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Marco Antonio y Cleopatra en Tarso

Marco Antonio y Cleopatra en Tarso

Fiestas, escándalos y una deuda millonaria: así fue la juventud de Marco Antonio antes de ser general

«¿Quién fue jamás tan entregado a la embriaguez, a los juegos, a la lujuria, como Marco Antonio en su juventud?», escribió Cicerón en sus 'Filípicas'

Brillante militar y político romano, Marco Antonio fue la mano derecha de Julio César –y el encargado de pronunciar la célebre oración fúnebre tras su asesinato–, figura clave del Segundo Triunvirato junto a Octavio y Lépido, y uno de los grandes protagonistas de la crisis final de la República romana.

Se le recuerda también por su liderazgo en campañas militares y por su romance con Cleopatra, que acabó conduciéndolo a la derrota frente a Octavio y, finalmente, al suicidio. Sin embargo, pocos saben que sus primeros años estuvieron marcados por el escándalo.

"Cleopatra y Marco Antonio moribundo" o "La muerte de Marco Antonio". Dibujo de Joaquín María Fernández de Córdoba y Vera de Aragón

«Cleopatra y Marco Antonio moribundo» o «La muerte de Marco Antonio». Dibujo de Joaquín María Fernández de Córdoba y Vera de Aragón

Nacido el 14 de enero de 83 a. C., Marco Antonio escogió mal, en su juventud, a sus amistades. Procedente de una familia aristocrática venida a menos, recibió la educación propia de su clase bajo la supervisión de su entorno familiar, pero su asociación con Cayo Escribonio Curión marcó un antes y un después. Plutarco relata lo siguiente en Vida de Marco Antonio: «Dicen que Antonio fue una brillante promesa en su juventud, hasta que su íntima amistad con Curión cayó sobre él como una peste».

Desde entonces, pasó noches entre borracheras y francachelas; frecuentó locales de mala fama junto con su ahora inseparable amigo. «El mismo Curión era desenfrenado en sus placeres y, para hacer a Antonio más manejable, lo ocupó en borracheras, y con mujeres, y en gastos inmoderados y extravagantes», comenta el historiador griego.

Esta imagen de juventud desordenada también fue mencionada sin piedad por Cicerón, su enemigo más encarnizado. En sus Filípicas, el orador lo retrata como un joven dominado por los excesos: «¿Quién fue jamás tan entregado a la embriaguez, a los juegos, a la lujuria, como Marco Antonio en su juventud? Nada hubo tan vergonzoso que no hiciera, nada tan deshonesto que no alabara».

Aunque condicionadas por la rivalidad política, estas acusaciones coinciden en lo esencial con otras fuentes antiguas. Cicerón insiste también en el despilfarro y el endeudamiento precoz de Antonio: «Desde muy joven te arrojaste a una vida tal que no había en ella ni medida ni freno, y en poco tiempo agotaste no solo tu patrimonio, sino también el ajeno», arremete.

Así transcurrieron los primeros años de su juventud y, antes de cumplir los veinte, Marco Antonio ya había acumulado una deuda importante. «Esto envolvió a Antonio en una gran y excesiva deuda para su edad: una deuda de doscientos cincuenta talentos», advierte Plutarco. Según explica el académico Joshua J. Mark en World History Encyclopedia, se trata de una cantidad que, de forma aproximada, equivaldría hoy a varios millones de dólares.

Por último, Cicerón subraya la mala reputación que se ganó el joven Marco Antonio por rodearse de personajes marginales y alejados de los círculos respetables de la aristocracia romana: «Te rodeaste de actores, de rufianes y de gentes perdidas; huías de los hombres honrados y buscabas la compañía de quienes se parecían a ti».

Sin más remedio que esquivar a sus prestamistas, Marco Antonio huyó a Grecia, donde pasó un tiempo estudiando oratoria y ejercicios militares, una formación que acabaría resultando decisiva para su posterior carrera política y para el carisma con el que conquistó a soldados y multitudes.

Aquel joven desordenado y endeudado, que escapó a Grecia en busca de una nueva oportunidad, regresaría convertido en uno de los hombres más influyentes del mundo romano. Se unió al ejército del procónsul Gabinio como comandante de caballería con el que recibiría su bautismo de guerra en la campaña de Siria. Allí destacó por su valor, temeridad y visión como estratega.

Su carisma y habilidades forjadas en el exilio lo llevarían, años después, a convertirse en un actor decisivo en el destino de la República. La leyenda de Marco Antonio no se comprende sin conocer los excesos y caídas que marcaron sus comienzos.

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