Carlos V y la supuesta ubicación de El Dorado
Cuando Carlos I entregó Venezuela a banqueros alemanes para pagar sus deudas
Una parte importante de la recién tomada Venezuela fue entregada a los banqueros alemanes Welser mediante la Capitulación de 28 de marzo de 1528, dada en Madrid, que arrendaba temporalmente los territorios comprendidos entre los cabos de Maracapaná y de la Vela, con algunas condiciones
Sabido es que Castilla, y por extensión los reinos peninsulares, se aprovecharon poco del oro americano. Del quinto real, que nunca fue un quinto porque estuvo escamoteado desde el principio, que se recibía, una parte importante iba destinada a financiar las guerras que el emperador Carlos mantenía en Europa y antes para pagar los votos de los electores alemanes. Por lo que los beneficiarios estaban más bien en Flandes, los Países Bajos o el norte de Italia.
Como los gastos de guerras superaban el tesoro periódico de las Indias, el emperador tuvo que endeudarse con banqueros alemanes para sostenerlas. Los más importantes fueron la Casa Fugger y la Casa de los Welser, conocidos como Fúcares y Belzares. Es el origen de la primera llegada de extranjeros al Nuevo Mundo.
Una pragmática de 1523 había prohibido el comercio en América a los que no eran súbditos del rey español. Sin embargo, movido por las deudas, este comercio se abrió a los súbditos del Imperio por otra pragmática de 1526. Dos años después, una parte importante de la recién tomada Venezuela fue entregada a los banqueros alemanes Welser mediante la Capitulación de 28 de marzo de 1528, dada en Madrid, que arrendaba temporalmente la parte de Venezuela comprendida entre los cabos de Maracapaná y de la Vela, con algunas condiciones.
Así llegaron los primeros germanos a tierra firme. Los banqueros delegaron en dos agentes: Enrique Ehinger y Jerónimo Sailer. El primero pertenecía a una familia de hombres de confianza de los Welser y sus dos hermanos ya habían preparado el camino residiendo desde 1526 en La Española.
La muerte de Rodrigo de Bastidas produjo una cierta anarquía, una lucha permanente contra los indios, de la que se salvaban unos pocos enclaves. Se necesitaba gente nueva, proyectos realizables y combatientes. El gobernador de Santa Marta, García de Lerma, no podía solo con la tarea. Iba a ser el anfitrión y guía de las expediciones nuevas.
Los alemanes iban con nombramientos desde España de gobernador y capitán general para Ambrosio de Alfinger o Jorge Ehinger. Tenían amplios poderes y facultades administrativas, judiciales y militares. Alfinger iba a Venezuela con tres navíos y una carabela y llegó a Coro en febrero de 1529.
La primera de las obligaciones impuestas por la Corona era la de poblamiento. Tenían que construir al menos dos poblaciones y tres fortalezas, llevar al menos trescientos hombres y tener todo construido en el plazo de dos años. Todo a costa de los Welser. Y desplazar asimismo cincuenta mineros alemanes para que descubrieran y explotaran las minas de oro y plata. Mejoró el número de habitantes de la pequeña población, núcleo de la presencia española en la región.
La Armada Welser en Venezuel
Los beneficios fiscales que les hacía muy atractiva la posesión de Venezuela. Estaban exentos a perpetuidad del pago del almojarifazgo ellos y los nuevos pobladores, a los que se les daban beneficios en el impuesto sobre el oro en los primeros años. Pasado ese periodo, volvía la obligación de tributar.
Les eran otorgados terrenos para las casas y solares. Y tomar como esclavos a «los indios que fueren rebeldes, siendo amonestados y requeridos, ... e desta manera e guardando la dicha orden los indios que tuvieren los caciques y otras personas de la tierra por esclavos, pagándoselos a su voluntad a vista de la justicia e veedores e de los religiosos que con vos irán, los podáis tomar y comprar, siendo verdaderamente esclavos, pagándonos el quinto de los dichos esclavos». La venta de esclavos, contra la norma general, les supuso a los Welser un buen beneficio y una mala fama.
Alfinger, desde Coro, dirigió expediciones en busca de un camino al Pacífico. Exploró el lago Maracaibo, donde fundó una población que le sirvió de base, y estuvo explorando la sierra. Se perdió su pista en la selva, de tal manera que lo dieron por muerto y los Welser nombraron a un nuevo gobernador, Nicolás de Federmann, que fue rechazado en Coro porque estaba fuera de su jurisdicción y no se le reconoció el nombramiento.
Hay que tener en cuenta que los alemanes solo tenían el usufructo y que la plena propiedad se limitaba a un área de 3.300 kilómetros cuadrados. La historia de las primeras exploraciones es dramática, incluso cruel. Se llegó al extremo del canibalismo producido por el hambre. Alfinger murió en alguna escaramuza y fue sustituido definitivamente por Nicolás Federmann como gobernador, que continuó los viajes hacia el oeste, el afán de encontrar El Dorado, la búsqueda de la riqueza que compensara tanto sacrificio. Perdidos entre selvas y montes, llegaron a la altiplanicie donde hoy se asienta Bogotá.
Eran tierras nuevas descubiertas, todavía sin gobernador. Pero Jiménez de Quesada había llegado antes y, poco después, apareció Sebastián de Belalcázar, enviado por Andagoya desde Quito. Los tres capitanes decidieron volver a España para que se dirimiera el pleito de a quién correspondía el hallazgo. Fue Quesada el favorecido.
Los Welser mantuvieron su gobierno, mediante gobernadores interpuestos, hasta que los abusos cometidos por sus empleados, especialmente el caso de Juan de Carvajal, las disputas por rivalidad y la poca rentabilidad de algunas expediciones hicieron que en 1556 se quitara el mando a la casa alemana. El gobierno de los Welser, en palabras de Carlos Panhorst en su libro Los alemanes en Venezuela durante el siglo XVI (Madrid, 1927), fue beneficioso porque «los gobernadores, con sus continuas expediciones al interior, dejaron abierto el camino hacia las ricas provincias del país de los Omaguas, y fundando pueblos a cada paso».