Fundado en 1910
El aeródromo de Cuatro Vientos en 1908, durante una visita del rey Alfonso XIII

El aeródromo de Cuatro Vientos en 1908, durante una visita del rey Alfonso XIII

Así nació la aviación militar española: de los primeros aeroplanos al bombardeo pionero de 1913

El 2 de abril de 1910 marcó un hito para la historia militar española. Aquel día se promulgaba una Real Orden que, por vez primera, regulaba «los servicios de aerostación, aeronáutica y aviación»

La aviación militar española nació en un contexto de rápida transformación tecnológica. A finales del siglo XIX, el Ejército había impulsado el Servicio de Aerostación –dependiente de la 4.ª compañía del Batallón de Telégrafos del Arma de Ingenieros–, convencido del valor de los globos para la observación y las comunicaciones. Pero los avances de comienzos del siglo XX alterarían el escenario. Hacia 1909, la eficacia de los aeroplanos era incuestionable y su uso se extendía por toda Europa. España no se quedó a la zaga.

Las pruebas del dirigible España en 1910 –marcadas por incidentes y un accidentado ensayo en Carabanchel– aceleraron la decisión de apostar definitivamente por el aeroplano.

En ese contexto, el capitán Alfredo Kindelán fue enviado a París en octubre de 1910 para seleccionar los primeros modelos. Su misión culminó con la adquisición de tres aparatos, los primeros que integrarían la incipiente aviación militar española.

Poco después, se constituyó la primera unidad operativa, que fue desplegada de inmediato en el Protectorado español de Marruecos.

Cuatro Vientos, el emblemático aeródromo

Además, y en cumplimiento de lo establecido en la Real Orden, el Ejército inició los preparativos para dotarse de instalaciones propias. Ese proceso desembocó en la creación del primer aeródromo de España, al que se dio el nombre de Cuatro Vientos. Una comisión militar propuso la adquisición de los terrenos en enero de 1911 y, poco después, llegaron los primeros hangares Bessonneau y los primeros aviones Henri y Maurice Farman, procedentes de Francia, que fueron encuadrados en la Unidad de Experimentación de Aeroplanos. Con estas aeronaves comenzaron las prácticas de vuelo de los primeros aviadores militares españoles.

En Cuatro Vientos se levantaría en 1914 la primera torre de control de España y, posteriormente, el Laboratorio Aerodinámico. Sus primeras instalaciones comenzaron a edificarse en 1918 y su túnel de viento entró en servicio en 1926, convirtiéndose en uno de los más avanzados de su época.

Primer bombardeo aéreo

Los primeros alumnos de la recién creada escuela de aviación de Cuatro Vientos fueron los capitanes Alfredo Kindelán, Emilio Herrera y Enrique Arrillaga, junto con los tenientes Eduardo Barrón y José Ortiz de Echagüe. En 1913 se constituyó el Servicio de Aeronáutica Militar, organizado en dos ramas –Aerostación y Aviación–, y con él nació la 1.ª Escuadrilla Expedicionaria. Esta unidad, al mando del propio Kindelán, fue enviada con carácter urgente al protectorado español en Marruecos. Dotada con una docena de aeroplanos, llegó a Tetuán, capital del protectorado, en octubre.

Los capitanes Barrón y Cifuentes preparados para iniciar el vuelo (1913)

Los capitanes Barrón y Cifuentes preparados para iniciar el vuelo (1913)Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire

El 17 de diciembre, un biplano Lohner pilotado por el capitán Eduardo Barrón, con el capitán Cifuentes como observador, realizó lo que se considera el primer bombardeo específicamente aéreo de la historia militar. Para aquella misión pionera, los aviadores emplearon bombas diseñadas expresamente para su lanzamiento desde aeroplanos y un sencillo visor de origen austríaco.

Durante la Primera Guerra Mundial, el número de escuadrillas españolas en el Protectorado aumentó a tres, desplegadas en Tetuán y en los nuevos aeródromos de Melilla y Larache. No obstante, su actividad operativa se mantuvo dentro de límites muy estrictos para evitar cualquier incidente que comprometiera la neutralidad española. A la conclusión del conflicto, las operaciones aéreas se ampliaron progresivamente hacia la zona oriental del protectorado.

El desembarco de Alhucemas

La aviación militar española tuvo un papel clave durante el desembarco de Alhucemas. Para asegurar el éxito de la compleja operación conjunta y teniendo en cuenta el grave fracaso de los aliados en Galípoli durante la Primera Guerra Mundial, se consideró fundamental contar con un sólido apoyo aéreo. Así, se concentraron un total de 162 aviones, de los cuales 136 estaban encuadrados en la Aeronáutica Militar, 18 eran hidroaviones de la Aeronáutica Naval, seis eran bombarderos de la Aeronáutica Militar francesa y dos eran hidroaviones ambulancia aportados por la Cruz Roja española.

Durante los 24 días de operaciones, la intervención de la aviación militar española fue crucial para el éxito del desembarco y la posterior ocupación del cuartel general de Abd el-Krim, a pesar de que durante varias jornadas las condiciones meteorológicas adversas dificultaron o impidieron el vuelo. Los aviadores españoles realizaron 1.462 horas de vuelo y lanzaron 136 toneladas de explosivos. La duración media de cada vuelo fue de dos horas. Únicamente seis aviadores resultaron heridos, se perdieron ocho aviones y otros siete sufrieron daños de diversa índole.

La aviación militar española fue un elemento esencial y decisivo en la campaña de Marruecos, sin el cual la completa pacificación del Protectorado –en 1927– habría sido imposible.

De ayer a hoy

Este año se dan cita dos aniversarios especialmente significativos. Por una parte, se celebran los 60 años de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (Famet) y, por otra, se cumple una década desde la creación de la especialidad fundamental de Aviación del Ejército de Tierra. Dos fechas que invitan a mirar atrás y comprobar cómo esta joven tradición ha sabido evolucionar sin perder su esencia. Porque, a lo largo de su historia, la Aviación del Ejército ha sido –y sigue siendo– sinónimo de iniciativa, espíritu pionero y un compromiso constante con la defensa de todos.

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