Felipe II y el eclipse que permitió medir la longitud de sus dominios

Felipe II y el eclipse que permitió medir la longitud de sus dominios

¿Cómo los eclipses sirvieron para medir la longitud del Imperio español?

El rey Felipe II, apasionado de la astronomía, pidió a sus cosmógrafos que investigaran los eclipses lunares en España y América para zanjar disputas territoriales

Felipe II fue un gran apasionado por la astronomía. En el monasterio del Escorial, construido para tener su propio palacio salomónico en la Tierra, situó su centro de investigaciones matemáticas y astronómicas.

Entre las diferentes misiones, encargó a su cosmógrafo Juan López de Velasco investigar los eclipses lunares en el Imperio español, con el fin de conocer la longitud exacta de sus dominios.

Elaboró el primer plan sistemático de observación astronómica a gran escala en el mundo en 1584, cuando se envió una expedición de tres científicos para medir un eclipse lunar en la Nueva España, cuyos datos se contrastarían posteriormente con los obtenidos en España.

Hasta la Edad Moderna, había quienes pensaban que los eclipses anunciaban guerras, muertes de reyes o epidemias, a pesar de que Ptolomeo ya había dado explicaciones científicas sobre estos fenómenos.

Desde el Tratado de Tordesillas, firmado en 1494 entre los Reyes Católicos y Portugal, se convirtió en una prioridad el conocer la posición exacta de los lugares de ultramar. Ya fuera a través de la latitud, la cual pudieron determinar gracias a la posición de la estrella polar; y la longitud, el gran quebradero de cabeza de la Monarquía.

En pleno siglo XVI, el cosmógrafo mayor, Alonso de Santa Cruz, escribió el «Libro de las longitudes», para zanjar de una vez las disputas territoriales sobre islas como las Molucas.

Sin embargo, su proyecto basado en los eclipses no recibió el apoyo esperado y se tuvo que esperar a que, en 1571, Felipe II creara el puesto de cosmógrafo-cronista mayor del Consejo de Indias, nombrando a Juan López de Velasco.

Medir el Imperio español

López de Velasco no tenía conocimientos astronómicos, sino que era un hombre dedicado «al oficio de los papeles». Sin embargo, aprovechó el conocimiento registrado por Santa Cruz y redactó las primeras «Instrucciones para la observación de los eclipses de luna».

En 1577, se registraron dos eclipses desde España, uno lunar y otro solar. Para este último, el propio Velasco se dirigió al Escorial para recoger más información, mientras se presenció en Toledo y Valladolid a la vez.

«Felipe II convocó un concurso con un premio de 6.000 ducados de renta perpetua para el que inventara una forma de medir la longitud con mayor precisión».

¿Por qué servía un eclipse lunar a la Monarquía? Porque, a diferencia del solar, podía observarse desde una parte mucho mayor del globo. La hora en la que comenzaba y terminaba la proyección de la oscuridad permitía calcular la diferencia horaria en los diferentes lugares donde se midiera para hallar la longitud.

Velasco envió a diferentes cosmógrafos a varios puntos de América para que registraran, mediante los instrumentos astronómicos, la duración y características del eclipse. El objetivo principal fue comparar la información recogida en la península con las posesiones de ultramar para extraer conclusiones científicas.

En definitiva, si dos personas apuntaban las horas locales cuando se producía el eclipse lunar y se restaban ambas cifras, el resultado solía equivaler a una hora igual a 15 grados y 4 grados cada minuto.

¡De esta forma se conseguiría hallar la longitud de los territorios de la Monarquía! En 1578, ya se trató de comparar un eclipse lunar que fue observado en Puebla (Nueva España), con otro en Toledo (España).

El gran eclipse de 1584

Velasco elaboró unos cuestionarios para distribuirlos por Hispanoamérica entre todos los servidores y cosmógrafos, con el fin de que recogieran toda la información posible. Para los eclipses de 1577, estos documentos no llegaron y por los pelos llegaron al de 1578.

Por eso, dos años más tarde se recordó la función de aquella iniciativa real, que significó la puesta en marcha del primer plan sistemático de observación astronómica a gran escala en el mundo.

Al rey español le llegó la información de que, el 17 de noviembre de 1584, se registraría un eclipse lunar en México. Para su medición, envió al cosmógrafo Jaime Juan, quien, junto a dos colegas, partió del puerto de Sevilla hacia mayo o junio de 1583.

La idea fue preparar el terreno para no fallar el día del eclipse, como ya había pasado anteriormente. Cuando llegó el esperado día, se subieron sobre la azotea de las casas reales y, en presencia del virrey de Nueva España, Pedro Moya de Contreras, se midió aquel eclipse lunar.

Jaime Juan y sus colaboradores establecieron una diferencia de meridianos entre México y Sevilla de 7 horas, 2 minutos y 52 segundos; lo que equivalía a 106 grados, 48 minutos y 30 segundos. Según la ciencia moderna… ¡solo se equivocaron en 13 minutos!

Esto sirvió de auténtico precedente para continuar con estas mediciones, hasta tal punto que, en 1598, Felipe II convocó un concurso con un premio de 6.000 ducados de renta perpetua para el que inventara una forma de medir la longitud con mayor precisión. Lo mismo haría su hijo, Felipe III, sumando otros 2.000 ducados más al premio.

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