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Mariamna abandona el tribunal de Herodes ( John William Waterhouse , 1887)

Mariamna abandona el tribunal de Herodes ( John William Waterhouse , 1887)

La turbulenta dinastía de Herodes: matrimonios, traiciones y ejecuciones en la familia del rey de Judea

El Evangelio narra cómo Juan el Bautista denunció a Herodes por casarse con la mujer de su hermano, lo que acabó llevándole a ser ejecutado por petición de Salomé

Para llevar la cuenta de todos los matrimonios entre parientes, ejecuciones, traiciones y adulterios que hubo en la dinastía fundada por Herodes el Grande haría falta un experto en tragedias griegas. Seguir el hilo de este árbol genealógico es casi tan complicado como desenredar las intrigas de la casa de los Atridas, donde cada generación heredaba no solo el trono, sino también las traiciones de la anterior.

Herodes el Grande, fundador de la dinastía, no era judío, sino hijo de un alto funcionario de origen idumeo y de una noble nabatea (la civilización que creó la impresionante ciudad de Petra). Herodes recibió el trono del Senado romano, que necesitaba un rey vasallo en la zona, ya que no se fiaba de la anterior familia reinante, la dinastía asmonea. Este Herodes es el que ordenó la matanza de los inocentes, que no debe confundirse con el que mandó ejecutar a Juan el Bautista: su hijo, Herodes Antipas.

Pero volvamos al primer Herodes. Para afianzar su posición se casó con la nieta del último rey asmoneo, Mariamna, célebre por su belleza. Obsesionado con un levantamiento que devolviera a los asmoneos al poder, acabó ejecutando a su esposa, además de al hermano de esta, que había sido nombrado sumo sacerdote, y a la madre de ambos, Alejandra, una influyente mujer que era amiga de la reina Cleopatra de Egipto. Herodes tuvo numerosos hijos de cinco esposas, de los cuales mandó ejecutar a varios: corrieron esta suerte los hijos de Mariamna, Alejandro y Aristóbulo, y también su primogénito, Antípatro, hijo de Doris, a la que repudió para casarse con la princesa asmonea.

Mariamna, esposa del rey Herodes, y sus hijos camino de la ejecución, Edward Hopley, 1868.

Mariamna, esposa del rey Herodes, y sus hijos camino de la ejecución, Edward Hopley, 1868.

Los hijos de Mariamna, antes de ser ejecutados por rebelión contra su padre, habían contraído sendos matrimonios. Alejandro, con una princesa capadocia, Glafira, y Aristóbulo, con su prima Berenice, hija de Salomé, la intrigante hermana del rey Herodes. La rivalidad entre Glafira y Berenice fue encarnizada: la princesa capadocia despreciaba a su cuñada y a la madre de esta, burlándose de su baja ascendencia.

Salomé podría no tener sangre real, pero lo que sí tenía era sed de poder y de venganza. Ya había instigado a su hermano en varias ocasiones contra la desdichada Mariamna, acusándola de rebelión y adulterio hasta que consiguió su muerte. También se había divorciado de su esposo Costóbaro, gobernador de Idumea, pero, no contenta con eso, lo acusó de planear un levantamiento contra Herodes, lo que acabó en su ejecución.

Glafira, con su desdén contra Berenice, se había ganado una enemiga muy poderosa. Salomé hizo correr el rumor de que el rey Herodes, suegro de Glafira, estaba loco de pasión por ella, lo que llevó a la enemistad entre el esposo de la princesa, Alejandro, y su padre. La situación se tensó hasta que la sangre llegó al río. Tras la ejecución de Aristóbulo y Alejandro, Glafira contrajo matrimonio con el rey Juba de Mauritania y abandonó la corte.

Litografía que representa a Herodes el Grande, rey de Judea, en la obra de construcción del palacio en la cima del Herodión

Litografía que representa a Herodes el Grande, rey de Judea, en la obra de construcción del palacio en la cima del Herodión

Tras la muerte de Herodes el Grande, le sobrevivieron los hijos que tuvo con Maltace, una noble samaritana: Herodes Antipas, que gobernó Galilea, y Arquelao, que tomó el mando de Judea. También vivía Filipo, hijo de, para complicar más las cosas, una segunda Mariamna; además de otro Herodes Filipo, hijo de una quinta esposa, Cleopatra de Jerusalén. Esta generación seguiría los escandalosos pasos de su padre.

En primer lugar volvió a Judea Glafira, la princesa capadocia, divorciada de Juba de Mauritania, para casarse con el medio hermano de su primer esposo: Arquelao. Esto resultó un escándalo para los judíos, porque contravenía la ley del levirato: esta ley establecía que, si un hombre moría sin hijos, su hermano debía casarse con la viuda para darle descendencia. El primer hijo sería considerado legalmente del difunto, para preservar su nombre y herencia.

Sin embargo, si ya había hijos, como era el caso, este matrimonio se consideraba incestuoso. Además, el rey Juba de Mauritania aún vivía, por lo que, además de incesto, había bigamia. El final de este matrimonio parece de leyenda: Glafira soñó que su primer esposo, Alejandro, le reprochaba su infidelidad y la reclamaba como suya. Murió dos días después.

Mientras tanto, Berenice, la esposa de Aristóbulo y sobrina de Herodes el Grande, le dio varios hijos, entre ellos Herodes Agripa, que se educó en Roma, donde entablaría gran amistad con la familia imperial. También fue madre de Herodías, una joven que daría que hablar: contrajo matrimonio con uno de los hijos de Herodes, Filipo, con quien tuvo hijos, entre ellos la bíblica Salomé.

Imagen del cuadro 'Salomé con la cabeza del Bautista', de Caravaggio

Imagen del cuadro 'Salomé con la cabeza del Bautista', de CaravaggioPatrimonio Nacional

Tras la muerte de Filipo se casó con el medio hermano de su esposo, Herodes Antipas: de nuevo, el pueblo judío les reprochó incumplir la ley del levirato, tachando su unión de incestuosa. Herodes Antipas no quiso escuchar a nadie, y menos a Juan el Bautista, a quien hizo encarcelar, si bien no se atrevió a ejecutarlo porque el pueblo lo tenía por profeta. El final de la historia es de sobra conocido: Salomé bailó para su padrastro una danza que le agradó en tal modo que le prometió bajo juramento darle lo que ella pidiera. A instancias de su madre, Herodías, la princesa pidió la cabeza de Juan el Bautista, que le fue entregada en una bandeja de plata.

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