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Batalla de Alfambra. La última carga de la Caballería Española cuadro de Jose Ferre ClauzelJose Ferre Clauzel

La batalla de Alfambra: los 3.000 jinetes nacionales que vencieron a los republicanos en Teruel

Una de las últimas cargas de caballería de la historia militar occidental sucedió durante la Guerra Civil española

La caballería jugó su papel en la guerra civil española. De las diez unidades originales que tenía el Ejército español, solo el 8º Regimiento de caballería Lusitania se mantuvo leal a la República cuando estalló el levantamiento. Después, tanto las fuerzas gubernamentales como los sublevados crearon nuevas divisiones de caballería, pero el Ejército Popular Republicano las utilizó, en mayor parte de la contienda, para labores de reconocimiento o vigilancia.

Por su lado, Franco avanzó desde Marruecos con su «caballería mora», que provocó «un injustificado temor que hombre alguno era capaz de impedir», según escribió el anarquista Cipriano Mera. Sin embargo, la caballería no marcó una diferencia real en batalla hasta bien entrada la guerra civil española.

No era algo nuevo. Bajo el reinado de Alfonso XIII hubo unidades de húsares, cazadores y lanceros, pero las reformas y la falta de financiación redujeron sus capacidades. Una constante que afectó claramente a la guerra de Marruecos, donde el regimiento Alcántara demostró su heroico sacrificio durante la retirada de tropas en Annual, «un desastre que podría haberse evitado si hubiera habido más unidades de caballería», afirma el historiador Ismael López.

Esta decadencia del arma de caballería que aumentó con la aparición de blindados y carros de combate, no eliminó la presencia del jinete y su caballo en los campos de batalla de la guerra civil española. Además de los distintos regimientos y la temida «caballería mora», Franco ordenó, en noviembre de 1937, la creación de la 1ª División de caballería, bajo el mando del general José Monasterio.

Estaba formada por seis regimientos haciendo un total de 3.000 jinetes. Como explica el historiador, «la caballería del general Monasterio fue una pieza clave para entender la derrota de los republicanos en Teruel», donde los republicanos crearon un frente defensivo difícil de sortear para los sublevados. En diciembre de 1937, las tropas de la República avanzaron sobre Aragón y tomaron Teruel en una ofensiva que buscaba sorprender a las tropas de Franco.

La caballería en la batalla de Alfambra

Crearon nuevas líneas, las fortificaron y reforzaron con material y hombres para hacer frente a un ataque directo. Por entonces el Ejército Popular Republicano contaba con tres regimientos configurados en dos escuadras de sables y una de armas automáticas, además de jinetes de las milicias, que no tuvieron presencia en combate. La respuesta de los nacionales no se hizo esperar y Franco movilizó parte de sus efectivos, entre los que estaba la 1ª División de caballería de Monasterio, que trasladó a unos 2.000 jinetes al flanco norte junto al Cuerpo de Ejército Marroquí del general Juan Yagüe.

«Ni en la guerra moderna, ni en ninguna guerra pasada, ni ultramoderna o futura podría suplir a la caballería los blindados, ni los tanques, ni la aviación, ni ningún artefacto que pueda inventar el ser humano», escribió un oficial republicano del 5º Regimiento de caballería del Ejército del Centro. Aunque los tiempos habían cambiado, en este caso tuvo razón.

A primera hora del 5 de febrero de 1938, en un ataque combinado de la infantería y artillería de los sublevados rompieron las defensas republicanas. Aprovechando ese espacio, al día siguiente, Monasterio y sus jinetes avanzaron al galope hacia las tropas enemigas, consiguieron atravesar las fortificaciones y llegaron a la retaguardia dejando a las tropas enemigas entre la «espada y la artillería».

El combate no había terminado, a lo largo de la jornada, la 1ª División atacó el pueblo de Argente y Visiedo, mientras el 4º Escuadrón de Calatrava «cargó con arma blanca apoyado en el bombardeo artillero y siete aviones que ametrallaron en cadena la zona», pero no fue casualidad, «entraba en el programa de la división, ya que había jinetes equipados con banderolas blancas para indicar el avance a los pilotos», explica Ismael López.

Las tres brigadas de caballería siguieron combatiendo en retaguardia, hasta que llegaron a Perales de Alfambra. Habían avanzado 20 kilómetros de manera muy rápida y eficiente «impidiendo la reorganización defensiva del enemigo, lo que contribuyó decisivamente a partir el territorio republicano en dos», detalla el historiador. A pesar de todos los avances tecnológicos, la caballería fue decisiva, poniendo de relieve que el arma todavía seguía siendo útil en el campo de batalla moderno.