Fundado en 1910

El pan en la antigua Roma. Fresco descubierto en Pompeya

Así utilizaba Roma el pan para mantener la paz y evitar las revueltas

En una ciudad donde cientos de miles de personas dependían del suministro público de trigo, el pan era mucho más que un alimento básico

«Desde hace tiempo, exactamente desde que no tenemos a quien vender el voto, este pueblo ha perdido su interés por la política, y si antes concedía mandos, haces, legiones, en fin, todo, ahora deja hacer y sólo desea con avidez dos cosas: pan y circo», escribe Juvenal en su Sátira X.

La célebre expresión «pan y circo», resumía, con la ironía característica del poeta, uno de los pilares de la estabilidad política del Imperio romano. Para mantener en calma a una población que podía superar el millón de habitantes, los emperadores debían garantizar dos cosas: entretenimiento y, sobre todo, el suministro regular de alimento. Tan importante era el pan como las luchas de gladiadores o las carreras de carros.

Roma era una ciudad gigantesca para los estándares del mundo antiguo, pero su territorio inmediato no podía producir suficiente grano para alimentar a toda su población. Sería a finales de la República cuando la capital empezó a depender de enormes importaciones de trigo procedentes de Sicilia, el norte de África y, sobre todo, Egipto, convertido en provincia romana tras la derrota de Cleopatra y Marco Antonio en el año 30 a. C.

«Alimentar a Roma no era una cuestión doméstica, de gastronomía», advierte el historiador Sergio Alejo en esRadio, «sino que también era un problema político de primer orden», porque cualquier interrupción del suministro podía desencadenar disturbios.

Según analiza la curadora de museos, arqueóloga e historiadora Linda Ellis en un artículo publicado en Medium, la frase «pan y circo» nos «ofrece una ventana a la vida y a las luchas de las masas urbanas de la antigua Roma».

Tras el triunfo de Augusto, que se convirtió en el primer emperador de Roma, «los romanos ya no podían influir en las decisiones gubernamentales a través de políticos electos y, por lo tanto, solo podían apelar al emperador mediante manifestaciones», advierte la historiadora.

Para evitar los disturbios, el Estado romano desarrolló un complejo sistema de abastecimiento conocido como la annona. Inicialmente consistía en la distribución del trigo subvencionado o gratuito a los ciudadanos más pobres de Roma, pero con el tiempo se convirtió en una vasta administración encargada de garantizar el transporte del grano desde las provincias productoras hasta los almacenes de la capital.

Según explicó Alejo en el programa Es la mañana de fin de semana, la annona era el sistema de distribución pública de trigo y pan que permitía al Estado romano mantener la paz social: «Cuando había hambre, la ciudad se convertía en un peligro».

En este sentido, la arqueóloga e historiadora recoge en su artículo varios episodios de protesta provocados por problemas en el suministro de grano: «Cualquier retraso en la llegada de la flota de grano podría provocar hambruna en Roma, ya que el pan era el componente principal de la dieta», subraya.

Los conflictos políticos del año 41 a. C., en plena lucha entre los herederos de Julio César, interrumpieron temporalmente el suministro de alimentos a la capital. La escasez provocó disturbios y protestas populares: la población hambrienta organizó una huelga en toda la ciudad. «Tan solo dos años después, cuando Roma enfrentó una nueva hambruna, el pueblo se manifestó para quejarse del hambre y los altos impuestos: Octavio —el futuro emperador Augusto— y Marco Antonio fueron apedreados en el Foro, y Antonio envió soldados que masacraron a los manifestantes».

El problema no desapareció con el Imperio. En el año 51 d. C., un retraso en la llegada de la flota de grano provocó otra grave escasez. «Con solo un suministro para quince días en Roma, multitudes enfurecidas rodearon al emperador Claudio en el Foro y le lanzaron mendrugos de pan duro hasta que los soldados lo rescataron», relata Ellis.

Estos disturbios muestran hasta qué punto el abastecimiento de trigo era una cuestión política de primer orden. Garantizar el pan de Roma significaba garantizar la estabilidad del régimen. No es casualidad que los emperadores dedicaran enormes recursos a mejorar los puertos, las rutas marítimas y los sistemas de almacenamiento del grano.

Cuando el sistema fallaba, las consecuencias podían ser graves. Las tensiones sociales provocadas por la escasez contribuyeron al clima de descontento que rodeó la caída de Nerón en el año 68 d. C., según advierte la historiadora estadounidense en su artículo. Más de un siglo después, en el año 189, una crisis provocada por la especulación con el grano desencadenó violentas protestas en la capital. Según relata Ellis, «se creó una escasez artificial para aumentar los precios, y el emperador Cómodo envió a la caballería para reprimir a los manifestantes».

En una ciudad donde cientos de miles de personas dependían del suministro público de trigo, el pan era mucho más que un alimento básico: era uno de los fundamentos del orden político.