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Ormuz, según la obra 'Civitas Orbis Terrarum' de 1572

Cuando el estrecho de Ormuz fue español: la batalla de Felipe III por el control del golfo Pérsico

Ormuz fue un enclave estratégico de la Monarquía Hispánica frente al asedio de persas e ingleses por el control global

La geografía es clave para entender la historia. Lo estamos viendo en el conflicto de Ormuz, el estrecho que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. Aquel punto desconocido para muchos hace unos meses, ya era esencial para la economía mundial antes de que los periódicos europeos se llenasen de titulares sobre el tema.

Este chokepoint, es decir, punto de estrangulamiento, que está controlado en su mayoría por Irán, fue parte de la Monarquía Hispánica hace cinco siglos. En el siglo XVI, las potencias europeas ya se disputaban el dominio de la región frente al poder de la Persia de la dinastía safaví.

Portugal y España estaban en plena expansión ultramarina: los españoles hacia América y el Pacífico, mientras los lusos centraron sus esfuerzos en África y Asia. Lejos de Lisboa y Valladolid, el virrey de las Indias portuguesas, Alfonso de Albuquerque, quiso consolidar la ruta comercial que iba de la India a la Península y para ello diseñó un plan estratégico que consistía en controlar y afianzar la presencia en puntos como el estrecho de Malaca, Ormuz y el cabo de Buena Esperanza.

En 1515, el virrey conquistó Ormuz, colocó a un rey local vasallo y lo convirtió en un enclave comercial que proporcionó grandes ingresos en mercancías como las perlas y el cobro de tasas y aduanas. Un sistema que, debido al contrabando, se resintió a partir de 1543. Todo este periodo de aparente éxito económico cambió tras la Unión Ibérica de 1580 por la que Felipe II, amparado en su derecho sucesorio, incorporó el Reino de Portugal al resto de la Monarquía Hispánica.

Es en este contexto en el que surgieron las discrepancias entre el Consejo de Estado de la Corona española y el Consejo de Portugal, una entidad formada solo por lusos que creó el monarca en 1581 para integrarlo dentro del modelo hispano.

Entre persas, hispanos e ingleses

Más allá de las rencillas entre lusos y españoles, la Monarquía Hispánica consolidó un imperio global del que también formó parte el estrecho de Ormuz durante poco más de 40 años. Con la muerte del Rey Prudente, Felipe III heredó un legado tan inmenso a nivel territorial que su gestión se convirtió en un auténtico problema para el monarca. Su reinado es conocido por la «Pax Hispánica», un momento en el que no hubo grandes batallas, pero al igual que su abuelo y su padre, Felipe III tuvo que hacer frente a los otomanos.

En 1601, llegó a la corte de Valladolid una embajada que provenía desde la mismísima Persia. Hosein Alí Beg, alto cargo de la corte safávida, se reunió con el monarca español con la intención de forjar una alianza contra los turcos. Se creó una «Comisión de Persia» para tratar el asunto. La embajada permaneció un año en Valladolid y se marchó sin obtener una respuesta clara a su petición. España también envió representantes como García de Silva y Figueroa para intentar recuperar la relación con los persas, sin éxito.

El Sah Abbás el Grande perdió la paciencia y decidió aliarse con los ingleses para reforzar su fuerza militar y recuperar territorios que había perdido a manos de los otomanos. A cambio, los ingleses recibirían el monopolio de la seda persa, desplazando a portugueses y españoles durante décadas. Pero había un problema, la Monarquía Hispánica seguía dominando Ormuz, así que, saltándose los tratados de paz firmados con España, los ingleses emprendieron una ofensiva militar contra el asentamiento portugués del estrecho.

En 1621 una escuadra inglesa, apoyada por la infantería persa, atacó el fuerte de la isla de Qeshm, defendida por el portugués Rui Freire de Andrade. Aunque las tropas hispanas lucharon con valentía, en pocas semanas el bloqueo naval y el asedio de la artillería inglesa vencieron al contingente de Rui, que se retiró a Mascate, actual capital de Omán.

Bajo el reinado de Felipe IV, se firmó un tratado de paz en el que la Monarquía mantendría el 50 % de los ingresos por aduanas de Ormuz, pero en la práctica habían sido desplazados por los persas y por Inglaterra. Abbás I, tras dos décadas de lucha y expansión consolidó su dominio territorial en Persia y trasladó el centro del comercio de la región a la ciudad de Bandar Abbás, que hoy sigue manteniendo el nombre del sah y tiene uno de los puertos más importantes de la región.