Fundado en 1910

Acto inaugural de las jornadas de Hispanoamérica, un futuro compartido con Gonzalo Quintero y Jane LandersFundación Rafael del Pino

Hispanoamérica, un futuro compartido

«En el Imperio británico, hacían esclavos a los indígenas; en España estaba absolutamente prohibido»

La historia del nacimiento de los Estados Unidos y la participación clave de España en este proceso es «una historia que se debe conocer mejor», afirmó la historiadora estadounidense Jane Landers

Un año más, López-Li Films, la Fundación Unidos por la Historia y la Fundación Rafael del Pino han reunido a historiadores y expertos para tratar en profundidad algunos de los temas que se tratan en We the Hispanos, el nuevo documental del cineasta José Luis López-Linares sobre la importancia del legado español en la fundación de Estados Unidos.

Según advirtió el propio López-Linares en la tarde del lunes, esta película, al igual que sus dos anteriores, pretende «recordar nuestro pasado, recordar nuestra historia y recordar lo que fuimos», pues considera que para «despertar, primero hay que recordar».

Los primeros encargados de guiarnos por este despertar han sido el diplomático y doctor en Historia Gonzalo Quintero y la historiadora especializada en la herencia afro-hispana de EE. UU. Jane Landers.

Una guerra con dimensión global

La primera intervención, titulada España en la guerra de independencia de los Estados Unidos, situó el foco en la dimensión geopolítica del conflicto. Quintero empezó su intervención retrocediendo hasta la Guerra de los Siete Años, cuyo desenlace alteró profundamente el equilibrio de poder en América del Norte.

Lejos de una participación tardía, España comenzó a implicarse en el conflicto mucho antes de su entrada oficial en 1779 con el envío de material efectivo y suministros.

Gonzalo Quintero durante su intervención en las Jornadas Hispanoamérica, un futuro comúnFundación Rafael del Pino

El apoyo fue constante, aunque en gran medida encubierto: «España no se conforma con ese tipo de ayuda… lo que hace también es utilizar canales privados… empresarios españoles ya están involucrados en el tráfico de armas para hacerlas llegar a los revolucionarios norteamericanos».

Este respaldo incluyó la apertura de sus puertos como Bilbao y La Habana al comercio y a los corsarios norteamericanos. Un dato curioso que reveló el diplomático fue que la ayuda española llegó hasta los detalles más pequeños: «Las telas con las que se hacen los primeros uniformes del ejército continental norteamericano son telas españolas… Los tres colores que llevan, el azul, el blanco y el rojo eran las telas que, en teoría, sobraban al ejército español».

Por otro lado, indicó que la guerra no se limitó al territorio americano, sino que adquirió una dimensión global: «Es una guerra global que tiene una serie de escenarios… el europeo, el americano y el asiático». Esta dispersión obligó a Gran Bretaña a dividir sus fuerzas, debilitando su capacidad ofensiva.

En el plano militar, la figura de Bernardo de Gálvez resultó decisiva. Desde Luisiana lideró campañas rápidas y efectivas contra los británicos: «Como lo hace tan rápido no da tiempo a los británicos a reaccionar», lo que permitió asegurar posiciones estratégicas en el Golfo de México, culminando con la toma de Pensacola.

Sin embargo, los intereses españoles eran propios y concretos: «Lo que busca España en este momento es una serie de objetivos: Gibraltar, Menorca y la Florida». El balance fue notable, aunque incompleto: «De todo eso… se consigue todo menos uno. Se logra todo menos Gibraltar».

El conflicto dejó profundas consecuencias para los actores: «Francia entró en bancarrota y marcó el principio del fin del Antiguo Régimen, y para España supuso el cénit de su poder imperial», concluyó Quintero.

Refugio para los esclavos que huían de las colonias británicas

Landers, por su parte, desplazó el análisis hacia la realidad social del imperio, centrada en la esclavitud. Desde el inicio, se estableció una diferencia fundamental con el modelo británico: «Desde el principio, la prohibición de la esclavitud indígena en el Imperio español es absoluta», advirtió la historiadora. «En el Imperio británico y en el francés, hacen esclavos a los indígenas. En España está absolutamente prohibido», aseveró.

Asimismo, explicó que «la esclavitud española se basaba en el código romano o las Siete Partidas, el código legal que gobernaba todas las provincias americanas de España, y eso consideraba a la esclavitud como una condición legal y mutable, no racial».

Ese marco jurídico tenía consecuencias prácticas. Según detalló Landers, los esclavizados «tenían derecho a las protecciones legales contra dueños abusivos, a la incorporación de la Iglesia católica y la libertad mediante manumisión por parte del Estado o del dueño». Además, al poder disponer de un peculio, «también podían comprar su libertad».

Para ello, explicó, muchos trabajaban por su cuenta los domingos y festivos o se empleaban a jornal, de modo que «con esfuerzos los esclavos podían acumular ingresos suficientes para comprar su libertad o la de sus familias».

La historiadora subrayó también el papel de la Iglesia en ese proceso de integración social. «Los esclavizados aprendieron rápidamente que la incorporación a la Iglesia les ofrecía beneficios prácticos y posiblemente espirituales también», afirmó. En ese contexto, las cofradías religiosas negras desempeñaron una función decisiva, al establecer capillas y hospitales y asistir a sus miembros «en tiempos de necesidad».

Jane Landers durante las jornadas Hispanoamérica, un futuro comúnFundación Rafael del Pino

Landers llevó después esa realidad a la frontera sur de Norteamérica, donde africanos libres y esclavizados participaron activamente en la expansión y defensa de la Monarquía hispánica. «Los africanos libres y esclavizados también ayudaron a España a explorar y establecer sus reclamos sobre las fronteras del sur de Norteamérica durante varios cientos de años antes de la creación de los Estados Unidos», señaló. Sin embargo, lamentó que gran parte de esa historia siga siendo poco conocida «debido a las barreras lingüísticas».

Uno de los episodios más significativos fue el de los esclavos huidos de las colonias inglesas que buscaron refugio en Florida. Landers recordó que en 1687 «ocho hombres negros, dos mujeres y un niño lactante llegaron a San Agustín en una canoa robada y solicitaron el bautismo en la verdadera fe». A partir de ahí, la Corona fue perfilando una política de acogida que cristalizó en 1693, cuando Carlos III emitió una proclamación «dando libertad a todos, tanto a los hombres como a las mujeres, para que con su ejemplo y con mi liberalidad, otros hagan lo mismo».

Esa línea se consolidó décadas después. En 1738, explicó la historiadora, el gobernador de Florida concedió «la libertad incondicional a todos los fugitivos de Carolina», una decisión que más tarde fue respaldada por la Corona, que ordenó que quienes llegaran en el futuro «recibieran prontamente su libertad en nombre del rey».

De esa política nacería Gracia Real de Santa Teresa de Mose, el asentamiento de negros libres que se convirtió en símbolo de esa experiencia fronteriza. Sus pobladores, recordó Landers, prometieron «ser los enemigos más crueles de los ingleses y derramar su última gota de sangre en defensa de la gran corona de España y de la santa fe».

La investigadora cerró su intervención reivindicando la necesidad de sacar a la luz este legado, preservado en buena medida gracias a los archivos españoles y eclesiásticos. «Es una historia que se debe conocer mejor», concluyó, al tiempo que insistió en que «recuperar la historia es una manera de hacer reparación».