Fundado en 1910
Feto

En España hay más de 100.000 embriones congelados, cuyo destino es inciertoLu Tolstova

Los 100.000 «hijos congelados» de España: el problema creciente de los embriones abandonados en laboratorios

Las fecundaciones in vitro se ha disparado un 45% desde 2020, y los expertos alertan de que, en una década, el número de embriones humanos criopreservados puede superar el millón y medio

Aunque su destino natural debería haber sido el cálido seno de sus madres y el amor de un hogar, hoy en España más de 100.000 embriones humanos permanecen, «almacenados» como mercancía, en tanques congeladores de nitrógeno líquido.

Concebidos en probetas de laboratorio por expreso deseo de sus padres, más de 790.000 seres humanos en nuestro país han sido llamados a la vida en procesos de Fecundación In Vitro (FIV).

Sin embargo, para al menos 100.000 de ellos, en algún momento previo a la implantación se decidió interrumpir el proceso de gestación... y sus biografías quedaron literalmente congeladas, abandonadas por quienes iban a ocuparse de ellos, suspendidos en el tiempo.

Desde que en España se aprobó la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida en 1988, cientos de miles de bebés en potencia han sido concebidos año tras año.

Y decenas de miles llevan décadas abandonados en estado de criopreservación, en ocasiones con padres que ya han fallecido o son imposibles de localizar, hermanos «menores» que superan los 30 años, y madres que ya no pueden implantárselos por pura imposibilidad fisiológica.

Los «hijos congelados» de España

Pero, ¿cuál es el origen de estos embriones abandonados, de estos «hijos congelados de España»?

Según los últimos datos publicados por la Sociedad Española de Fertilidad (recogidos en 2021), en nuestro país ya se superan los 165.000 procesos de fecundación in vitro al año.

En concreto, en el último año se realizaron 165.453 «ciclos» de FIV, a los que hay que sumar otros 33.818 procesos de Inseminaciones artificiales.

Estas cifras otorgan a España el comprometedor título de país europeo con mayor número de intervenciones de reproducción artificial. En total, el 15 % de todas las que se llevan a cabo en Europa.

Ahora bien, de todos esos embriones humanos generados en laboratorio, sólo han llegado a término 40.638 bebés.

Dicho de otro modo: de cada 10 seres humanos concebidos por técnicas de reproducción artificial, sólo nacen 2, mientras que los otros 8, o mueren a lo largo del proceso, o quedan «congelados» a la espera de ser implantados... o destruidos.

Un millón y medio en la próxima década

La situación plantea ya tales problemas que los propios centros de reproducción asistida –los mismos que han levantado un negocio con la creación de vida humana en laboratorio–, están empezando a alzar la voz.

Uno de estos centros, el Instituto Bernabéu, informaba hace pocas semanas de que «se estima que el número de embriones criopreservados en España que se encuentran en situación de abandono alcanza los 100.000» y, de hecho, «sigue creciendo exponencialmente».

Esta situación, aseguran, se agrava cada año, «ante el incremento sostenido de los tratamientos de fertilidad, que deriva a su vez en el aumento del número total de embriones criopreservados».

En detalle, según la estimación de estos expertos, el número de embriones que se encuentran en esta suerte de «limbo» ha experimentado un crecimiento acumulado de casi el 45% en los últimos cinco años, «hasta superar los 791.000 embriones, según los últimos datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF)».

Y alertan: «Si se mantiene este crecimiento anual del 7 al 8% observado, en la próxima década se superará la cifra de 1,5 millones de embriones congelados en España».

Un atentado contra la vida humana

Como explica para El Debate Juan Ignacio Grande, experto en bioética y secretario general del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, «las técnicas de reproducción asistida tienen efectos terribles para la salud física y psicológica de la mujer, pero además, cuando se ve todo el proceso, salta a la vista que suponen un atentado contra la vida: seleccionan y eliminan aleatoriamente seres humanos, convierten a la persona en un producto que puede ser fabricado y congelado, y hacen negocio con el sufrimiento de las parejas infértiles».

Desde el propio Instituto Bernabéu constatan la dimensión ética del problema y su vinculación con la desestructuración familiar de la sociedad española.

«En el caso de los embriones abandonados, no siempre hay una voluntad explícita de abandono, sino una ausencia de decisión por parte de los pacientes sobre su destino, que se prolonga en el tiempo y ‘obliga’ a las clínicas a mantenerlos criopreservados, a pesar de que sus progenitores se hayan despreocupado de ellos», explica Jaime Guerrero, del Instituto Bernabeu.

«En muchos casos, las parejas ya han completado su 'proyecto reproductivo', pero no quieren destruir los embriones ni tampoco donarlos. Esa indecisión sostenida es una de las principales causas de acumulación. A ello se suman situaciones como separaciones, discrepancias entre los miembros de la pareja o la dificultad emocional que implica decidir entre donación, investigación o cese de conservación», señala Guerrero.

Cuatro destinos para estas vidas

La legislación española, tras la reforma impulsada en 2006, establece cuatro destinos para estos embriones humanos, pero dos suponen una condena a muerte.

El primero, que sean implantados por la propia mujer o por su pareja. El segundo, la donación con fines reproductivos para terceros. El tercero, la donación a la investigación. Y, por último, el cese explícito de su conservación. Es decir, en el tercer y cuarto supuestos, su destrucción –aunque al tratarse de una vida humana, tal vez cabría decir «su asesinato» u «homicidio»–.

Aunque la norma exige que cada dos años los padres renueven su decisión, si tras dos intentos consecutivos no se obtiene respuesta de los progenitores, los embriones quedan a disposición del centro.

Y sin embargo, cada vez son más los trabajadores de este tipo de clínicas que apuntan a un conflicto ético: los embriones fueron creados con un fin reproductivo específico, de modo que «se genera un conflicto entre la autonomía de los progenitores, el estatus jurídico del embrión y la responsabilidad de los centros», reconoce Guerrero.

La solución menos mala

La solución a este limbo legal pasaría por la misma salida que los expertos en bioética llevan décadas pidiendo, y que es, por cierto, la misma que la doctrina de la Iglesia ha defendido desde el origen de estas técnicas. A saber, una moratoria internacional para dejar de crear nuevos embriones, hasta implantar los que permanecen congelados.

Como explica Juan Ignacio Grande, «una vez que el mal está cometido, hay que intentar que no vaya a más. Y por eso, lo mejor es que la madre progenitora acoja a esos niños, que son sus hijos, y se vaya implantando los embriones que tenga congelados, sin generar ninguno más».

Pero, ¿y si la madre progenitora no puede, o no quiere?

Aquí el terreno es más resbaladizo, puesto que hay expertos en bioética que proponen la adopción prenatal, tal y como permite la ley, y otros que defienden descongelarlos para «dejarlos morir».

Grande lo sintetiza así: «Aquí ya nos tenemos que mover en el ámbito de 'lo menos malo', nunca de una opción moralmente buena. Así que con cualquiera de las dos opciones, que además en ambos casos contempla la ley, para que el mal cese, lo imprescindible es que no se sigan creando más embriones a través de técnicas de fecundación artificial, porque si no, sólo estaríamos colaborando con el mal, enriqueciendo a una industria que instrumentaliza la vida humana hasta el punto de dejarla congelada».

Y, aunque no tengan voz, la existencia inmensamente digna de más de 100.000 seres humanos, hijos abandonados en tanques congeladores de España, dan fe a sus palabras.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas