Alessandro Malaspina
Alessandro Malaspina, el marino que lideró la mayor expedición científica española y acabó en prisión
De la gloria del Imperio al injusto cautiverio, la vida del italiano que lideró la mayor gesta científica de la Armada española en el Siglo de las Luces
La historia de España del siglo XVIII no se entiende sin sus marinos, hombres de ciencia y combate que cartografiaron el mundo y defendieron el Imperio por encima de su propio interés. Aunque poco conocido, uno de ellos fue Alessandro Malaspina, militar y científico que lideró la mayor expedición científica del siglo, fue encarcelado y acabó exiliado en su tierra natal.
El mérito que no le fue reconocido en vida bien merece contarse porque su historia es la muestra de que España todavía era una potencia marítima en el Siglo de las Luces.
Nacido en 1754 en la localidad de Mulazzo, en la región de la Toscana, en el seno de una familia noble de la que todavía hoy se conserva el castillo, Malaspina dejó la comodidad de su hogar a los veinte años. En 1773, viajó a la isla de Malta para ingresar como caballero en la prestigiosa Orden de Malta. Después se trasladó a España para ingresar en la Academia de Guardiamarinas, donde se formó como oficial de la Armada española.
Participó en el socorro de Melilla de 1775 y en la batalla del cabo de Santa María en 1780, al mismo tiempo que completaba su formación científica. Siguiendo el legado de Jorge Juan, Malaspina mostró grandes cualidades en asignaturas técnicas, al igual que como marino destacó por mandar la fragata Astrea en una navegación hacia Filipinas.
De la expedición Malaspina a la cárcel
La mayor misión de su vida no empezó hasta 1788, cuando Malaspina y José Bustamante presentaron a Carlos IV un proyecto inmenso de exploración científica y diplomática. El 30 de julio de 1789 partieron de Cádiz las corbetas Descubierta y Atrevida, con 204 hombres a bordo: marinos, carpinteros, médicos, pero también hidrógrafos, botánicos, pintores y astrónomos.
Durante cinco años, Malaspina y ambas dotaciones recalaron en 35 puertos, pasando desde el Cabo de Hornos y Montevideo hasta las remotas costas de Alaska, que España se disputaba con Gran Bretaña y Rusia. Hoy, un glaciar de unos 4.000 kilómetros cuadrados lleva el nombre de Malaspina.
Litografía de la corbeta 'Atrevida' durante su exploración de Alaska el 28 de enero 1794
El objetivo fue científico y diplomático: catalogaron más de 500 especies animales y 14.000 plantas, además de actualizar la cartografía de los territorios bajo soberanía española. Detrás de esa faceta científica existía una misión secreta. El marino portaba instrucciones reservadas para evaluar la seguridad de los puertos de la Hispanidad y reconocer los asentamientos ingleses y portugueses que encontraran en su ruta.
En esencia, fue un esfuerzo enorme por preservar la integridad de los dominios de Ultramar. Tras su regreso a España, Malaspina fue ascendido a brigadier y recibido como un héroe. Sin embargo, aquel reconocimiento no duraría mucho. El marino se ganó, por defender sus ideas, la enemistad de Manuel Godoy, valido de Carlos IV.
En noviembre de 1795, Malaspina fue detenido en su casa de Madrid y acusado falsamente de conspirar contra Godoy. Sin pruebas fehacientes, el marino terminó condenado a diez años y un día de prisión, que cumplió en el castillo de San Antón, en La Coruña.
Siete años después le conmutaron la pena a cambio del exilio. Recibió ofertas de Napoleón para que sirviera a Francia, pero Malaspina las rechazó todas. Regresó a Italia, donde se dedicó a la política hasta su fallecimiento el 9 de abril de 1810. Su vida, aunque bastante desconocida, supone un ejemplo de lo que era la Armada científica del siglo XVIII y desmiente la visión de una España decadente.