Mi bandera por Augusto Ferrer-Dalmau
Martín Álvarez, el soldado que defendió la bandera española hasta la muerte frente a Nelson
La orden que recibió el granadero fue la siguiente: «Granadero, dí a tus compañeros que ninguno se rinda sino después de muerto»
Dice el director del Museo Naval de Madrid, Juan Escrigas, que el cuadro titulado Mi Bandera de Augusto Ferrer-Dalmau –que ahora forma parte de la exposición La bandera que vino de la mar: Los colores que nos identifican– «expresa la bendita testarudez de los españoles en que la bandera no se rinde» y, por ende, «España no se rinde».
En él, el pintor de batallas retrata al heroico granadero Martín Álvarez en un barco desarbolado por el combate del cabo de San Vicente en 1797 contra los ingleses. Y en actitud desafiante, con la espada en una mano y aferrándose con la otra a la rojigualda, defendió la bandera hasta el último aliento.
Martín Álvarez se alistó en el Real y Glorioso Cuerpo de Infantería de Marina en 1790. Una vez dentro fue destinado al 9.º batallón, embarcando en el navío Gallardo, con el que participó en la reconquista de las islas de San Pedro y San Antioco, así como en el bloqueo y toma de Tolón.
En 1794, trasbordó al navío San Carlos; después a los navíos Santa Ana y Príncipe de Asturias (1796); y el 1 de febrero de 1797, al navío San Nicolás de Bari, de 74 cañones, al mando del brigadier Tomás Geraldino, tal y como recoge Alfonso de Ceballos-Escalera Gila en la biografía de Álvarez para la Real Academia de la Historia (RAH).
«Durante el combate del cabo de San Vicente contra la escuadra inglesa del almirante Jervis (14 de febrero de 1797) cumplió la última orden de su comandante moribundo», advierte de Ceballos-Escalera Gila. La orden fue la siguiente: «Granadero, dí a tus compañeros que ninguno se rinda sino después de muerto».
El combate del cabo de San Vicente
El día de San Valentín de 1797 tuvo lugar un combate naval entre España y Gran Bretaña frente al cabo de San Vicente, en el extremo occidental de la costa portuguesa del Algarve y enmarcado en la firma del Tratado de San Ildefonso, por el que España se comprometía a combatir junto a la Francia revolucionaria en caso de que esta entrara en guerra con Inglaterra.
La flota española, bajo el liderazgo de José de Córdova, contaba con 24 navíos de línea, siete fragatas y un bergantín, sumando en total 2.638 cañones; por su parte, el almirante británico lideraba 15 navíos de línea, cuatro fragatas, dos balandros y un cúter, sumando 1.430 cañones.
Batalla del Cabo de San Vicente (1797)
Ante la superioridad de sus enemigos, los británicos trataron de evitar el combate, pero finalmente el almirante Jervis decidió atacar cuanto antes para impedir que los barcos españoles pudieran unirse a los franceses, que se encontraban en Brest, y aumentara así su desigualdad numérica.
«Para ventaja de los británicos, la escuadra española estaba formada en dos grupos tácticamente mal dispuestos para el combate, mientras que los británicos conservaban la línea», advierte el general Manfredo Monforte Moreno al recordar esta efeméride en el portal Academia de las Ciencias y las Artes Militares.
Al ver esa ventaja, el almirante británico «ordenó a su flota que pasara entre ambos grupos, lo que optimizaría el uso de los cañones de sus barcos, mientras impedía que la flota española pudiera usar todos los suyos», continúa explicando y añade que «en todo momento [Jervis] maniobró la flota con el fin de impedir que los barcos españoles pudieran escapar hacia Cádiz».
Horatio Nelson, a bordo del HMS Captain, «se dirigió hacia la retaguardia de la línea española» y, «desobedeciendo las órdenes de que la línea británica maniobraba para acorralar al grupo menor de buques españoles, rompió la formación para perseguir al grupo mayor, colocándose frente a los buques españoles», comenta el general Monforte.
«Que ninguno se rinda sino después de muerto»
Aunque Jervis bramó al ver que Nelson desobedecía sus órdenes, «envió nuevos buques en su apoyo». Durante el enfrentamiento, los británicos lograron tomar el barco español San Nicolás de Bari, donde la tripulación española tomó la determinación de luchar hasta la muerte.
Abordado por el HMS Captain, los infantes de Marina, arrinconados hacia el castillo de popa por los ingleses, fueron cayendo uno a uno, hasta quedar solo en pie Martín, quien «se defendió como un león, sable en mano y aferrándose a la bandera rojigualda todavía izada, pues su arriado habría supuesto enviar al enemigo señal de rendición», destaca el portal de Defensa y Aviación.
El «Capitán» capturando el «San Nicolás» y el «San José» en la batalla del cabo de San Vicente, el 14 de febrero de 1797.
Según relata este portal, un sargento de los marines británicos, William Morris, armado con un sable y una pistola, pretendió arriar la bandera rojigualda. El granadero español dio señales de que se detuviese, pero el inglés la desoyó. Como consecuencia, «Martín lo atravesó con tal fuerza que lo dejó clavado con su sable a un mamparo. Tras esa acción, incapaz de recuperar su sable, Martín agarró un fusil e intentó abatir a culatazos a un oficial y a varios soldados británicos que se abalanzaron contra él», detalla el portal especializado en opinión y temas de defensa.
Finalmente, Martín Álvarez fue abatido. Nelson, que había contemplado la heroica defensa de Martín, ordenó «envolver su cuerpo con la bandera por la que había derramado su sangre, y dispuso que fuese lanzado al mar con todos los honores», advierte el portal. Pero al cargarlo vieron que «quedaba en él un hálito de vida» y, conmovido por su actuación, Nelson «mandó que lo curaran y que lo desembarcaran en tierra», comenta la historiadora y colaboradora de El Debate María Fidalgo en su pódcast semanal.
Devuelta a España, Martín fue llamado a testificar en el consejo de guerra que se celebró contra los oficiales responsables de la que sería la primera derrota española contra la Royal Navy. Allí el general Núñez Gaona le preguntó: «¿Se encontraba en el navío 'San Nicolás de Bari' con ocasión de rendirse este barco a los ingleses?». El granadero lo negó. Cuestionado por el general si acaso no estaba a bordo de aquel navío, Martín contestó afirmativamente.
«Entonces, ¿por qué niegas haber estado en el 'San Nicolás de Bari' con ocasión de rendirse a los ingleses?», inquirió el general, a lo que nuestro protagonista contestó: «Porque el 'San Nicolás de Bari' no se rindió, sino que fue abordado y tomado a sangre y fuego».
Martín Álvarez fue reconocido por el valor demostrado en el combate. Fue ascendido a cabo y poco después a cabo primero. Hoy la Armada española honra a Martín como uno de sus héroes que defendieron la nación hasta las últimas consecuencias.