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Elon Musk, propietario de la plataforma X

Elon Musk, propietario de la plataforma XNurPhoto via AFP

El gravísimo acoso escolar que sufrió Elon Musk: «Cuando acabaron con él, no podía reconocerle la cara»

El suicidio de Ángela, una adolescente de 14 años en Benalmádena, ha devuelto a la primera línea las heridas y traumas que provoca el acoso escolar.

Aunque la Policía parece haber descartado que la chica estuviese siendo acosada en su instituto (si bien investiga la posibilidad de un ciberacoso a través de las redes sociales), las pesquisas han permitido aflorar otros cinco recientes casos de bullying en el mismo centro donde estudiaba la joven malagueña.

Concluya como concluya la investigación del caso de Benalmádena, los expertos en prevención coinciden en señalar que uno de los elementos más peligrosos en la realidad del acoso escolar es la visión hacia el futuro que pueda proyectar la víctima, y que puede desembocar en ideaciones suicidas –incluso en un final aciago–... o todo lo contrario.

Buen ejemplo de ello es el caso del magnate Elon Musk, quien sufrió un duro episodio de acoso escolar durante su adolescencia en Sudáfrica. Lo narra su biografía autorizada, escrita por Walter Isaacson y publicada en 2023.

Una infancia marcada por la violencia

Nacido en Pretoria en 1971, Elon Musk y su hermano Kimbal crecieron en la violentísima Sudáfrica del apartheid, «un lugar violento, con ataques con ametralladora y asesinatos con arma blanca a la orden del día», explica Isaacson.

Esa violencia se cernía sobre ellos de continuo, como refleja una anécdota que el hermano del dueño de Tesla reveló al biógrafo: «Un día, cuando Elon y Kimbal bajaron de un tren camino a un concierto de música antiapartheid, tuvieron que caminar por un charco de sangre, junto a un cadáver con un cuchillo aún clavado en la cabeza. Durante el resto de la noche, la sangre en las suelas de sus zapatillas hizo un sonido pegajoso contra el pavimento».

Con todo, los mayores episodios de violencia los vivió durante sus años de la escuela secundaria. En concreto, durante un campamento de supervivencia en la naturaleza, conocido como veldskool, que el propio Elon definió después como «vivir dentro de El señor de las moscas, paramilitar, donde el acoso se consideraba una virtud», y que implicaba «palizas y golpes en la cara con troncos» entre los propios adolescentes.

No obstante, «sus experiencias más dolorosas las vivió en la escuela», explica su biógrafo.

«Si nunca te han dado un puñetazo en la nariz...»

Y narra un episodio estremecedor: «Durante mucho tiempo, Elon fue el estudiante más joven y pequeño de su clase. Tenía dificultades para captar las señales sociales. La empatía no le salía de forma natural, y no tenía ni el deseo ni el instinto de ser congraciador. Como resultado, los acosadores se metían con él con frecuencia, y se le acercaban y le daban puñetazos en la cara. 'Si nunca te han dado un puñetazo en la nariz, no tienes ni idea de cómo te afecta el resto de tu vida', dice».

Y continúa: «Una mañana, en una asamblea, un estudiante que estaba jugando con un grupo de amigos chocó contra él. Elon lo empujó. Hubo un intercambio de palabras. El chico y sus amigos lo buscaron en el recreo y lo encontraron comiendo un sándwich. Se acercaron por detrás, le dieron una patada en la cabeza y lo empujaron por unas escaleras de cemento».

Kimbal, que estaba presente, añade más detalles: «Se sentaron sobre él y no pararon de golpearlo y patearlo en la cabeza. (...) Cuando terminaron, ni siquiera pude reconocer su cara. Era una bola de carne tan hinchada que apenas se le veían los ojos».

Tras la paliza, el joven Elon fue llevado al hospital, donde estuvo una semana sin ir a la escuela. «Décadas después, todavía le estaban haciendo cirugías correctivas para intentar reparar el tejido nasal», apunta Isaacson.

Que alguien que haya pasado por semejante calvario, años después haya logrado levantar uno de los emporios económicos más disruptivos del siglo, y haya llegado a ser el consejero áulico del presidente de los Estados Unidos, con un cargo expresamente creado para él, es un signo de aliento para todos aquellos que, por culpa de unos matones de colegio, tengan la –lógica– tentación de mirar al futuro con desesperanza.

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