Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión antes de la Batalla de Zama
Cuando Aníbal eligió a los mejores generales y terminó poniéndose por delante de Alejandro Magno
El encuentro entre Aníbal y Escipión en Éfeso, recogido por los historiadores clásicos, ha pasado a la historia como uno de los diálogos más fascinantes de la Antigüedad, donde dos enemigos irreconciliables midieron su grandeza militar y su legado
Tito Livio, Apiano Alejandrino y Plutarco escribieron sobre un encuentro entre dos de los genios militares de la Antigüedad. Salvo pequeños detalles, estos tres autores clásicos relatan el diálogo que mantuvieron Aníbal Barca y Publio Cornelio Escipión siete años después del final de la Segunda Guerra Púnica, donde el primero fue derrotado por el segundo.
Las consecuencias de la batalla de Zama fueron desastrosas para el cartaginés: perdió a veinte mil hombres, sus elefantes de combate fueron neutralizados, su caballería no pudo contener el empuje de la caballería enemiga apoyada por los númidas de Masinisa e incluso sus tres líneas de infantería, pese a su superioridad numérica, fueron cayendo una tras otra.
La batalla de Zama. Ilustración de Cornelis Cort
Tras la derrota, Aníbal regresó a Cartago y, abandonando el ejército, se dedicó a la política, militando en el partido que apoyaban los Barca. Desde esta posición impulsó reformas económicas y administrativas destinadas a sanear las finanzas públicas y limitar los abusos de las élites, con el objetivo de hacer frente a las duras condiciones de paz impuestas por Roma y reforzar la autonomía de la ciudad.
Pero estas medidas provocaron la oposición de la oligarquía cartaginesa, que terminó por acusarle y solicitar la intervención de Roma. Ante la presión romana y las sospechas sobre sus contactos con el rey seléucida Antíoco III, Aníbal, acusado de corrupción y traición, se vio obligado a exiliarse en 195 a. C.
Fue en este contexto, ya fuera de su ciudad y años después del final de la guerra, cuando, según relatan las fuentes clásicas, tuvo lugar su encuentro con Publio Cornelio Escipión.
«Claudio, siguiendo los libros escritos en griego de Acilio, dice que Publio Africano fue uno de los delegados y que mantuvo conversaciones con Aníbal en Éfeso», recoge Tito Livio en Ab urbe condita (Liber XXXV, 14). Por su parte, el historiador Apiano añade en su obra magna Historia romana que dicho encuentro tuvo lugar en un gymnasium.
«En cierta ocasión estaban charlando Escipión y Aníbal en un 'gymnasium' sobre el oficio de general en presencia de muchos, y, al preguntar Escipión quién le parecía que era el mejor general de la historia, Aníbal le dijo: Alejandro de Macedonia», escribe Apiano.
Tito Livio añade que el militar cartaginés argumentó que Alejandro Magno «con un puñado de hombres derrotó a innumerables ejércitos y recorrió las partes más distantes del mundo, que ningún hombre esperaba visitar».
Escipión, conforme con su respuesta, «al considerar también el mejor a Alejandro», según indica Apiano, preguntó quién sería el segundo, después del macedonio. «Aníbal respondió, ya que consideraba que la virtud de un general residía en su valor: Pirro de Epiro, pues no es posible encontrar a nadie más sumamente valeroso que estos dos reyes», recoge el autor de Historia romana.
En su versión, Tito Livio comenta que Aníbal escoge a Pirro «porque fue el primero en enseñar cómo disponer un campamento y, además, porque nadie mostró tanta inteligencia en la elección de posiciones y en la disposición de las tropas. Poseía también el arte de atraerse a la gente, al punto que logró que los pueblos de Italia prefirieran el dominio de un rey extranjero al del pueblo romano, que durante tanto tiempo había estado a la cabeza de aquel país».
El asedio de Esparta por Pirro, de Jean-Baptiste Topino-Lebrun
El general romano al que apodaron el Africano preguntó una tercera vez y Aníbal, sin dudarlo demasiado, respondió que él mismo. El autor de Historia romana añade la razón: «A mí mismo, pues siendo todavía un jovenzuelo conquisté Iberia y fui el primero, después de Hércules, en cruzar los Alpes con un ejército. Y tras invadir Italia, sin que ninguno de vosotros tuviese valor para impedírmelo, arrasé cuatrocientas ciudades y, en numerosas, os coloqué la lucha a las puertas de la misma capital, sin recibir ayuda económica ni militar de Cartago».
Su contestación no dejó indiferente a Escipión, que, riendo abiertamente, le preguntó: «¿Dónde te pondrías a ti mismo, Aníbal, si no hubieras sido derrotado por mí?». A lo que el cartaginés respondió: «Entonces me pondría a mí mismo por delante de Alejandro».
Aníbal y sus hombres atravesando los Alpes
Aunque la historicidad exacta del diálogo es discutida, este episodio ha perdurado como uno de los encuentros más llamativos de la Antigüedad. En él, Aníbal aparece como un adversario formidable y un estratega consciente de su propia grandeza, capaz de medirse con los nombres más ilustres de la historia.
Escipión, por su parte, no solo representa la victoria de Roma, sino también el reconocimiento implícito de que había derrotado a uno de los mayores genios militares de todos los tiempos.
Más allá de si aquellas palabras fueron realmente pronunciadas en un gymnasium de Éfeso, el diálogo resume, con una claridad casi literaria, el respeto mutuo entre dos figuras que, en bandos opuestos, definieron el destino del Mediterráneo.