Temístocles pidiendo asilo al Rey Admeto de Épiro
Picotazos de historia
Ostracismo en la antigua Atenas: cómo los ciudadanos votaban el destierro con trozos de cerámica
Clístenes ideó esta ley como una isonomía (igualdad ante la ley), por la cual la mayoría podía apartar a aquel que creyeran que podía representar un peligro para la democracia, al abrigar deseos de acaparar el poder o de convertirse en un tirano
Una óstraka u ostracón es el nombre griego que se da a un trozo de cerámica: una pieza desprendida de una vasija, jarro o plato. Un trozo suelto de cerámica. En un contexto histórico, ese ostracón tendrá un significado más concreto, especialmente si está relacionado con Grecia y, en particular, con la antigua Atenas.
Y es que durante la época clásica, y durante un periodo de tiempo concreto, en esta polis griega se dio un procedimiento democrático por el cual, una vez al año, se podía aprobar el destierro de un ciudadano por un periodo de diez años.
Este procedimiento, denominado ostracismo por utilizar los trozos de cerámica —ostraka/on, singular y plural respectivamente— como papeletas de voto para escribir sobre ellas el nombre de la persona a desterrar, duró un siglo, dándose solo en la ciudad de Atenas y en sus colonias.
La historia (y Heródoto) nos cuenta que el legislador ateniense Clístenes (570–508 a. C.) introdujo esta práctica en el año 510 a. C., pero que no fue puesta en práctica hasta veintitrés años después (487 a. C.).
Busto de Clístenes
Una vez al año, entre los meses de enero y febrero, la Asamblea, formada por todos los ciudadanos con derecho a voto, decidía si se requería expulsar a alguien de la polis. Clístenes ideó esta ley como una isonomía (igualdad ante la ley), por la cual la mayoría podía apartar a aquel que creyeran que podía representar un peligro para la democracia, al abrigar deseos de acaparar el poder o de convertirse en un tirano.
Los ciudadanos, una vez aprobada la votación para llevar a cabo el ostracismo, escribían el nombre de la persona a la que querían desterrar sobre una ostraka y la entregaban a unos funcionarios designados para llevar a cabo el recuento. Tras la votación, aquella persona que había recibido más votos y, siempre y cuando estos superasen un número mínimo para su validación (Plutarco menciona que se necesitaban al menos 6.000 votos válidos), era condenada al destierro.
Ejemplo de un ostracon griego, que sugiere la ostracización de Temístocles, procedente del Museo de la Stoà de Atalo (482 a. C.)
El condenado no perdía ni sus propiedades ni sus rentas, pero tenía diez días para abandonar el territorio de la polis bajo pena de muerte en caso de incumplir lo dictado. Dentro del derecho ateniense, el ostracismo era un caso especial, ya que el procedimiento se iniciaba automáticamente tras la aprobación por la Asamblea. No se requería de un acusador que iniciara proceso alguno, el condenado no se enfrentaba a acusación alguna y tampoco tenía derecho a la defensa.
Con este sistema, el pueblo ateniense sencillamente llevaba a cabo un sacrificio catártico para relajar la tensión política: el equivalente al chivo expiatorio que, en algunos pueblos de nuestra patria, se arrojaba desde lo alto del campanario. Sin embargo, rápidamente, esta institución se transformó en herramienta y arma política.
Plutarco nos cuenta en su Arístides (Vidas paralelas) el caso del estadista y general con ese nombre. Aclamado por Heródoto y Platón como la persona más recta y honorable de su tiempo, sus enemigos hicieron campaña contra él hasta conseguir que fuera expulsado de la ciudad.
Plutarco nos relata la anécdota, posiblemente propagandística, de cómo un campesino se acercó a Arístides solicitando que escribiera un nombre en su ostraca, ya que no sabía escribir. Accede Arístides y pregunta cuál es el nombre que quiere que se escriba, a lo que le contesta el campesino que el de Arístides. —¿Qué mal te ha hecho este hombre para que desees su destierro? —preguntó Arístides. Ninguno —respondió el campesino—, pero estoy harto de oír cómo todos le llaman el Justo.
Arístides fue condenado al destierro en el año 482 a. C. Veterano de la batalla de Maratón, en la que había combatido junto a Temístocles con el grado de estrategos (general), solicitó a la Asamblea de Atenas que se le permitiera regresar para combatir, junto a sus conciudadanos, a las tropas persas de Jerjes. En su súplica pedía formar en la falange como un simple hoplita, sin rango. Se lo negaron.
Arístides volvería tras cumplir su condena y entonces el que fue desterrado fue su rival político y, posiblemente, el responsable de que fuera condenado: me refiero a Temístocles, el héroe de la batalla de Maratón.
Ostracon con la inscripción: «Temístocles, hijo de Neocles»
Durante unas excavaciones realizadas en el barrio ateniense de Kerameikos (ceramicus en latín), al noroeste de la Acrópolis, se han encontrado decenas de miles de ostracones con los nombres de ciudadanos de Atenas. Este área era el lugar donde se llevaban los votos para contabilizarlos y designar el nombre de la persona que sería expulsada.
En el año 1937 se realizaron otras excavaciones arqueológicas, esta vez en la ladera norte de la Acrópolis. Allí se encontró un depósito que contenía 190 ostracones con el nombre de Temístocles. El depósito tenía todas las trazas de mostrar un intento de manipular la votación que se celebró para decidir sobre el ostracismo del vencedor de la batalla de Maratón. Posiblemente sea la prueba del primer fraude electoral conocido.
¿Quién pudo haber llevado a cabo esta acción, este «pucherazo»? Probablemente Arístides «el Justo». Pues tengan en cuenta que, tras un injusto destierro de diez años, se puede ser todo lo justo que ustedes quieran, pero también somos humanos. Y no cabe duda de que Arístides lo fue.