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Submarinos en la base naval de Kiel (1914)

Submarinos en la base naval de Kiel (1914)

Picotazos de historia

Lothar von Arnauld, el comandante de submarinos más letal de la historia con 194 barcos hundidos

Este registro lo alcanzó durante la Primera Guerra Mundial, donde el submarino se demostró como una mortal novedad

Tras ser ascendido a teniente (1 de febrero de 1754), el joven Jean Gabriel Arnauld, señor de la Perière, tuvo que abandonar precipitadamente el ejército del rey de Francia y su propio país. El motivo de tan drástica decisión fue un duelo que no acabó bien para él, principalmente debido a que acabó mucho peor para su contrincante.

Prófugo de la justicia francesa, buscó suerte en el ejército prusiano, donde alcanzaría el grado de Generalmajor (equivalente a nuestro moderno general de división) de la infantería ligera. Jean Gabriel se casó tres veces y dejó dieciocho hijos que alcanzaron la mayoría de edad.

Un descendiente del prolífico exiliado fue su bisnieto Lothar von Arnauld de la Perière (1886-1941). Este oficial de apellido tan francés es una leyenda dentro del mundo de la guerra naval submarina, pues se trata del oficial de submarinos más exitoso de todos los tiempos.

Lothar tiene en su haber la imbatida cifra de 194 barcos hundidos, con un registro bruto total de 453.716 toneladas. Este registro lo alcanzó durante la Primera Guerra Mundial, donde el submarino se demostró como una mortal novedad; pero es que el que ocupa el segundo lugar en el ranking es el comandante Otto Kretschmer, as de los submarinos durante la Segunda Guerra Mundial, con 46 buques hundidos y un total de 273.043 toneladas de registro bruto.

Lothar von Arnauld

Lothar von Arnauld

Pero continuemos con el joven Lothar. Tras sus estudios se unió a la Armada Imperial alemana en 1903, sirviendo en los acorazados Príncipe Frederick Wilhelm, Schlesien y Schleswig-Holstein. Ascendido a alférez de navío, pasó a servir en una escuadrilla de lanchas torpederas. Después, como oficial de torpedos del crucero ligero Emdem, que tendría una espectacular actuación durante el gran conflicto bélico que se avecinaba.

Cumplió a satisfacción de sus comandantes y fue trasladado al Alto Estado Mayor de la Armada Imperial como ayudante del jefe del Estado Mayor, el almirante Hugo von Pohl.

Iniciada la Gran Guerra, se ofreció voluntario para el servicio aéreo naval. Ascendido a teniente de navío el 16 de diciembre de 1914, se le transfirió, por petición propia, a la unidad de submarinos.

Lothar consiguió aprobar los cursos de capacitación de comandante de submarinos y destacó en las prácticas obligatorias. Ya con el distintivo de los U-Boot, se le entregó el mando del U-35, con base en el puerto austrohúngaro de Pola (actual Pula, en Croacia). Patrullaría el mar Mediterráneo. Von Arnauld de la Perière estaría al mando del U-35 desde el 13 de noviembre de 1915 hasta el 16 de marzo de 1918, realizando con este buque prácticamente todos sus hundimientos.

El SM U-35 en el Mediterráneo (1915)

El SM U-35 en el Mediterráneo (1915)

El U-35 era una nave de doble casco, construida en 1912, de unos 64,70 metros de eslora por 6,32 de manga. El submarino desplazaba 685 toneladas en superficie y 878 sumergido; contaba con una tripulación formada por 35 personas entre oficiales, especialistas y marineros. El submarino tenía una autonomía de unos 13.000 kilómetros, alcanzando los diez nudos sumergido y más de dieciséis en superficie.

Su armamento consistía en cuatro tubos lanzatorpedos, dos en popa y dos a proa, para proyectiles de 50 centímetros de calibre. Sobre la cubierta tenía un cañón de tiro rápido de calibre 88 milímetros, que sería sustituido por otro de 105 milímetros. Y es que la inmensa mayoría de los hundimientos realizados por el U-35 se llevaron a cabo con el cañón.

Arnauld realizó 15 patrullas al mando del U-35, totalizando, mientras estuvo al mando de esta nave, 189 hundimientos con un total de 446.706 toneladas de registro bruto. El U-35 solo cargaba seis torpedos por patrulla, a menos que fuera provisto en el mar, cosa que algunas veces sucedió. Los torpedos estaban en los tubos y tenían dos de reserva en la proa del submarino. No había espacio para más. Los torpedos eran escasos y caros.

Arnauld de la Perière (segundo por la izquierda) con sus oficiales a bordo del U 35

Arnauld de la Perière (segundo por la izquierda) con sus oficiales a bordo del U 35

La patrulla que realizó, al mando del U-35, entre el 26 de julio y el 20 de agosto de 1916, está considerada como la más exitosa de la historia. Durante esta patrulla Lothar hundió 54 buques (32 italianos, 11 británicos, 2 franceses, 1 japonés y 8 neutrales con carga para puertos de países beligerantes), con 90.350 toneladas de registro.

Preguntado sobre esta patrulla en particular, de la que regresaron sin torpedos y con solo cinco proyectiles para el cañón, respondió: «Fue bastante tranquila y aburrida. Detuvimos los barcos. Las tripulaciones subían a las lanchas salvavidas. Inspeccionábamos la documentación y la carga. Indicábamos a las tripulaciones el rumbo y distancia del puerto más próximo y hundíamos el barco».

El 18 de mayo de 1918 se le entregó el mando del U-139, uno de los mayores submarinos construidos, con 90 metros de eslora y unas 2.500 toneladas de desplazamiento sumergido. Solo realizó una patrulla con esta nueva nave, pero hundió cuatro buques más, con un registro de 6.788 toneladas.

Tras la guerra, Lothar permaneció en la Armada, ascendiendo hasta el grado de capitán de navío y retirándose en 1931. Reactivado tras el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se le puso al mando de la Armada alemana en el área de Bélgica y los Países Bajos. Ascendido a contralmirante de la reserva, se le confió la zona estratégica de Bretaña y, más tarde, la de la Francia occidental.

En 1941 fue ascendido a vicealmirante y se le entregó el mando del área sureste de Europa, con base en Sofía (Bulgaria); entonces a este puesto se le denominaba como Almirante Z. Durante el vuelo para tomar el mando de su nuevo destino, el avión sufrió un accidente. No hubo supervivientes.

Lothar von Arnauld de la Perière fue un oficial de marina que aplicó escrupulosamente la legislación de guerra de su tiempo, tratando siempre de minimizar las víctimas y procurando que los náufragos tuvieran los medios y provisiones necesarios para llegar al puerto más próximo.

Todos los testimonios que tenemos de personas que le trataron, y muy especialmente los de aquellas que sirvieron bajo su mando, insisten en destacar su amabilidad, su discreción y la modestia que siempre tuvo en relación con sus logros, así como la tremenda sangre fría que mostraba en las patrullas que no eran tan tranquilas ni tan aburridas como él contaba.

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