las primeras máquinas conocidas que crea el ser humano y los primeros que, se sepa, construyeron una fueron los babilonios, en torno al 1.400 a. C. Los chinos, en el siglo II a. C., crearon la primera sembradora multitubular, lo que significa que la máquina plantaba varias semillas al mismo tiempo.
En Europa esta mecanización de la agricultura aparecerá tarde: fue en el siglo XVI y se atribuye a un tal Camillo Torello. El artefacto que se patentó en Venecia en el año 1566 era una sembradora, la primera en Europa. Esta máquina, o modelo de máquina, se mantendrá prácticamente inalterable hasta su perfeccionamiento en 1701, a manos del inglés Jethro Tull (quien no es solo el genial psicótico barbudo que brincaba sobre los escenarios mientras tocaba la mejor flauta travesera de la historia del rock).
Se considera que el siglo XVIII fue el tiempo en el que se produce una nueva revolución agrícola, consecuencia de la creación de una serie de artefactos que ahorran mano de obra, esfuerzo y mejoran la productividad en relación con las horas de trabajo. Precisamente por ello será el tiempo en el que surgirán las primeras desconfianzas ante las máquinas como competidoras del hombre y supresoras de puestos de trabajo. Esta es una reacción muy humana y la podemos encontrar hoy en día ante la robótica, la inteligencia artificial, etc.
Las siguientes máquinas que se desarrollaron, dejando aparte los arados, talabarterías y uncimientos de los animales, fueron la trilladora y la segadora. Y esto es curioso, ya que la trilladora lleva a cabo una función más compleja que la de la segadora. Sin embargo, se inventó antes una trilladora que una segadora.
Antes de la invención de la trilladora, la separación del grano del heno se realizaba golpeando las gavillas con mayales (palos largos con otros más pequeños conectados por medio de cuerdas o cadenas, con el fin de multiplicar la fuerza cinética del extremo que golpea), haciendo pasear a animales por encima de las gavillas o mediante el arrastre de plataformas, denominadas trillos, por encima de ellas.
Segadora automática (con rastrillos)
Pues bien, la primera trilladora que demostró funcionar correctamente y de manera continuada fue inventada y fabricada por el ingeniero escocés Andrew Meikle en 1786. A partir del modelo de Meikle se realizarían mejoras que harían la máquina más pequeña, más eficiente y más barata. Tras la invención de la trilladora vino la segadora.
Así es, tras la invención de la sembradora y de la trilladora vino la segadora y la primera, oficialmente, se inventó y puso en práctica en 1827. Su creador fue otro escocés, un tal Patrick Bell, y su segadora era capaz de segar media hectárea (5.000 m²) en una hora. En menos de diez años ya existen, al menos, cinco patentes de segadoras en Europa y Estados Unidos. También en 1830 se produjeron los primeros disturbios generalizados en protesta por la mecanización del campo, lo que supuso una supresión de puestos de trabajo y el abaratamiento de los salarios. Estas protestas, conocidas como los Disturbios del Swing, fueron la mayor demostración de malestar social producida en el Reino Unido a lo largo del siglo XIX.
Pues bien, al contrario de lo que postula la opinión popular o, más bien, olvidado por el conocimiento de Occidente, la primera segadora de la que se tiene noticia está documentada en la Galia en el siglo I a. C. Este ingenio lo menciona el escritor y almirante Plinio el Viejo (2–79 d. C.; en realidad se llamaba Cayo Plinio Segundo, pero se le llama así para distinguirlo de su sobrino Plinio el Joven).
Pues bien, el viejo Plinio, que moriría heroicamente tratando de rescatar vidas durante el desastre de la erupción del Vesubio, en su enciclopédica obra Historia natural menciona y describe el vallis. Esta es una máquina que utilizan los galos, un tipo de primitiva segadora que era impulsada por la fuerza animal, con la particularidad de que los animales no tiraban de la máquina (desde adelante de esta), sino que empujaban la máquina (desde atrás de ella).
Este artefacto se consideró una fantasía o bien una tomadura de pelo que el crédulo romano se tragó. Sin embargo, esta máquina será mencionada por otro notable romano. En la Opus agriculturae del escritor y agrónomo Rutilio Tauro Emiliano Paladio (siglo IV d. C.), conocido como Paladio a secas (no confundir con el arquitecto del Renacimiento), es mencionada y brevemente descrita, pero desde este punto en adelante solo encontramos el silencio: se pierde completamente la memoria en relación con esta máquina.
Como les he mencionado, se consideraba que la vallis era una invención fantástica y fantasiosa hasta que hace pocos años se ha descubierto en la localidad de Buzenol (Bélgica), donde se encuentra el yacimiento arqueológico de Montauban, un bajorrelieve datado en el siglo II d. C. que representa una segadora valli. Es la única representación encontrada hasta el día de hoy que prueba la existencia y utilización de esta máquina, descrita por Plinio y olvidada por la historia.